'Caritas in Veritate'

Creyentes y no creyentes, practicantes y no practicantes, gobernantes y demás estamentos de la sociedad civil deben rescatarle a la doctrina social de la Iglesia su jerarquía.

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julio 20 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-20

El papa Benedicto XVI acaba de publicar una importante carta encíclica denominada Caritas in Veritate (Caridad en la verdad), que debería ser estudiada con profusión. Hace algunas décadas la doctrina social de la Iglesia -que se expresa principalmente a través de las cartas encíclicas de los pontífices- era materia prima privilegiada de análisis y debate en todos los círculos. Últimamente, esta formidable cantera de reflexión social que son las encíclicas pontificias ha venido perdiendo perfil.

No debería ser así. Creyentes y no creyentes, practicantes y no practicantes, gobernantes y demás estamentos de la sociedad civil deben rescatarle a la doctrina social de la Iglesia su jerarquía. Es un instrumento ideal para darle altura a la reflexión política y social del país. Para encarar con lucidez los grandes temas de la sociedad contemporánea. Y la nueva encíclica de Benedicto XVI proporciona una buena oportunidad de hacerlo.

Hace un poco más de 40 años (1967), el papa Pablo VI publicó su célebre encíclica Populorum Progressio. Acababa de concluir el Concilio Vaticano II. El debate sobre el desarrollo económico surgía como primer punto de preocupación de entonces. Gran parte de los países africanos habían adquirido su independencia. Y los organismos internacionales como la Untad ponían el dedo sobre la llaga de la pobreza y de la injusticia en las relaciones internacionales. Pero el fenómeno de la mundialización y de la apertura no era tan acentuado ni arrollador como ahora.

La nueva encíclica de Benedicto XVI quiere ser una reflexión actualizada de las temáticas que trató Palo VI en su Populorum Progressio., pero miradas a través del prisma de las nuevas realidades que plantean la globalización y la interdependencia planetaria en este despertar del siglo XXI.

La nueva encíclica es, ante todo, una profunda reflexión ética de lo que debe ser el desarrollo económico dentro del marco de la globalización. Para que uno y otra guarden su perfil humano. Para que sean antropocéntricos. Es decir, para que la dignidad del hombre ocupe siempre el primer lugar. Y para que no ceda la preeminencia a otras peligrosas tendencias. Como la codicia de unos pocos. La falta de responsabilidad social por parte de las empresas. O la complacencia de los gobiernos con los poderosos, ignorando a los más desvalidos.

La sola enumeración de algunos temas de que se ocupa esta encíclica brinda una idea del amplio horizonte de sus propósitos: el superdesarrollo opulento y consumista de algunas regiones frente a las carencias que siguen agobiando a los países en desarrollo; el correcto papel del mercado en la sociedad moderna: "el mercado no es ni debe convertirse en el ámbito donde el más fuerte avasalle al más débil"; la empresa privada, orientada al beneficio, debe convivir con las otras formas empresariales que persiguen fines mutualistas y sociales; "la globalización no es, a priori, ni buena ni mala.

Será lo que la gente haga de ella"; las migraciones; el empleo; el nuevo papel de los sindicatos; el principio de la subsidiaridad no debe confundirse con el asistencialismo; las organizaciones internacionales a veces se preocupan más en sus propias burocracias que de las comunidades marginales a las cuales deben servir; el sentido ético que debe presidir el necesario papel de los bancos en el mundo moderno. Entre otros muchos temas.

Ojalá que los gremios en sus asambleas anuales, el Gobierno en sus consejos comunitarios semanales, los medios, la academia y los partidos políticos, tengan presente que en esta encíclica hay una veta refrescante de pensamiento para enriquecer el diagnóstico de la sociedad colombiana. Y para darle sentido humanista y ético a la acción de cada quien.

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