Carlos Julio relata su versión de 'La ciudad jamás contada', desde los cambios del transporte en Bogotá

Carlos Julio relata su versión de 'La ciudad jamás contada', desde los cambios del transporte en Bogotá

POR:
septiembre 30 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-30

Nombre: Carlos Julio
Edad: 55 años
Correo electrónico: artxuecar@hotmail.com
A qué se dedica: Diseño fabricación joyas
Barrio: Veraguas. Bogotá.

Admirado por la modernidad del transmilenio empecé a sentir que el transporte urbano ha llevado durante mucho tiempo a personas que diariamente se trasladan con afán dentro de la ciudad. Los bisabuelos se apretujaron en tranvía, los abuelos en troley, los hijos en buses, busetas, colectivos y ejecutivos, los nietos ahora en transmilenio.

Cambian las modas, cambian los vehículos pero aún conservamos el mismo afán, aún nos cuidamos de los ladrones, aún nos apretujamos y si es posible nos colamos, aún deseamos tener vehículo particular, todavía admiramos a alguien momentáneamente y de vez en cuando nos dormimos.

Cada uno tenemos una historia muy particular con el transporte, mi abuela contó muchas del tranvía hasta que la chusma lo quemó, mis padres otras tantas de los buses y mañana yo le contaré a mis nietos mis hazañas en el moderno transmilenio y sé que se asombrarán cuando les cuente que las viejitas se desnucaban cuando se bajaban del troley porque se electrocutaban o que el tranvía no tenía puertas y que los buses tenían estratos por color y que las busetas y ejecutivos alguna vez fueron vehículos decentes o que algún genio hizo emitir monedas de veinticinco centavos o que un alcalde le dio tiqueteras a los estudiantes para que en vez de utilizarlas en transporte las vendieran, o que íbamos al colegio aunque no teníamos rutas escolares, en fin que el transporte público evoluciona pero las anécdotas de transmilenio son muy parecidas a las del tranvía.

Claro que otras muy parecidas serán las del metro que llegará cuando el transmilenio ya esté viejo, pero que curioso aún así seguiremos mirando por las ventanas hipnotizados por los cambios que suceden y seguiremos pensando qué disculpa inventaremos cuando lleguemos al destino y no queramos reconocer que nos levantamos tarde o peor aun que nos dormimos en el viaje y fuimos a parar más lejos, menos mal que todavía no tendremos tren magnético porque ya no disfrutaremos tantas anécdotas parecidas en el tiempo.

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