Carmen de Bolívar, la ciudad de la canción

Los barranquilleros dan muchas razones para explicar el surgimiento de su ciudad. En un hecho histórico sin precedentes, a mediados del siglo XIX ese modesto pueblo de Barranquilla dejó atrás de un solo golpe a las ciudades centenarias de Santa Marta y Cartagena.

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agosto 09 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-09

Para los carmeros -como se conocen los hijos de Carmen de Bolívar- la explicación del despegue de Barranquilla es muy sencilla. Bastó con que un día los magnates locales tomaran la decisión de sacar sus pacas de tabaco destinadas a Hamburgo por todo el río Magdalena abajo, sin recurrir al canal del Dique, que era el camino habitual a Cartagena. Y la historia costeña cambió de rumbo. Por esos años la región de los montes de María había desplazado a Ambalema, la del Tolima, como principal productor de tabaco del país. Según estadísticas oficiales, de El Carmen salió un 70 por ciento del tabaco de exportación en 1869. Las recuas de mulas cargadas de hojas prensadas formaban largos rosarios que terminaban llegando al río en el puerto de Zambrano, camino a Barranquilla y al mundo. Medio siglo atrás esta ciudad de El Carmen había sido elevada a la categoría de Villa Meritoria por sus acciones valerosas en las guerras de la Independencia, particularmente en la batalla de Mancomoján, en 1812. En 1850 la parroquia de El Carmen había sido erigida capital del cantón de su mismo nombre, con jurisdicción sobre los territorios actuales de San Juan Nepomuceno, Zambrano, San Jacinto, Ovejas y María la Baja. Pero es bueno ir aún más atrás en el pasado. Asegura la tradición que en el sitio en donde hoy está Carmen de Bolívar había un poblado de comienzos de la Colonia que llamaban María la Alta. Sus habitantes lo habrían abandonado hacia 1616 para reubicarse al lado de la ciénaga, en lo que bautizaron, claro, María la Baja. Siglo y medio más tarde, don Antonio de la Torre y Miranda -aquél que fundó más de cuarenta pueblos en la antigua provincia de Cartagena- retiró el rastrojo que cubría al pueblo abandonado y consagró el nuevo caserío a Nuestra Señora del Carmen. Faltaban apenas unos años para el nacimiento del Libertador, cuyo apellido le agregarían después. Se necesitó de la bonanza tabacalera para que los músicos de toda la Costa se concentraran aquí, justo cuando se empezaba a diferenciar ese ritmo que llamarían porro, que se extendería más allá de los montes de María a las sabanas del Sinú y del San Jorge. Los carmeros vieron cómo su banda de guerra incorporó clarinetes, saxofones y bombardinos y se fue transformando en orquesta de baile. Según el relato del músico Adolfo Mier, recogido por Orlado Fals Borda en su Historia doble de la Costa, al porro paliteao lo bautizaron aquí porro por el nombre del tambor mediano y paliteao por “los golpes de madera y la mano en el parche”. Pero ni en aquella época de gloria la dicha fue permanente. Como ocurrió en tantos pueblos de la región, por allá en 1865 un incendio redujo a cenizas dos mil casas, lo que equivalía a tres cuartas partes del pueblo. Don Adolfo Mier lo describió así: “Las chispas fueron saltando de techo en techo por más que se tocaron las caracolas, los cachos y las campanas, y los vecinos vinieron en carrera con ollas, peroles, múcuras y poncheras de agua”. Todos los archivos locales se quemaron. Además de un muy autóctono carnaval, en Carmen de Bolívar se siguen celebrando a mediados de julio las fiestas patronales de su Virgen tutelar. Lucho Bermúdez les dedicó a estas fiestas de su pueblo natal su más importante canción, que tituló simplemente Carmen de Bolívar: “Llega la fiesta de la Patrona, ahí va la chica guapa y morena; el toro criollo salta a la arena y el más cobarde se enguapetona”. Hoy muchos colombianos tararean esta melodía desconociendo que sin la ayuda oportuna de este “Carmen querido tierra de amores” la hoy populosa Barranquilla podría haberse quedado como otro caserío olvidado más, de tantos que pueblan el litoral de los caribes.

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