La carrera nuclear es el fantasma que recorre el mundo

La carrera nuclear es el fantasma que recorre el mundo

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julio 02 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-02

 Con el final de la Guerra Fría, el mundo aspiraba a que la carrera nuclear se detuviera, o en el mejor de los casos, avanzara hacia la eliminación total de los arsenales. Ese ha sido el fantasma que ha recorrido el mundo sin haber podido ser exorcizado a pesar de las declaraciones políticas de algunos de los países involucrados (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido).

Manifestaciones que han sido solo eso, desbordadas en la práctica por periódicos ensayos nucleares que han puesto en riesgo el pretendido equilibrio en la carrera armamentista. Hoy, con nuevos actores como Irán, Pakistán, India  y Corea del Norte, que han hecho del sur de Asia un explosivo epicentro de tensiones geopolíticas y sociales.

Se recuerda cuando por allá en 1974 , India comunicó a la comunidad internacional su disposición para mantener el statu quo, a pesar de poseer la tecnología necesaria para desarrollar un arma atómica, y cómo recogió sus pasos al resistirse a firmar el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares de 1996, al estimar que éste no contenía un compromiso real de las potencias hacia la eliminación de sus armas.

Sobrevendría entonces la realización de los cinco ensayos atómicos dispuestos por el gobierno de Nueva Delhi, en el desierto de Rajasthan, que provocarían la fuerte reacción de su vecino Pakistán, apresurado en solicitar la condena mundial de esas prácticas, a las puertas de Naciones Unidas, el Grupo de los 8 y el propio Movimiento de Países No alineados, por entonces reunido en Cartagena de Indias. Después en 2001, meses antes del 11-S,  Bush -"el vaquero de gatillo alegre", como alguna vez lo bautizó Castro-, recogiendo la propuesta de su correligionario Ronald Reagan, sacude al mundo con la versión reeditada de la Guerra de las galaxias, como una iniciativa estrictamente defensiva, para reaccionar a eventuales ataques que pudieran lanzar los "países parias", que comenzaban a desarrollar tecnología nuclear.

Se trataba de dotar a los Estados Unidos de un escudo antimisiles que lo haría invulnerable a un ataque con cohetes que transportaran cabezas nucleares. Suponía la colocación en órbita de satélites de detección y destrucción de misiles. El mundo reaccionó con estupefacción, porque significaba ni más ni menos, según los expertos, la flagrante negación de la "teoría de la disuasión" o del "principio de destrucción mutua asegurada", según el cual ningún país se atrevería a usar su arsenal nuclear por la potencialidad cierta de que se provocaría una respuesta a un costo muy alto de funestas consecuencias. Lo que entonces generaría un diabólico juego circular de propuestas y tecnología de muerte, sin remedio.

Tú me destruyes, yo te destruyo, era la lógica que acabaría por imponerse. Todo lo anterior, a raíz de la reciente declaración de Corea del Norte de abandonar su programa nuclear, a pesar de las insalvables dudas mostradas por Estados Unidos sobre la seriedad del informe. Y a pesar  de la destrucción hace algunos días de la torre de enfriamiento del principal reactor atómico, a 100 km de Pyongyang, la capital.

El país asiático lanzó al mundo una mortal advertencia, en 2006, como anuncio de su ingreso al tenebroso club del plutonio y de las armas atómicas. Hoy,"el más grande de los grandes hombres producidos por los cielos", como se hace llamar el excéntrico dictador comunista Kim Jong Il, parece haber claudicado ante las presiones del hambre de su pueblo, para dejar atrás la carrera armamentista. Pero ni se crea que es el punto final de la historia, mientras las ansias de poder hegemónico sigan siendo alimentadas por algunos gobiernos. El fantasma seguirá rondando al mundo, inexorablemente.


 

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