CARTA DEL DIRECTOR El vaso medio vacío

CARTA DEL DIRECTOR El vaso medio vacío

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diciembre 16 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-12-16

Sorprendente. Esa es la calificación que a primera vista merecen los más recientes resultados de la encuesta Gallup, que muestran una caída del optimismo en el país y una visión relativamente oscura de la realidad nacional. En comparación con la medición de hace un mes, en la cual el mensaje fue relativamente positivo, la realizada en los primeros días de diciembre sugiere que los ciudadanos ven ahora el vaso medio vacío y no medio lleno. Dentro de las explicaciones sobre el contraste entre un sondeo y otro, hay una que es necesario considerar. La aplicación del cuestionario de noviembre tuvo lugar en horas posteriores a la operación militar que dio como resultado la muerte de 'Alfonso Cano', el jefe de las Farc. En cambio, la revelada ayer estuvo en campo justo cuando arreció la ola invernal y quienes saben de esto aseguran que las tragedias naturales golpean con particular dureza el ánimo de los colombianos. Tal argumento, sin embargo, no es suficiente para ignorar un campanazo de alerta que vale la pena tener en cuenta. Y es que a pesar de que la economía nacional anda a un paso vigoroso, de que el desempleo ha llegado a un dígito o de que la inflación está controlada y se mantiene en niveles históricamente bajos, la gente cree otra cosa. La visión crítica de la realidad se extiende a temas de otra índole como la seguridad, el narcotráfico o algunas de las principales políticas que impulsa el Gobierno. Al respecto, vale la pena recordar diversas cifras. Así, con respecto al mes pasado la proporción de personas que cree que las cosas en Colombia están mejorando se redujo del 46 al 41 por ciento, mientras que las que consideran que están empeorando subió del 33 al 40 por ciento. Puesto de otra manera, el balance entre optimistas y pesimistas se encuentra casi en equilibrio. Si bien las percepciones negativas no son tan grandes como hace un año, cuando las lluvias empezaron a hacer estragos, el retroceso es innegable. En línea con esa opinión, hubo un deterioro sobre la situación de la economía y del costo de vida. La nota dada al desempleo mostró también un saldo en rojo, lo cual tradicionalmente pasa, aunque hay que reconocer que en esta ocasión la brecha tuvo una pequeña reducción que a lo mejor responde a lo que sucede en el mercado laboral. Pero el resultado en dicho terreno es una de las pocas excepciones en una norma que parece ser general, como es la de pensar que muchos temas están peor que antes. Así ocurre con áreas tan disímiles como la inseguridad, el medio ambiente, la asistencia a la niñez, la vivienda popular, la calidad de los servicios públicos o la lucha contra la pobreza. Las notas bajas no han tocado, sin embargo, la figura de Juan Manuel Santos. Aunque ligeramente menos popular que su predecesor, el actual Presidente conserva una favorabilidad del 65 por ciento, que es un nivel alto tanto en América Latina como en el mundo. Además, la aprobación a su gestión llega al 70 por ciento, mientras que el manejo que le ha dado a temas críticos como los ya mencionados recibe calificaciones buenas o aceptables. Lo anterior hace pensar que los colombianos distinguen a la hora de asignar ciertas responsabilidades. Así, algunas obligaciones son repartidas entre el inquilino de la Casa de Nariño y los mandatarios locales, como es el caso de alcaldes y gobernadores. En otros casos, se reconoce el empeño de hacer mejor la tarea, aun si los resultados no se dan. Aparte de tales dicotomías, es llamativo que los colombianos no se sientan mejor que antes. Más allá de las estadísticas que prueban que el país es más próspero que nunca antes en su historia, todo sugiere que la gente no lo reconoce así. Vale la pena preguntarse entonces si los buenos tiempos se están quedando apenas en unos pocos o si los habitantes de este país son escépticos ante una mejoría que no muchos reconocen. Ricardo Ávila Pinto ricavi@portafolio.co

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