CARTA DEL DIRECTOR Otra vez la gasolina

CARTA DEL DIRECTOR Otra vez la gasolina

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octubre 12 de 2012 - 05:00 a.m.
2012-10-12

Ricardo Ávila Pinto ricavi@portafolio.co A raíz de la radicación del proyecto de ley sobre reforma tributaria, que en pocos días debe comenzar su tránsito en el Congreso, ha vuelto a la palestra un tema conocido. Se trata del precio de la gasolina, el mismo que para un grupo de parlamentarios se ha convertido en una obsesión, pues quisieran ver un recorte sustancial en el valor de los combustibles. Si bien la iniciativa gubernamental tiene otros platos fuertes, le dedica un par de artículos al tema. Uno tiene que ver con la creación del impuesto general a la gasolina y el Acpm, que reemplazaría el tributo existente. Otro define la base gravable de dicho cargo y la ubica en 1.050 pesos por galón, en lo que hace tanto a la corriente como al diésel. Aunque a primera vista el cambio es imperceptible, pues incide en una rebaja de unos 200 pesos, que equivale a menos del 3 por ciento, la variación va mucho más allá. Al adoptar un gravamen en valor, y no en porcentaje, como viene siendo el caso, los reajustes futuros se van a repartir de manera diferente. Para decirlo en otras palabras, hoy en día, el galón de gasolina tiene una carga impositiva del 29 por ciento, lo cual incide directamente para que en Colombia los conductores paguen más que en Estados Unidos por el combustible. Parte de esa contribución va para el Gobierno Nacional, pero una proporción importante la reciben los municipios, mediante la aplicación de una sobretasa que es clave para las finanzas de pueblos y ciudades. Con la nueva fórmula, el primero va a recibir menos dinero, pero los segundos no. Como parte de ese ingreso tiene un techo, el peso de los impuestos tenderá a disminuir en la medida en que vengan nuevas alzas. Tal como se plantean las cosas, el sacrificio de los 200 pesos recae del todo en el sector central, que no recibirá un monto grande de recursos. Según el Ministerio de Hacienda, en el 2013, el impacto en los recaudos será de 213.000 millones de pesos. En respuesta, una serie de congresistas aboga por un recorte de mil pesos en el precio del galón, cuyo costo -por simple regla de tres- ascendería a más de un billón de pesos anuales. Aunque es indudable que a todo el mundo le gusta pagar menos por las cosas, vale la pena preguntarse si una decisión de ese tenor sería realmente responsable. La respuesta inmediata es que no. Mas allá de que en Venezuela o Ecuador se pague mucho menos por el carburante, pocos hablan de lo oneroso que resulta mantener semejante esquema de subsidios, que en el pasado también le salió caro a Colombia. Sin ir más lejos, en el 2008 se giraron cerca de cinco billones de pesos del presupuesto nacional para evitar mayores alzas en la gasolina, una suma que ese año superó lo que se destinó al programa de Familias en Acción o las inversiones en infraestructura vial. Pero el debate no termina ahí. Diversos estudios confirman que quienes salen ganando con un esquema de precios bajos en los combustibles son los propietarios de vehículos particulares. A lo anterior, hay que agregar lo que han hecho las sociedades más desarrolladas, que consideran que la demanda de carburantes genera otros impactos que hay que tener en cuenta, tanto en materia ambiental como de congestión, en contra de los sistemas de transporte masivo. Bajo dicho punto de vista, el valor de la gasolina debería ser alto, simplemente por el hecho de tener que compensar costos elevados. En respuesta, alguien podría decir que aquí, ahora, no se habla de subsidios, sino de menos impuestos. El inconveniente es que a pesar de que el fisco esté más holgado que antes, cualquier sacrificio en un lado tiene que ser retribuido en otro. Como las brechas sociales en Colombia son altas, lo más aconsejable es no ayudar a perpetuarlas, sino corregirlas. Ello implica seguir con la política de los últimos años y no caer en tentaciones populistas que ni siquiera benefician a los más pobres. Estos serían los que implícitamente pagarían la cuenta a la hora de bajar el precio de la gasolina.

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