La casa flotante de US$300 millones

El yate 'A' del magnate ruso Andrey Melnichenko es un símbolo de la plutocracia a prueba de recesión que domina los mares

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abril 23 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-23

En la parte superior de una escalera en espiral rodeada de paredes decoradas con hojas de plata (sólo la baranda costó US$60.000) se encuentra una puerta a la que se accede a través de un sistema de seguridad por huellas digitales. Desde allí se ingresa a una suite principal completamente blanca, de 240 metros cuadrados, envuelta en vidrio de 44 milímetros de grosor a prueba de bombas. En el centro hay una cama enorme colocada sobre un plato gigante que gira, permitiendo ángulos sin límites para ver el amanecer, la puesta de sol o la televisión plasma de 60 pulgadas, que desciende automáticamente del techo.

Y por supuesto, todo flota.

En la batalla que libran los multimillonarios rusos por la supremacía de los yates, el Eclipse, el nuevo barco de 165 metros de Roman Abramovich, en poco tiempo podría convertirse en el más grande, pero el "A", el yate de 120 metros de Andrey Melnichenko, se ha convertido en el barco sobre el que más se habla en los mares.

Con su diseño radical ¿más parecido a un reluciente submarino que un barco de paseo común¿ y muchos detalles hechos a medida (incluidos grifos para el baño que cuestan US$40.000 cada uno), el "A" es un fuerte símbolo de una plutocracia que frecuenta el océano que en su mayor parte no ha sido afectada por la recesión. El barco, diseñado por Philippe Starck y completado a mediados de 2008 por más de US$300 millones, ha desatado una flotilla de copiones que emulan su diseño. Muchas empresas involucradas en su construcción quebraron, reflejo en parte de la novedad del proyecto y el nivel de personalización requerido.

Para toda la fama que tiene, el "A" sigue siendo bastante misterioso. Su propietario, un magnate bancario, siderúrgico y de los fertilizantes, cuida mucho su privacidad y les exige a todo su personal de construcción y demás empleados que firmen acuerdos de estricta confidencialidad (Melnichenko prefirió no hacer comentarios para este artículo). Rara vez él y su esposa tienen invitados a bordo, y hay pocas imágenes públicas del interior del barco.

Dirk Kloosterman, el director de proyecto del "A" y un veterano del mundo de los yates más grandes del mundo, hace poco ofreció un recorrido exclusivo de los 2.200 metros cuadrados de espacio habitable del barco.

El interior del barco se aparta marcadamente de las convenciones de diseño de yates. En lugar de los habituales sofás excesivamente rellenos y paredes de caoba, hay mesas de cristal de Baccarat, acabados brillantes en blanco y plata pulida. Muchos de los camarotes tienen espejos del piso al techo que, según Starck, incorporan una "belleza matemática" que refleja el "genio matemático" de Melnichenko.

Starck afirma que mientras la mayoría de los megayates son declaraciones "vulgares" de riqueza y poder, el "A" fue diseñado para armonizar con el mar y la naturaleza. "Este bote tiene elegancia e inteligencia, no intenta mostrar el dinero", agrega.

Como muchos yates propiedad de rusos, el "A" es muy seguro. Su exterior redondeado y casco en forma de cuchillo dificultan que intrusos suban a bordo. Tiene 44 cámaras de seguridad, entre ellas diez exteriores equipadas con sistemas de detección de movimiento y un sistema de visión nocturna.

Hay pocas señales de que el auge de los yates para multimillonarios vaya a terminar. La recesión sin dudas afectó el mercado de yates de "clase media", ya que los bancos limitaron los préstamos para barcos y muchos millonarios se esfuerzan por reconstruir sus fortunas. Los pedidos de barcos de más de 24 metros cayeron a 753 el año pasado, frente a 992 en 2008, según la revista Showboats International. Sin embargo, los pedidos de superyates, que tienen más de 76 metros, de hecho subieron más de 20% en 2009, según la publicación.

El "A" tiene una tripulación de entre 35 y 37 personas, incluidos camareros, ingenieros mecánicos, amas de llaves, personal de seguridad y especialistas para hacer surf, esquí acuático y bicicleta. El yate requiere más de US$20 millones al año de mantenimiento; llenar el tanque de combustible cuesta más de US$500.000.

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