Un cementerio con club campestre para los vivos

En un césped digno de un terreno de golf, unos indonesios vestidos de riguroso negro se congregan ante el féretro de un ser querido. Una vez terminado el oficio funerario, en vez de irse a llorar la tristeza a sus casas, se quedan para divertirse un rato. Sí, en este peculiar cementerio hay mucho que hacer: darse un chapuzón en una lujosa piscina olímpica o remar en un lago artificial de ocho hectáreas.

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noviembre 14 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-14

Estos privilegiados enlutados los pueden disfrutar ya los primeros clientes del San Diego Hills Memorial Park, un cementerio de alto nivel en Indonesia que se presenta como la antítesis del tradicional indonesio: corriente, descuidado, ruidoso y encajonado en las zonas habitadas. En el parque cementerio no tiene cabida la promiscuidad -el complejo está previsto en 500 hectáreas, 25 de ellas ya están listas-, y no hay que soportar trancones para llegar: se puede aterrizar en helicóptero. El San Diego Hills, en la ciudad de Karawang, a 46 kilómetros de Yakarta, contará pronto con un restaurante italiano de 200 cubiertos, pistas de bicicleta en medio de sus paisajes arbolados, canchas de baloncesto y terrenos de fútbol. El objetivo de tanta diversión es fidelizar a los allegados del finado para que vuelvan con frecuencia y puedan recrearse. “Después de visitar la tumba, nuestros clientes pueden aprovechar nuestras infraestructuras, almorzar en el restaurante o hacer deporte”, dice Suziany Japardy, codirectora del San Diego Hills. Una capilla destinada a celebrar bodas está situada en lo alto de una colina y ofrece unas vistas incomparables del lago...y de las tumbas. Una espaciosa sala moderna puede servir también para conferencias, cenas bailables o desfiles de moda, según Japardy. Yuli, de 32 años y casada con un empresario del sector agrícola compró cinco concesiones en el sector musulmán del cementerio, para ella, su esposo y familiares cercanos. “Al principio resulta extraña la presencia de un centro de actividades de ocio en el complejo de un cementerio. Pero en seguida pensé que era bueno poder salir de excursión para hacer una visita al panteón familiar”. Yuli pagó unos 8.700 dólares para reservar indefinidamente sus concesiones, una precaución que ilustra las inquietudes de los habitantes de la isla muy poblada de Java donde escasean los terrenos. Esto es aún más cierto en Yakarta, donde la competencia es dura para una plaza eterna a la sombra y donde las autoridades tomaron medidas en abril para poder embargar las concesiones cuando el titular no paga la renta. Hasta el momento, solo 150 personas han sido sepultadas en San Diego Hills. AFP

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