Cerca del 7% del producto PIB mundial proviene de las industrias culturales, según estudios

Mediante el estudio sistemático de relaciones entre economía y cultura, este porcentaje proviene de campos como el cine, la televisión, la industria editorial, la red informática o el turismo.

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julio 29 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-29

En E.U. los aportes fluctúan entre el 4 al 7 por ciento, en las relaciones de producción, distribución nacional e internacional y consumo de bienes, productos y servicios de las industrias culturales (audiovisual, fonográfica, editorial); en países latinoamericanos está entre 2 y 4.5 puntos porcentuales del PIB.

Colombia está inserta hace rato en esa dinámica: en algunos años de este siglo, las industrias culturales contribuyeron a las cuentas nacionales más que las exportaciones de café, el país se sitúa en muchos indicadores (lamentablemente pese a bajos índices de lectura por persona) como la tercera industria editorial de América Latina, como la cuarta mayor productora de cine en el continente, a la vez que atractivo exportador de contenidos creativos.

Aunque todavía no hay una medición rigurosamente aceptable, es significativo el efecto del turismo por motivaciones culturales, es decir, aquel que genera la visita a lugares de riqueza arquitectónica e histórica como Cartagena o Popayán, a paisajes culturales compuestos por sitios, gastronomías o costumbres en el eje cafetero, las zonas Pacífica y Caribe, o el trasegar por carnavales regionales, lo que implica grandes aportes al circuito económico de organización, servicios, conservación, publicidad y consumos.

Esta situación de la canasta económica se debe en parte a una política pública progresiva y técnicamente depurada que cuenta, entre otros, con instrumentos como el sistema de financiación editorial o cinematográfica.

En el caso del patrimonio cultural es hora de que empresarios, autoridades territoriales, propietarios de bienes de interés y promotores de la cultura viva, se den cuenta del impresionante alcance de la Ley de patrimonio (Ley 1185 de 2008), cuya reglamentación termina de concertarse en estos días (Decreto 763 de 2009 y otros instrumentos).

Se trata de un sistema de vanguardia que valora no sólo el contenido histórico del patrimonio cultural, sino su creación cotidiana por las comunidades, y que articula acciones y dineros para planes especiales de manejo de sitios urbanos, naturales o bienes muebles de interés, así como esquemas de prevención social y de riesgos para las manifestaciones simbólicas del país (carnavales, fiestas, lenguas, tradiciones, medicinas, entre otras) mediante planes especiales de salvaguardia, todo unido a profundas obligaciones de las autoridades y recursos de los presupuestos territoriales y nacional.

Deducciones tributarias por elaboración de planes de protección y salvaguardia, por compra de insumos, maquinarias y equipos, por adquisición de todo tipo de servicios para ejecutar esos planes, por aportes de personas y empresas que inviertan allí incluso con privilegios publicitarios adicionales, hacen parte del amplio modelo de apoyos, lo que se suma a voluminosos recursos del IVA a la telefonía celular en un país de más de 30 millones de suscriptores.

Puesto que se anuncia una nueva reforma tributaria, hay que cuidar desde ya que instrumentos como éstos que apenas nacen, no se evaporen de la cultura hacia el déficit fiscal.


*Abogado independiente 

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