Choque de egos

Mal sabor dejó en muchos el enfrentamiento verbal entre los presidentes de Colombia y Venezuela. Insultos de alto calibre, acusaciones de servilismo, señalamientos de prácticas expansionistas y de legitimación del terrorismo, todo esto divulgado al mundo por los medios de comunicación, nos muestran que el altercado sacó a la luz resentimientos inconvenientes en dos jefes de Estado.

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noviembre 29 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-29

No es bueno que se pretenda involucrar a las sociedades de los dos países, entre otras razones porque no somos enemigos. Envolverse en la bandera nacional como si se hubiese lastimado la dignidad nacional es una desmesura. Jugar con los sentimientos colectivos para buscar supuestamente réditos electorales es un despropósito. Las elecciones del próximo domingo en Venezuela y el inicio de la recolección de firmas en Colombia para una segunda reelección, descubren un interés oculto que no es otro que la permanencia en el poder de los dos presidentes. El llamado a la cordura y a la prudencia debe ser escuchado porque son muchos los intereses políticos y comerciales que pueden verse afectados. No podemos cambiar de vecindario, eso es un imposible físico y las peleas de vecinos no ayudan en nada, por el contrario, perjudican mucho. Las amenazas del presidente Chávez en el sentido de que se van a afectar las relaciones económicas y comerciales deben servir para que los verdaderos agentes de la integración, que son todos aquellos que comercian con Venezuela, caigan en la cuenta del riesgo que significa depender en alto grado de un solo mercado. No son solamente los productores agropecuarios los lastimados, son los productores de manufacturas los que más daño pueden sufrir. Los países vecinos han sido los receptores de nuestras manufacturas y la causa directa de buena parte del incremento de los productos con un alto valor agregado. Dejar de vender tiene un efecto negativo sobre el empleo y sobre el crecimiento económico. Diversificar geográficamente nuestras exportaciones es pues un imperativo. Para ello los tratados de libre comercio son definitivos, pues el principal objetivo de los mismos es abrir mercados. Por eso cuando se habla de un plan B para sustituir mercados de exportación se está es hablando de un enorme esfuerzo. Se necesitan años para conquistar mercados que se pueden perder en un instante, por ejemplo por un capricho de un gobernante. Es ilusorio pensar que de un día para otro podemos vender en otra parte 2 mil millones de dólares en productos. Venezuela es nuestro segundo mercado de exportaciones y perderlo no deja de ser una tragedia. El anuncio de que Venezuela no regresa a la malograda CAN, donde las normas comerciales son de obligatorio cumplimiento, no es una buena noticia, pero eso era de preverse. El presidente Chávez ya la había declarado muerta. Tenemos que profundizar la relación con Mercosur y buscar acuerdos bilaterales, incluso con Venezuela. Ojalá la sensatez se imponga. Decano Facultad de Economía, U. Piloto El llamado a la cordura y a la prudencia debe ser escuchado”.

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