Con ciencia

Los profesores de filosofía solemos situar la separación entre la filosofía y la ciencia más o menos a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII. Hay razones para eso. Aún en Descartes persiste esa unión. Pero medio siglo después, en Kant, quizás el ejemplo más célebre y definitivo, ya no. En efecto, mientras el primero aún aporta nuevos conocimientos en matemáticas y en geometría, y conoce la física de su tiempo, el segundo no solamente no conoce la ciencia experimental de su época sino que no le aporta nada nuevo.

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agosto 16 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-16

Por lo menos no desde el punto de sus saberes específicos. Galileo demuestra lo que demuestra pero no tiene reparo en desdecirse de sus descubrimientos cuando estuvo a punto de ir a la hoguera. Hizo bien. El sol seguiría indiferente en el centro de nuestro sistema. Las leyes naturales existen al margen de las leyes humanas. Y de las divinas. En cambio, como diría Camus, nunca he visto morir a alguien por el argumento ontológico. La ciencia positiva lo que demuestra es que al mundo le tiene sin cuidado si nos enteramos cómo funciona y por qué. Y esto es así porque el mundo seguirá funcionando independientemente de nosotros. Por supuesto que esa afirmación es válida para un siglo atrás. Hoy podemos alterar las leyes del mundo. Cambiar su curso. Modificar su lógica a manos de la nuestra. Y eso, a mi juicio, lo que hace es reforzar la importancia de la filosofía. Si Kant no es un científico de la naturaleza en sentido estricto, ¿Cuál es su papel? Respondamos sin dudar: Kant piensa la ciencia. La fundamenta. Le mostrará a Newton, cómo hizo para llegar a sus leyes de la gravitación universal, y cómo se relacionan los universos de esas leyes con otros universos. Y de paso, le mostrará a su tiempo y a los tiempos venideros cómo conocemos, qué hace el ser humano cuando conoce el mundo y porqué el resultado de sus investigaciones son ciencia y no otra cosa. Semejante tarea no se puede hacer separadamente de aquello que la provoca, es decir, de la ciencia misma. Pero hay que reconocer que ya para el siglo XVIII, la ciencia positiva, la ciencia verificable y observable a través de los sentidos, la que se puede mostrar y demostrar, y que cambió para siempre las relaciones del hombre con el mundo, se separa de la filosofía, que era supuestamente su madre. Hoy es más apremiante que nunca conciliar ese divorcio entre lo pragmático y lo teórico, lo conceptual y lo físico, la imagen y la palabra. Hay tanta alma en la piel que se percibe, como piel en el alma que se ausenta. Si no queremos entregar el destino de nuestras sociedades a una tecnocracia sólo llena de sí misma, es cuestionable abocar a nuestros estudiantes a especializaciones tempranas del conocimiento, y aún lo es más, que en los colegios y aún en las universidades, los programas de humanidades y formación en filosofía sean la línea de menor resistencia. Rector Gimnasio Moderno "Las leyes naturales existen al margen de las leyes humanas”.

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