Cinco formas positivas de ver la crisis financiera que atraviesa Wall Street

Una de las reglas de la vida es que hay mal en lo bueno y bien en lo malo. El colapso total del sistema financiero de Estados Unidos no es ninguna excepción.

POR:
septiembre 19 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-19

Hasta en medio del desaliento financiero actual podemos mirar en torno y ver muchas consecuencias provechosas.

Por ejemplo, en el centro de Manhattan ahora parece haber disponible mucho espacio atractivo para oficinas.

Deberíamos de sacar un momento para disfrutar de las buenas consecuencias que nos trae la última crisis en Wall Street.

Ver lo que pasa dentro de Wall Street. Acabamos de ser testigos de la mayor quiebra de la historia de Estados Unidos y no sabemos ni cuál fue el suceso detonante (si bien se dice que los fondos de riqueza soberana decidieron dejar de prestarle dinero a Lehman Brothers Holdings Inc.) ni la causa profunda.

Pero ahora hay una pila humeante de activos y pasivos en Nueva York que habrá que examinar.

Entre los activos hay bonos respaldados por hipotecas "subprime" o de alto riesgo y sin duda muchas otras cosas que no valen lo que Lehman esperaba que valieran. Pero lo más intrigante son los pasivos, puesto que entre ellos hay contratos por más de US$700.000 millones.

Tenemos muchas casas nuevas. No todas están habitada, pero eso es de importancia secundaria. Aún mejor, nadie ha tenido que pagar por ellas, y es probable que nunca tenga que hacerlo.

Apuesto a que dentro de poco el Gobierno de Estados Unidos no tendrá más remedio que dar el paso final y garantizar cada préstamo hipotecario moroso jamás expedido por Wall Street.

Usted estará pensando: ¿No quiere eso decir que el contribuyente carga con la cuenta? Claro, algún día algún contribuyente tendrá que cargar con la cuenta, pero si el Gobierno hace lo que acostumbra, y sigue tomando prestadas enormes sumas a los extranjeros, no tiene por qué ser usted o yo.

Muchísimos ejecutivos de Wall Street tendrán tiempo para criar a sus hijos. Por años Wall Street ha sido un lugar demasiado rentable para que un cierto tipo de individuo enérgico y ambicioso se justifique tener sino la más somera vida personal.

Ahora que el mercado de sus servicios se ha derrumbado, tiene tiempo para irse a casa y averiguar cuál de los niños que andan por su mansión son de hecho suyos.

Con el tiempo, aprenderá a quererlos y ellos a él, y les impartirá el beneficio de su sabiduría y experiencia. Quizá algún día sus hijos utilicen esas lecciones en calidad de operadores de bolsa.

¿Recuerda cuando todo el mundo creía en Alan Greenspan?

Cuando John McCain, en su campaña para la presidencia en el 2000, dijo que si Greenspan muriera él lo haría disecar y lo pondría contra la pared en la Reserva Federal, donde seguiría siendo jefe?
Tan pronto Greenspan abandonó el escenario y se puso a vender sus memorias, el sistema financiero que él había ayudado a formar se deshizo.

Ha dejado no solo un enredo, sino un vacío. No importa cuánto nos eduquemos en materia de asuntos financieros, seguiremos necesitando funcionarios públicos en quienes podamos confiar serenamente.

Los estadounidenses corrientes reciben una lección en finanzas bajas. Ha sido cara pero, de todos modos, también lo es el jardín de infantes.

Nuestra inclinación a creer que podemos contratar a algún experto para que nos diga cómo ganar más dinero que nadie en los mercados, es un gran problema, con grandes consecuencias. Es el fundamento de las operaciones de corretaje de Wall Street, por ejemplo, y conduce a que mucha más gente imparta consejos financieros de la que debiera.

Siga bajando para encontrar más contenido