EL CINTURÓN SE QUEDA SIN AGUJEROS

A juzgar por las medidas de control monetario adoptadas por el Gobierno, el ministro de Hacienda, Rudolf Hommes, quiere conservar su puesto, que ofreció, en broma y en serio, si la inflación se ubica en el presente año por encima del 22 por ciento. Y el ministro tampoco quiere ser injusto con otros compañeros del equipo económico que también se solidarizaron con su promesa y que deberán irse, si el ajuste no es suficiente para cumplir las metas de costo de vida.

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enero 13 de 1991 - 05:00 a.m.
1991-01-13

En ese columpio están montados el jefe del Departamento Nacional de Planeación (DNP), Armando Montenegro Trujillo, y la ministra de Agricultura, María del Rosario Sintes de Restrepo. Es decir, la inflación de 1991 lo dirá. Y la cifra permitirá al presidente Gaviria decidir el futuro de tres altos funcionarios que ofrecieron los que muy pocos colombianos están dispuestos a dejar: el puesto. Golpe sorpresivo El establecimiento del encaje marginal del ciento por ciento sobre todas las exigibilidades del sistema financiero, adoptado por la Junta Monetaria el miércoles pasado, que limita al máximo la capacidad crediticia de los intermediarios, con excepción de las corporaciones de ahorro y vivienda, tomó a todos por sorpresa. Son cerca de 450.000 millones de pesos que no saldrán al mercado. De esta forma habrá menos inversión y la economía se resentirá hasta el punto de agudizarse los síntomas de recesión, cuyos efectos primarios son menor crecimiento de la actividad productiva y mayor desempleo. Se justifica una medida tan drástica? El ministro Hommes no vacila en defender la estrategia. Hay que hacer sacrificios en términos de crecimiento económico porque el país no puede darse el lujo de registrar tasas de inflación superiores al 32 por ciento. Ese guarismo, al que hace 27 años el país había desterrado, podría ser el comienzo de una bola de nieve que desemboque en una hiperinflación, como la incorporada hace pocos años en las economías de Brasil, Argentina y Perú. Eso, según Hommes, es más peligroso que los efectos que puede tener un menor crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). Pero hay otros integrantes del equipo económico que no piensan lo mismo y que, inclusive, ven con mayor preocupación la medicina que el remedio. Es el caso del ministro de Desarrollo, Ernesto Samper Pizano, continuo contradictor de Hommes. En la sesión de la Monetaria, donde se decidió la drástica medida del encaje marginal, salvó responsabilidades y dejó constancia de dudar frente a la efectividad de la medida. Su desacuerdo lo hizo público en la propia Casa de Nariño, minutos después que el presidente Gaviria sancionara la Ley Marco de Comercio Exterior. Pero parece que no solo fue Samper el que salvó voto. Extraoficialmente se dijo que también lo hizo el director del DNP, Montenegro. Su decisión no trascendió, inclusive el día de sanción de la Ley Marco, donde estaba todo el equipo económico, porque se refugió rápidamente detrás de unos odiosos cordones del salón de protocolo, que los periodistas no pueden transpasar. Montenegro, más cercano de Hommes que de Samper, tiene la complicada misión de hacer compatibles las metas económicas de mediano plazo con las de largo plazo, que según los entendidos son las que más le competen al DNP. Sin embargo, todo el equipo económico es solidario con las medidas adoptadas, así no sean compartidas, pues lo que más debe interesar es el control de la inflación, que arruina economías. Hommes cuenta con el respaldo irrestricto del presidente César Gaviria Trujillo, pues así lo hizo saber durante la entrega del premio de literatura Eduardo Carranza al escritor español José Antonio Gabriel y Galán. Las decisiones que se han tomado cuentan con el total respaldo del presidente de la República , dijo en uno de sus apartes el jefe de Estado al ser interrogado sobre el salvamento de voto que hizo Samper en la Monetaria. Gremios disparan También comprometidos con el deseo de que el costo de vida baje, pero no con altos costos, están los gremios económicos. Fenalco, por ejemplo, es partidario de aplicar ajustes a la política monetaria, pero no con medidas tan salvajes como la de elevar el encaje marginal al ciento por ciento. Mejor hubiera sido, según el presidente de la Federación, Sabas Pretelt de la Vega, reducir la devaluación, elevar el encaje pero gradualmente y someter el gasto público a un estricto control. Para Asobancaria, el Gobierno no tiene cara de llamar al sector financiero al pacto social, porque todo el peso del ajuste recayó sobre bancos y corporaciones. Y para el colombiano de carne y hueso, el cinturón de Hommes ya no da para otro apretón. La alternativa: abrirle nuevos agujeros.

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