‘Las ciudades de calidad hay que planearlas a largo plazo’

“Muchos países creen que para acelerar el proceso de recuperación económica, necesitan una política industrial. Yo estoy convencido de que una política urbana activa es mucho más importante”, dice Paul Romer, Economista, director y fundador del proyecto de urbanización de la Universidad de Nueva York.

‘Las ciudades de calidad hay que planearlas a largo plazo’

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‘Las ciudades de calidad hay que planearlas a largo plazo’

Finanzas
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agosto 21 de 2015 - 05:02 a.m.
2015-08-21

Como parte de la agenda académica del Congreso Colombiano de la Construcción 2015, “El Poder de Construir Ciudades de Calidad: una visión de largo plazo”, Camacol traerá como conferencista central al reconocido economista y director-fundador del Proyecto de Urbanización de la Universidad de Nueva York, Paul Romer.

Destacado por sus aportes a la teoría económica, el profesor Romer dice que es más importante para el desarrollo de un país una política urbana bien construida que una política industrial.

¿En qué momento se despierta su interés por trabajar en los temas de urbanización?

Mi interés en la urbanización empieza a mediados de la década de los noventa cuando cambié mi razonamiento sobre el crecimiento de los países en los confines tecnológicos hacia el proceso de crecimiento en el mundo en desarrollo. La evidencia muestra que se necesitan acciones por parte de las entidades del gobierno para crear las condiciones para una urbanización exitosa, y esa urbanización es esencial para el rápido crecimiento económico. Muchos países han sido advertidos que para acelerar el proceso de recuperación económica, necesitan una política industrial. Yo estoy convencido que una política urbana activa es mucho más importante.

¿Cómo se relaciona la ciencia económica con la planeación y el desarrollo de las ciudades?

La expansión urbana es una excepción a la regla habitual de que una economía no necesita un plan. Crear nuevas zonas urbanas requiere de un plan para el espacio público, que se utilizará para la movilidad (áreas peatonales, vías para el transporte público, carriles exclusivos para bicicletas y vías para el transporte particular), y para los parques. Como mínimo, el plan debe prever una red vial lo suficientemente grande para permitir los viajes en autobús y lo suficientemente densa, para que ningún lugar esté más allá de medio kilómetro de una arteria vial. Esta es la única cosa que necesita ser planificada desde ya para el suelo que aún está sin desarrollar, todo lo demás puede esperar.

Pero si el desarrollo informal es lo primero, será demasiado tarde. La zona nunca tendrá suficiente espacio público para permitir el desarrollo urbano exitoso.

¿Cuáles cree usted que son los elementos que tiene una ciudad de calidad?

Lo más importante es la disponibilidad de espacio público. En una ciudad de calidad se necesita una cantidad significativa de espacio público que eventualmente pueda soportar la alta densidad de población. Por ejemplo, en el centro de Manhattan las vías y los andenes solo ocupan alrededor del 30 por ciento de la superficie del suelo. Esta fue la asignación que se dispuso en el Plan de Ordenamiento Territorial elaborado en 1811, cuando la mitad de la ciudad era zona rural. Hay que recordar que en aquella época cuando se elaboró el Plan, la gente no tenía ni idea de cómo íbamos a utilizar ese suelo más adelante. No sabían lo que era una bicicleta, y mucho menos lo que era un autobús o un carro. Pero sí sabían que en el futuro, esa generosa asignación de espacio público daría a la ciudad la flexibilidad para aprovechar las nuevas oportunidades de desarrollo.

¿Cómo deben enfrentar las ciudades el rápido crecimiento de la población y su continuo desarrollo industrial y comercial?

Hay argumentos firmes que los economistas siempre dan: dejar que el mercado tome la mayoría de las decisiones. Pero la excepción es en materia de desarrollo urbano, porque el gobierno es el único que puede establecer los límites entre el espacio público urbano y los terrenos privados urbanos. La dificultad se genera porque la única forma viable para obtener ese derecho de asignación es hacerlo antes de que el desarrollo urbano se lleve a cabo. Es muy costoso tratar de hacer lo que hizo Haussmann en París bajo Napoleón III, destruir muchos edificios y crear nuevo espacio público. Políticamente, sospecho que este tipo de reasignación nunca volverá a ser viable.

Si una ciudad tiene la autoridad de definir la asignación de suelo para espacio público y privado, entonces el mercado se encarga de definir el desarrollo de espacio urbano para vivienda, industria y uso comercial. Inicialmente el proceso puede parecer desordenado. Manhattan tenía barriadas y desarrollo informal a medida que crecía, pero con el tiempo los edificios pueden cambiar. Lo que no cambiará es la cantidad de espacio público.

¿Cuál es la propuesta de ‘Urbanization Project’ para desarrollar ciudades con calidad y visión de largo plazo?

Les decimos a los funcionarios en las ciudades de rápido crecimiento que tienen que determinar desde ahora el espacio público en el área hacia donde inminentemente se expandirá la ciudad. Para mantenerse a la vanguardia del rápido crecimiento, la ciudad tiene que planearse con una visión de largo plazo. Motivamos a las administraciones locales de las ciudades a planificar la expansión que tendrá lugar entre hoy y el 2050 bajo un escenario de crecimiento rápido.

Si la ciudad está creciendo rápidamente, se requiere de un plan que disponga de diez veces la superficie construida de la ciudad. La tierra puede seguir siendo cultivada hasta que llegue la expansión. Si hay menos crecimiento de lo previsto y la ciudad no necesita todo el suelo dispuesto para la expansión urbana, no hay prácticamente ningún costo por haber planeado en el largo plazo. Por el contrario, si una ciudad no planea lo suficiente y adolece de desarrollo informal desorganizado, el costo es muy alto.

En Colombia, el horizonte de planeación de las ciudades es de 12 años, ¿cree que eso es suficiente?

Un horizonte de planificación de 12 años es demasiado corto. Con esa visión, la realidad es que la ciudad siempre estará rezagada frente a la dinámica de desarrollo que se está dando sobre el terreno. Estará atascada porque no tiene margen de maniobra para responder al desarrollo no planificado. Esto le pasará una gran factura a la ciudad. Arreglar un desastre es mucho más difícil que prevenirlo.

Colombia está próxima a elegir alcaldes. ¿Cuál cree que es el principal reto para tener ciudades de calidad?

El reto más importante para los alcaldes es planificar el crecimiento ordenado de las ciudades. El trabajo que estamos desarrollando en Colombia consiste en ayudar a las ciudades de tamaño intermedio a diseñar un plan de expansión, que tenga en cuenta la gran cantidad de personas que desean desplazarse hacia esas ciudades.

Las ciudades tienen que revisar sus planes urbanos y sus estrategias de crecimiento ordenado. Es un buen momento para recuperar la potencialidad de la planificación urbana como instrumento de desarrollo económico y social y, reconocer lo importante que es tener una gestión local fuerte, capacitada y capaz de orientar una estrategia integral, propia y claramente definida. En Colombia, Montería y Valledupar ya están mostrando cómo las ciudades pueden implementar un plan de ordenamiento para el espacio público en sus áreas de expansión.

¿Cómo llevar a cabo este proceso?

La clave está en establecer prioridades. La mayor prioridad para una ciudad de rápido crecimiento es determinar los límites entre el espacio público y el espacio privado en la tierra que todavía no se ha desarrollado, pero que seguramente se desarrollará en las próximas décadas. Es muy costoso intentar definir esos límites después de que una ciudad se haya desarrollado de manera informal. Es un error esperar a que eso suceda. Una ciudad puede determinar esos límites en cientos, incluso tal vez miles de kilómetros cuadrados de suelo no urbanizable, con los mismos recursos que necesitaría para intentar arreglar esos espacios en un solo un kilómetro cuadrado cuando el terreno ya se ha desarrollado de manera informal.

¿Cuáles son las consecuencias de no hacerlo?

Si la población siente que su ciudad está mal gobernada, puede irse a una ciudad que se está gestionando mejor. En un país grande, pueden hacerlo incluso sin tener que cruzar la frontera. Por lo tanto, los líderes de las ciudades tienen que actuar como si trabajaran en un ambiente competitivo, lo que lleva a que el gobierno de las ciudades sea más pragmático y a menudo más efectivo. La única diferencia de partida que se observa entre una ciudad bien planificada y otra que no lo está es que la primera establece una estrategia sobre cómo crecer asegurando que existan espacios públicos de interacción y convivencia coherentes con su realidad económica y social. Sin embargo, años después esta pequeña diferencia entre las ciudades planificadas y las que no lo están es más evidente, determinando desarrollos socio-económico completamente distintos.

¿Entre las ciudades que conoce, cuál es la que más le gusta?

París solía ser mi ciudad favorita, pero desde que me mudé aquí en 2011, me he enamorado de Nueva York. Su historia muestra lo que es posible. Una ciudad puede desarrollar grandes planes de expansión y después dar la bienvenida a un gran número de inmigrantes. La otra ciudad que me encanta es Shenzhen, que es también una ciudad de inmigrantes, luego de atraer población de toda China. Es la parte del sur de China donde se habla mandarín.

¿Qué opina sobre el debate entre la densificación y la expansión?

No se trata de cuál es la mejor elección. A medida que una ciudad crece, aumenta el área construida al mismo tiempo que las áreas ya desarrolladas se hacen más densas. Las ciudades en el mundo en desarrollo pueden satisfacer la creciente demanda de suelo urbanizable sólo si siguen ambas estrategias. La gente que dice que las ciudades pueden satisfacer esta demanda únicamente a través de la densificación simplemente no ha hecho los cálculos sobre el crecimiento de la demanda y la oferta de suelo urbanizable. Y quienes dicen que se puede satisfacer la demanda a través de la densificación y se resisten a la habilitación de suelo urbanizable son deshonestos en su real intención.

Si una ciudad intenta limitar el crecimiento de la zona de expansión, pueden estar seguros de que esto hará que la tierra artificialmente sea escasa y costosa. Si el gobierno quiere proveer oportunidades en la ciudad para las personas de más bajos recursos, un precio artificialmente alto por la tierra, que se traduce en vivienda artificialmente cara, es un terrible error.

Por supuesto, una restricción en la oferta de suelo es precisamente lo que quieren los propietarios de terrenos existentes en la zona urbana. Ellos quieren que su tierra incremente su valor. Algunos ciudadanos también pueden querer que los pobres simplemente vivan en otras ciudades. Así que siempre habrá fuertes presiones de "contención" desde sectores interesados, escudándose bajo la falsa bandera de apoyo a la densificación.