Las ciudades del mundo con mayores zonas de lujo

Las principales capitales del mundo cuentan con una calle que alberga las tiendas de las marcas más

Archivo particular

Avenida Presidente Masaryk

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diciembre 22 de 2010 - 01:17 a.m.
2010-12-22

En Palm Beach existe la Avenida Worth y al frente de sus elegantes boutiques estacionan espectaculares Rolls Royces, Bentleys y Ferraris, de los cuales descienden estilizadas damas y caballeros para entrar en las tiendas de lujo.
En Buenos Aires, frente al hotel Alvear, en la avenida de su mismo nombre, flamantes argentinas caminan luciendo sus esbeltos cuerpos con bolsas de compras de las casas de fama que allí funcionan. Hay que visitar la Avenida Presidente Masaryk, en el Distrito Federal de México, para descubrir lo magnífico que es el tener un bulevar de lujo.

En la Banhof Strasse de Zurich, en el Boulevard Fauburg de París, y en Bond Street de Londres, el lujo es evidente en los distinguidos establecimientos comerciales que desde hace años se establecieron en ellas, y Hong Kong, Tokio y Singapur también tienen espacios urbanos igualmente desarrollados para tiendas de lujo.

Todas esas ciudades se han esmerado para que en sus diferentes zonas comerciales de lujo los clientes caminen a gusto por amplias aceras, seguros, con fácil estacionamiento e iluminación adecuada.

En Bogotá se han desarrollado -de manera irregular y poco organizadas- la zonas comerciales y es casi inexistente una zona de lujo como tal. Por varios años, la horrible mezcla de boutiques y bares, casinos y restaurantes, prenderías y almacenes de ropa, se instalaron en la zona de la calle 82 sin ninguna planeación o estrategia. Y en las noches, el sector es un lamentable y vergonzoso campo de batalla de borrachos, prostitutas y expendios callejeros de droga.

En el corazón de la Zona Rosa están ubicados el Centro Andino y El Retiro, que han efectuado ingentes esfuerzos por crecer dentro del concepto del lujo, pero, junto con los otros centros comerciales del área, no se identifican como tal, por errores en su concepción, su mezcla comercial y su manejo.
Los espacios comerciales de lujo del mundo tienen la particularidad de mantener muy altos niveles de público de alto poder adquisitivo por las óptimas condiciones que se esmeran por sostener. Normalmente, en los centros históricos de las ciudades es donde normalmente están las zonas de comercio más apetecidas y valorizadas.

En Bogotá, en los años 70, la construcción del Palacio de Justicia y otras lamentables decisiones acabaron con el precioso centro de comercio de lujo del centro de la ciudad y la famosa Calle 12, hito comercial histórico por más de siete décadas, el cual luego se convirtió en sede de indigentes, delincuentes y empleados públicos. Este comercio rápidamente se trasladó a Chapinero y después a la carrera 15, donde también fue erradicado por irrespetuosas medidas distritales que hicieron desplazar a los comerciantes a encerrados centros comerciales y pequeños y desordenados gheto en el norte.

Posteriormente, en los años 90, un grupo de empresarios, liderados por la Cámara de Comercio de Bogotá, quiso promover el desarrollo de un bulevar comercial concebido como modelo de renovación urbana para la zona de la carrera 15, entre calles 72 y 100, pero la pobre visión de los mandatarios locales impidió que allí se instalaran casas comerciales lujosas y marcas de alto nivel. Los muchos errores que advertidamente se cometieron incluyeron permitir rutas de buses y busetas, muchas de ellas piratas, circular por esta tradicional calle bogotana. Por incomprensibles razones se prohibió el parqueo en la vía, aunque se planteaba como una excelente alternativa a los oscuros e incómodos parqueaderos que se construyeron con altísimos costos y que nadie usó.

No en vano en países a nuestro alrededor, hábiles y visionarios empresarios han promovido exitosos proyectos para alojar las grandes marcas de lujo. En Panamá, el centro comercial Multiplaza Pacifico; en Sao Paulo, el Daslu, y hasta en Quito, el Paseo del Lujo del Quicentro Shopping atraen una buena cantidad de clientes colombianos a sus almacenes, que incluyen marcas de lujo mundial.

Igualmente, compradores, principalmente latinoamericanos, han mantenido uno de los más exitosos centros comerciales de la historia: el Bal Harbor Shops de Miami. Concebido desde sus comienzos como un centro comercial de lujo, el visionario Stanley Whitman adquirió unas viejas barracas del ejército construidas en la Segunda Guerra Mundial entre el Océano Atlántico y la bahía de Biscayne para ubicar, en 1965, grandes tiendas de lujo como Neiman Marcus. Desde los Campos Eliseos de París vinieron boutiques para poner sucursales en lo que se ha convertido el más costoso espacio comercial en arriendo del mundo, pero también el que más ventas produce.
Se conoce que sus comercios generaron ingresos, en promedio 2.000 dólares por pie cuadrado. El impecable manejo de los descendientes de Whitman han mantenido por 45 años el exitoso lugar siendo su secreto la perfecta mezcla de almacenes que allí operan.

La estructura de los centros comerciales de Colombia, con muy pocas excepciones, es absurda. Implica que el comerciante deba amarrar grandes capitales en un local -activo fijo- que lo aparta de su negocio normal que es el comercio. Eso, con el tiempo, lo que causa es que los centros comerciales no posean la dinámica para tener los almacenes adecuados, el product mix perfecto o las marcas requeridas por sus clientes.

CENTROS COMERCIALES ATRACTIVOS

El Mall Management es en realidad una ciencia que combina cuidadosamente los comercios para que las vitrinas, los productos y las marcas sean las adecuadas y los visitantes sean imperceptiblemente conducidos magistralmente por un mundo cuidadosamente planeado y así su visita y sus compras sean realmente placenteras.

En los centros comerciales modernos la textura de los pisos, la iluminación, la temperatura, los sonidos y aromas son cuidadosamente diseñados para entusiasmar a los clientes. Cada detalle es tenido en cuenta para que los comerciantes tengan el mejor espacio y el más adecuado para sus marcas. Constantemente, los propietarios y administradores de estos fabulosos malls rotan los almacenes, renuevan las marcas e introducen tiendas que van acorde a las necesidades de sus clientes. Las marcas famosas son atraídas, y hasta recompensadas para que se instalen en sus propiedades. A su vez, los arriendos de esos espacios son fijados cuidadosa e individualmente para cada almacén para que sea justa y rentable.

En nuestro país, los centros comerciales muchas veces lucen anticuados, acartonados e incómodos. Los empresarios internacionales que visitan el país con miras a invertir en el desarrollo de sus marcas de lujo han visto varias veces frustradas sus intenciones, pues no hallan el lugar adecuado para el funcionamiento perfecto de sus tiendas. Ven con gran preocupación que la ciudad no tenga una visión clara de dónde quiere incentivar el desarrollo de vías lentas, andenes anchos, parqueos en superficie, seguridad e iluminación perfecta, elementos básicos para el comercio del lujo. Es una visión que no ve lo rentable que puede ser recaudar más impuestos, promover la generación de riqueza y bienestar y que mejore el estándar de vida de sus habitantes. Aquí se castiga al comercio, y más al de lujo. Esa visión populista despide a ese importante sector del comercio obligando a sus clientes a buscarlo en otras latitudes.

Invito a los concejales, alcaldes, constructores y gremios a que piensen en grande, a que planeen el futuro y que dejen la mentalidad cortoplacista, que sólo deja improvisaciones y chambonadas. Hagamos de nuestras ciudades lugares amenos, comerciales y con el lujo de detalles que hacen la vida más grata y feliz.

RICARDO KLING HASCHE
Especial para PORTAFOLIO

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