Era claro al inicio del año que economía colombiana no podía seguir creciendo a un ritmo de 8% anual

Así lo indican las incertidumbres de la economía mundial con la desaceleración estadounidense y sus crisis financiera, el impacto sobre las europeas y la elevada inflación en China.

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julio 18 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-18

Por esta razón, y ante el crecimiento elevado del crédito de consumo, el Banco de la República adoptó medidas para frenar el crecimiento de la demanda, que combinaron alzas en tasas de interés, con restricciones al crédito y a la entrada de capitales.

Al terminar el primer semestre del año, el crecimiento económico se ha reducido a la mitad. Se han desacelerado como motores, el consumo de los hogares por el lado de la demanda, y la construcción, el comercio y la industria, por el lado de la oferta. La agricultura nunca se benefició de la fase de alto crecimiento.

Siguen dinámicas las exportaciones del sector de la minería e hidrocarburos, y algunos subsectores han sido vulnerables a la revaluación. Por su parte, el sector financiero empieza a resentir la calidad de la cartera del crédito de consumo.

Un crecimiento -de la economía colombiana superior al 4 por ciento es un desarrollo razonable, aunque un poco inferior al Producto Interno Bruto potencial (entre el 5 y el 6 por ciento).

Sin embargo, surge una nueva amenaza por el incremento de la inflación doméstica e importada, agudizada principalmente por los precios de los productos agrícolas y de los combustibles.

Todos estos cambios se producen en un entorno agitado en el panorama político, el cual en ocasiones contribuye al optimismo y otras al pesimismo, siendo claro que el país requiere de unas reglas del juego más claras y estables, que le den una mejor base a las perspectivas económicas del futuro.

En el debate reciente los agentes económicos han tendido a concentrar las responsabilidades con un peso excesivo, bien en el Banco de la República, bien en el Gobierno Central.

Lo cierto del caso es que tanto los mismos agentes económicos privados, como el Banco de la República, como el Gobierno Central, tienen su propio papel.

Este es un momento en el cual los hogares deben ser cuidadosos en el manejo del crédito, en el control del consumo y en el aseguramiento del ahorro.

Al mismo tiempo, los sectores productores, particularmente aquellos más expuestos a los efectos de la economía mundial, deben empezar por fin a ser proactivos en observar y participar cuidadosamente en el mercado de coberturas cambiarias, que adecuadamente administrado puede producir unas bases más sólidas de planeación de la actividad empresarial en momentos de alta volatilidad.

Desde antes de iniciarse la primera administración actual fue muy clara la necesidad de que el país fortaleciera la situación de las finanzas públicas como seguro necesario para hacer frente con éxito a coyunturas internacionales adversas.

Se han escapado de las manos las oportunidades de hacer
buenas reformas fiscales y en medio de todo ello, algo se ha avanzado en el manejo de las finanzas públicas. Aún en esta coyuntura se propone un recorte del gasto, que es bienvenido, pero que no es suficiente para asegurar un superávit fiscal estable.

Desde la pasada década es conocido que las economías, exportadoras exitosas han sido objeto de permanente revaluación de su tasa de cambio, pero un superávit fiscal les ha permitido hacer frente con éxito, tanto al fenómeno de la revaluación, como a la posibilidad de hacer política social.

Este ha sido el caso de los países asiáticos en cuanto a la revaluación y el caso de Chile en cuanto a la revaluación y a la política social.

Todo esto ilustra que los países tienen que combinar sus políticas de corto plazo con el logro de objetivos de mediano y largo plazo, en lo cual no hemos tenido logros suficientes en el caso colombiano.

Finalmente, el Banco de la República le apostó acertadamente a la conveniencia para el país de tener un crecimiento moderado, que garantizara que no se deteriore excesivamente el crédito y el sistema financiero, como ocurrió en la década del 90.

Ahora tiene en sus manos el difícil dilema de controlar los factores inflacionarios domésticos que pueden ser vigilados, evitando que el crecimiento se deteriore por debajo del Producto Interno Bruto potencial.

Así las cosas, este segundo semestre será definitivo en esclarecer si los factores de inflación y el crecimiento de las expectativas, requerirán o no alzas adicionales en la tasa de intervención.
Decisiones oportunas y acertadas afianzarán la credibilidad en sus políticas.

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