Los clubes de fútbol: ¿empresas o democracias populistas?

En Colombia, la expedición de la Ley 1445 del 2011 se adelantó a las políticas de la Uefa y permitió la transformación de los clubes de corporaciones a sociedades anónimas. Esta forma asociativa ofrece más transparencia, mejor gobierno corporativo e incentivos para la inversión de capital.

A pesar de tratarse del espectáculo más concurrido del planeta, el fútbol presenta generalmente lamentables estados financieros.

Shutterstock

A pesar de tratarse del espectáculo más concurrido del planeta, el fútbol presenta generalmente lamentables estados financieros.

Finanzas
POR:
agosto 21 de 2014 - 11:37 p.m.
2014-08-21

Como compañías, los clubes de fútbol en el mundo parecen desafiar todas las leyes del mercado. A pesar de tratarse del espectáculo deportivo más concurrido del planeta, la industria del fútbol profesional presenta generalmente lamentables estados financieros.

Asimismo, la insolvencia de los equipos de fútbol es algo crónico, lo que resulta aún más curioso si se tiene en cuenta que a pesar de las quiebras recurrentes casi ningún equipo profesional en el mundo ha desaparecido.

De hecho, el reciente reporte de la Uefa estableció que el 56 por ciento de los clubes europeos de primer nivel perdía dinero anualmente, y el 36 por ciento tenía patrimonios netos negativos. En el 2012, por ejemplo, estos mismos clubes acumularon pérdidas por 1.1 millardos de euros; 200 de ellos generaron gastos de 12 euros por cada 10 de ingresos, y el 48 por ciento tuvo flujos de caja negativos.

Como si fuera poco, su principal activo, los derechos deportivos de los jugadores, se deteriora a un ritmo insostenible para cualquier negocio. De los 6,8 millardos de euros pagados por los jugadores, se ha perdido el 48 por ciento del valor, quedando registrados en la actualidad solo 3,3 millardos.

No sorprende, entonces, que numerosos clubes deportivos de fútbol caigan en la cesación de pagos y muchos de ellos deban acogerse a procesos formales de reestructuración y liquidación.

La lista es extensa: 54 en la Premier League inglesa desde su formación en 1992; 31 del fútbol profesional alemán desde 2008; 19 de los 42 clubes la liga profesional española, casi la mitad, desde que entró en vigencia la ley concursal en el 2004. En Italia, el primer ministro Silvio Berlusconi, propietario del AC Milan, hizo aprobar una amnistía tributaria para los clubes profesionales que salvó de la bancarrota a todos, menos tres equipos de la Serie A, junto con los de las ligas menores.

Sin embargo, el problema no es solo europeo. En Perú se expidió recientemente un decreto de emergencia para atender la quiebra de cinco equipos profesionales y en Argentina han sido sometidos a procesos de quiebra Racing Club de Avellaneda, Independiente de Avellaneda, San Lorenzo, Newell’s, Rosario Central, Banfield y otros diez clubes profesionales.

La principal razón por la cual “el fútbol es así”, en palabras de Kuper y Szymanski, autores de un fascinante libro del mismo nombre, es que, en la práctica, los equipos no son empresas, sino democracias populistas.

En el mejor estilo del socialismo del siglo XXI, los directivos del fútbol reparten beneficios a la hinchada en la forma de fichajes astronómicos de técnicos y jugadores e inversiones faraónicas en estadios y sedes deportivas. Es costo es lo de menos. Lo importante es el agradecimiento ciego de los fanáticos.

La contraprestación consiste en no preocuparse mucho por los gastos extravagantes de los directivos, ni por la transparencia de las transacciones con los jugadores, ni por el destino del efectivo producido en las taquillas.

Desde que el equipo tenga cómo humillar a su rival, todo se vale, aunque claramente el modelo no tenga posibilidad alguna de sostenerse en el tiempo.

Ante esta situación la Uefa ha tomado cartas en el asunto desarrollando el programa Financial Fair Play, que obliga a los clubes a tomar control de sus finanzas. De no ajustarse a los parámetros financieros establecidos, los equipos quedarían excluidos del circuito europeo de campeonatos.

En Colombia, la expedición de la Ley 1445 del 2011 se adelantó a las políticas de la Uefa. La llamada ley del fútbol permitió la transformación de los clubes de corporaciones a sociedades anónimas. Esta forma asociativa ofrece mayor transparencia, mejor gobierno corporativo e incentivos para la inversión de capital.

El proceso de conversión iniciado en el 2012 trajo consigo un sinceramiento de las cuentas. Aunque las cifras siguen siendo modestas, se vislumbra una tendencia positiva en los resultados operativos de los clubes, así como mayor diversificación en los ingresos y un registro más exacto de los pasivos y las contingencias.

Es importante resaltar que en la actualidad existen en Colombia mecanismos adecuados para resolver la insolvencia de los clubes deportivos. Anteriormente, era común ver equipos que acumulaban deudas labores y fiscales año tras año sin ninguna consecuencia aparente. Actualmente, cuando existe una cesación de pagos se inician procesos concursales que garantizan el respeto a los acreedores y la eventual recuperación financiera del club. De los siete clubes colombianos insolventes, el balance es el siguiente: Santa Fe cumplió su acuerdo, Once Caldas y Cúcuta ya lo validaron, América, Real Cartagena y Expreso Rojo continúan en negociaciones y el Deportivo Pereira inició su liquidación.

Antes que reflexionar sobre lo que hemos avanzado y lo que nos falta, vale la pena recordar de dónde venimos. El fútbol colombiano hace unos años no era precisamente una urna de cristal. Además del desgreño operativo antes mencionado, no olvidemos el prontuario criminal de algunos propietarios, dirigentes, técnicos y hasta jugadores.

Hoy en día, el cambio positivo es evidente y aunque es fácil encontrar la paja en el ojo ajeno, lo cierto es que se trata de una industria cuya mejora, aunque no irreversible, se plantea sobre unas bases sólidas de transparencia, compromiso y resultados. En otras palabras, más empresa y menos populismo.

Luis Guillermo Vélez Cabrera
Superintendente de Sociedades