'Colombia puede asumir un liderazgo aún más global'

Jeffrey Sachs, economista más influyente del planeta según The New York Times, habló con Portafolio.

Jeffrey Sachs, el economista más influyente del planeta según The New York Times

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Jeffrey Sachs, el economista más influyente del planeta según The New York Times

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agosto 12 de 2012 - 05:32 p.m.
2012-08-12

Pocos economistas inspiran tanto respeto en el mundo actualmente como Jeffrey Sachs. Con 57 años cumplidos y un doctorado de la Universidad de Harvard, este experto en crisis económicas tiene una larga experiencia como asesor de gobiernos en América Latina y Europa Oriental.

Debido a su interés en temas globales, fue incluido en las lista de las 100 personas más influyentes de la revista Time y citado por The New York Times como el economista más influyente del planeta. Colaborador habitual del Financial Times y The Economist, su libro El precio de la civilización llegó a la lista de los más vendidos en Estados Unidos hace pocos meses.

Más recientemente se ha concentrado en asuntos ambientales y de desarrollo, gracias a su cercanía a las Naciones Unidas, en donde es asesor del secretario general de la organización multilateral. Vinculado actualmente a la Universidad de Columbia, en Nueva York, es director del Instituto de la Tierra y profesor de desarrollo sostenible.

Conocedor de Colombia desde hace décadas, estuvo a finales de la semana en Cartagena invitado por la Andi, con ocasión de su asamblea anual. EL TIEMPO lo entrevistó en exclusiva.

Las cifras confirman que la economía mundial no anda bien. ¿Cuál es su percepción?

Sabemos que hay una desaceleración casi sincronizada en diferentes regiones importantes. China crece a un ritmo más lento, India enfrenta una coyuntura complicada, Europa está en recesión y Estados Unidos no camina bien. Los precios de los productos básicos han caído en cerca de un 20 por ciento frente a su pico reciente, y eso golpea a América Latina y África. De manera que estamos viviendo tiempos difíciles.

¿Puede empeorar la situación?

Hay varios peligros reales si alguno de los peores escenarios se vuelve realidad en los sitios que mencioné. Por ejemplo, si la crisis europea empeora dramáticamente, golpearía a todo el mundo. También si el frenazo de los chinos se prolonga mucho, cambiaría radicalmente las posibilidades de los países emergentes. Por último, si la economía estadounidense se contrae, no hay muchas herramientas a la mano para impulsarla y eso se sentiría en todas partes.

¿Y usted cree que algo de eso va a suceder?

No me atrevo a predecir lo peor, pero reconozco que los riesgos son mayores ahora que hace unos meses. Hoy por hoy hay más probabilidades de que las cosas empeoren.

¿Dónde se ubican las mayores preocupaciones?

En el corto plazo, en Europa, porque podría detonar muchas tempestades si Grecia se derrumba y España o Italia la siguen. Pero en un escenario más largo, el tema más inquietante es Asia, que ha sido el motor de la economía global durante más de una década. Espero que siga así, pero si eso no sucede tendríamos que redefinir las perspectivas del planeta.

¿A qué se refiere?

Le doy un ejemplo: si los bienes primarios caen otro 20 por ciento, las posibilidades de las economías latinoamericanas de seguir creciendo bien serían mucho menores. Eso afectaría las conquistas en materia de pobreza y expansión de la clase media. Dicho lo anterior, soy optimista en el sentido de que vamos a sobreaguar y los países menos ricos van a recortarles terreno a los desarrollados, como ha venido sucediendo.

Pero aun así, ¿la ventana durará mucho tiempo abierta?

Esta región, al igual que África, se ha visto favorecida por un entorno internacional propicio, porque el rápido crecimiento de Asia se ha traducido en una gran demanda de materias primas, agrícolas, minerales y energéticas. Lo que ha pasado en Colombia también se ha visto en Brasil, Chile o Perú. De tal manera que si al otro lado del Pacífico las cosas andan bien, eso va a ayudar mucho. Allá tienen la población y aquí, los recursos naturales. Son realidades complementarias.

¿Con eso basta para América Latina?

Eso no es suficiente. Los temas sociales y políticos pesan mucho en esta región y lo seguirán haciendo. No obstante, es claro que hay mejores instituciones ahora que antes. Incluso la desigualdad, que es uno de los peores pecados de América Latina, ha disminuido por cuenta de programas que han sido exitosos. De manera que no se trata de lo uno o lo otro. El sólido crecimiento de los últimos años que vino de afuera no habría sido posible sin las reformas adoptadas dentro.

¿Eso lo hace optimista sobre la región?

Así es. Sobre todo cuando uno mira los líos que hay en el mundo de hoy: la inestabilidad en el Medio Oriente, la tensión entre islamistas y cristianos en África, el fraccionamiento de un buen número de países, las crisis alimentarias y la falta de agua. Cuando uno junta todas esas piezas se da cuenta de que aquí las condiciones son buenas y la democracia funciona relativamente bien. Por eso me gusta lo que veo, sin desconocer los riesgos.

¿Qué errores se deberían evitar en medio de la bonanza que traen los productos básicos?

América Latina sabe más de bonanzas y destorcidas que ningún otro sitio del mundo. El consejo sencillo es que eviten la destorcida (risas).

¿Cómo?

No se endeuden demasiado, no vuelvan esto un auge del consumo, eviten las burbujas inmobiliarias, no crean que los precios altos del petróleo, el carbón u otros productos van a ser permanentes y manejen la tasa de cambio para que no se les aprecie demasiado y así no sufran de enfermedad holandesa. Además, tienen que invertir bien en infraestructura y capital humano, en particular en este último porque la calidad de la educación es mala.

¿Qué más hay que tener en cuenta?

Que no esperen ayuda de nadie si las cosas se ponen difíciles. Este es un momento en el que no hay liderazgo en el mundo. El Grupo de los 20 es muy débil, y Estados Unidos y Europa están concentrados en sus propios problemas. Cada región está relegada a su suerte. En resumen, sean cuidadosos, prudentes y piensen bien lo que van a hacer.

¿De qué manera?

Fíjense un horizonte de tiempo, ojalá de diez años o más, en cuanto a metas. Analicen las oportunidades, los riesgos y las vulnerabilidades. Identifiquen la importancia de la tecnología y la innovación, que le ha cambiado la cara al mundo. Colombia se tiene que meter en eso, en los campos de las tecnologías de la información y la biodiversidad. Brasil lo está haciendo bien y también Chile.

¿Cuál su percepción sobre cómo va el país?

Mi relación con Colombia lleva mucho tiempo. Juan Luis Londoño (el fallecido exministro de la Protección Social) fue uno de mis estudiantes y me enseñó mucho a entender esta nación. A lo largo de tres décadas he visto los altibajos. Por eso digo que ahora están en una situación de fortaleza que no tiene precedentes. Este país ha tenido un progreso tremendo y cuenta con un buen liderazgo que entiende la oportunidad histórica que tiene.

¿Eso trasciende internacionalmente?

Sin duda. El caso más reciente fue el de la Cumbre de Río + 20, en la que Colombia jugó un papel importantísimo. Ahora que su Canciller tiene un espacio en la ONU por cuenta de la nueva mirada a las metas del milenio, tienen la posibilidad de representar un rol de liderazgo aún más global.

¿De qué depende?

De que lo entiendan y de que el mundo no se descuaderne. Esperemos que la salud de Europa no empeore mucho y que la de China se mantenga. En ese caso van a tener una oportunidad extraordinaria para salir adelante. No la desperdicien.

RICARDO ÁVILA
Director de Portafolio

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