‘Colombia debería ayudar a China a competir en EE. UU.’

El cambio de modelo económico durante el gobierno de César Gaviria se convirtió también en uno cultural, en cambiar los valores del país, para empezar a creer en la competitividad como una fuerza de cambio positivo, para fomentar la iniciativa y la innovación.

Michael Fairbanks / ha trabajado en todo el mundo asesorando sobre competitividad.

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Michael Fairbanks / ha trabajado en todo el mundo asesorando sobre competitividad.

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octubre 31 de 2013 - 01:26 a.m.
2013-10-31

Michael Fairbanks asesoró al país en temas de competitividad y desarrollo durante el gobierno de César Gaviria, cuando Colombia comenzaba a abrir su economía.

Veinte años después, el experto en competitividad da su visión sobre los adelantos y estancamientos que ha vivido el país en los últimos 20 años en este aspecto, invitado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Fairbanks habló con Portafolio sobre estos temas.

Usted fue uno de los consejeros de las nuevas políticas de competitividad hace 20 años,¿ cómo ha evolucionado el país?

Pienso que las explicaciones de lo que pasó no han sido muy robustas, pasaron muchas cosas interesantes y complejas que lo que la gente ha descrito.

Le doy un ejemplo, el modelo para operar en la economía antes de César Gaviria era más macroeconómico, basado en una infusión masiva de capital en el desarrollo de materias primas como petróleo; y después del kinder de ese gobierno, el modelo se volvió más microeconómico.

A su vez, se convirtió en un modelo institucional que decía qué tenían que cambiar las normas de comportamiento de las instituciones, había que tener en cuenta no solo a las élites sino a un grupo de gente más grande.

También se convirtió en un modelo cultural de cambio de los valores del país, para empezar a creer en la competitividad como una fuerza de cambio positivo, para fomentar la iniciativa y la innovación. Y muchos ciudadanos se dieron cuenta de que tenían derecho a un buen futuro.

Queda mucho por hacer. Pero lo que empezó con la idea de que Colombia estaba muy atrás del resto del mundo, también fue un objetivo moral.

A pesar de que hubo un cambio en el modelo, todavía hay unas áreas rezagadas. ¿Usted esperaba más del país?

En Colombia se le ha dado más crédito a la madurez de las instituciones y de la democracia que a lo económico.

En ese tiempo dijimos que había que profundizar en los clústeres, en los que siempre se puede hacer más. Y en algunos aspectos de los que trabajamos no se mejoró.

No pienso que la industria del cuero sea más fuerte ahora, no sé si la industria de las flores se actualizó a un nuevo y mejor modelo, algunas de las industrias textiles aún producen muchos productos y no entienden los costos tan bien como deberían. No están seguros de si están ganando o perdiendo dinero, todas esas cosas.

Hay que recordar que en ese tiempo, el sector privado criticaba la noción de abrir la economía a la competencia, insistía en más subsidios porque las carreteras no eran buenas, los costos de seguros eran altos debido a la inseguridad, Venezuela estaba subsidiando, los costos laborales de los ecuatorianos eran bajos.

El sector privado colombiano estaba insistiendo en más ayuda, no en menos.

¿Lo sorprende que algunas de las quejas del sector privado son las mismas?

No estoy sorprendido, porque el sector privado puede ser muy esquizofrénico.

Yo tengo mucha experiencia en esto.

El sector privado dice en secreto que cree en la competencia, en el comercio, en los altos salarios, pero frente a un micrófono dicen exactamente lo contrario.

El sector privado, de manera pública, siempre tratará de obtener lo máximo que pueda.

Pero Santos es una persona muy técnica, yo diría que él entiende la esquizofrenia del sector privado. Él también dice lo que tiene que decir públicamente, pero de manera privada él sabe lo que necesita hacer.

¿Cómo le gustaría que estuviera el país dentro de 20 años?

Se lo resumo en una frase: la pobreza es la exclusión de las redes globales de aprendizaje, comercio e intercambios.

En 20 años, me gustaría ver a cada persona del país conectada con cada individuo en el mundo a través de esas redes, que puedan aprender, comerciar, invertir allá y ellos acá.

Siempre se mira a un país en términos de alfabetismo, es una métrica ya antigua, excepto para algunos lugares en África.

La métrica real se hace con el per cápita. Cuando un niño a 30 kilómetros de Popayan o en Aracataca tiene la misma conectividad que usted y nosotros tenemos, está conectado con las redes mundiales, entonces la pobreza está siendo erradicada.

No tengo dudas de que Colombia lo logrará.

NO HAY QUE COMPETIR CON LOS CHINOS

Yo diría que necesitamos ayudar a China, es un pensamiento loco. Deberíamos ayudar a los chinos a competir en Europa y Norteamérica, transformándonos en una fuente efectiva de ‘outsourcing’ de sus operaciones manufactureras.

Mi premisa es que China va a seguir conquistando el mercado norteamericano pase lo que pase. Los colombianos deberían llamar a los chinos y decirles: nosotros entendemos lo que ustedes están haciendo, que lo van a hacer con o sin nosotros.

Nos gustaría ayudarlos, inviertan en Colombia, ayúdennos a construir carreteras, estadios de fútbol, en nuestros negocios.

Y nosotros los ayudaremos a cumplir su objetivo global. Hay que crear una plataforma que no resista a los chinos, que no compita con ellos sino aprender mucho de ellos. Es una estrategia interesante.

Ricardo Ávila Pinto

Director Portafolio

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