Colombia, ¿un ejemplo de equidad?

Hace poco más de dos semanas, cerca de 2.000 mil líderes se reunieron para debatir en el Foro Económico Mundial. Políticos, economistas y multimillonarios trabajaron para mejorar los problemas del mundo. Una de las conclusiones: la brecha en cuanto a las oportunidades de hombres y mujeres disminuyó y ¡sorpresa!, Colombia clasificó. Según el índice, el país de América Latina con menor desigualdad es Cuba -entre 58 países analizados-, en el lugar 22, seguido por Colombia en el 24, Costa Rica en el 28 y Argentina en el 33. El último es Guatemala en el puesto 95.

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noviembre 24 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-24

Suecia, Noruega, Finlandia e Islandia son los países en los que la brecha entre hombres y mujeres es menor, esto según el análisis en cuanto a participación económica de la mujer en la sociedad, nivel educativo, de salud y empoderamiento político. Entre los países industrializados, Estados Unidos se ubica en el puesto 31, después de haber registrado mejores índices de participación política de las mujeres, pero un descenso en la participación económica. Alemania ocupa el número 7, España el 10, el Reino Unido el 11, Suiza el 40, Francia el 51, y en la cola, Corea y Egipto. Pero, ¿qué tan cierto resulta este lugar cuando se ve de cerca la situación en el país? Los expertos sostienen que la equidad entre los géneros sin duda ha mejorado, pero aún falta mucho por hacer. Para Florence Thomas, psicóloga y coordinadora del Grupo Mujer y Sociedad de la Universidad Nacional, si bien es cierto que hay más mujeres que llegan a los espacios de toma de decisión y poder, las grandes mesas directivas de los conglomerados económicos están llenas de hombres. “Y eso que en Colombia hay 26 senadoras, pero solo se eligieron 70 alcaldesas de 1.100 municipios. Esa no es suficiente representación política y así no puede haber inclusión”, dice. La socióloga Magdalena León coincide en que estos datos son relativos: “hay cifras que muestran mejorías, pero las cosas no son así. Si miramos la participación política de las mujeres, estamos lejos de la igualdad”. Para Thomas ni siquiera se cumple la ley de cuotas en todo el país (que reglamenta la efectiva participación de las mujeres en un mínimo del 30 por ciento de los cargos públicos). “No somos ni el 30 por ciento, cuando la población femenina supera a la masculina en el mundo (52 por ciento)”, agrega. Lo cierto es que los estudios de participación de la mujer en la actividad laboral remunerada muestran que, aunque no se reconoce en las estadísticas, las mujeres que aparecen inactivas (en los censos) hacen trabajos domésticos, así no reciban un salario. Y contrario a lo que se cree, el crecimiento en la cifra de mujeres que trabajan a partir del 2002 ha tenido un estancamiento. Una encuesta de la Consejería para la Equidad de la Mujer reveló que si en 1982, 37 por ciento de ellas estaba buscando trabajo o no tenía trabajo, en el 2000 la cifra alcanzó el 56 por ciento. 24 fue el puesto que ocupó Colombia en el Foro Económico Mundial, al evaluar la equidad entre hombres y mujeres. Mujeres, mejor capacitadas en su profesión La docente de la Universidad de la Sabana, María Claudia Peralta, magíster en psicología social y especialista en organizacional, sostiene que a pesar de la desigualdad, Colombia es uno de los países de América Latina en los que se tienen más oportunidades. “En una investigación, publicada en la revista Harvard, se les preguntó a varios gerentes en qué países las mujeres tienen más facilidad para los puestos gerenciales entre Colombia, Argentina, Brasil, Chile y México. Colombia ocupó el primer lugar y México, el último”. Pero una de las limitantes es lo que se conoce como ‘techo de cristal’, “un techo invisible que impide que las mujeres lleguen a ocupar cargos superiores”, explica. Y no solo eso, sino que su salario es menor que el de los hombres. Ellos ganan, en promedio, un 30 por ciento más que ellas. Para la psicóloga, “todavía hay mucho por hacer y hay que empezar por dejar atrás la creencia de que las mujeres trabajan por entretenerse. Hoy es claro que se necesita más dinero para sostener un hogar. Lo que pasa es que hemos sido educadas con la visión de contentarnos con cargos medios, porque la sociedad es mucho más dura al evaluar a la mujer”. En pleno siglo XXI, dice la experta, es claro que los hombres consiguen trabajo mucho más rápido que las mujeres, eso hace que hoy ellas se capaciten más y también que las exigencias sean superiores. En estos tiempos, por ejemplo, hay más mujeres que hombres que van a la universidad. Sin embargo, los hombres llegan a cargos más altos. “Ellas ocupan posiciones importantes sobre todo en las áreas de relaciones públicas, ellos en presidencias de compañías o del área financiera”, dice Peralta. En su opinión, eso sucede porque se piensa que las mujeres son más emocionales, lo que se asocia con decisiones negativas. Así mismo, parece ser que en el mercado hay un nivel de saturación. Además, muchas familias requieren que las mujeres permanezcan en el hogar y en otros casos no tienen la opción de trabajar por la edad o por falta de capacitación. De todas maneras, la tasa más alta de empleo en Colombia la alcanzan las mujeres entre 27 y 45 años: por encima del 70 por ciento. Falta más participación en la política Carolina Amador, coordinadora de Más Mujeres, Más Política, sostiene que aunque muchas mujeres se postulan en el ámbito político, algo pasa en el momento de ser elegidas. Este año, por ejemplo, hubo 13 mil inscritas para gobernaciones, alcaldías, asamblea y concejos. Pero siempre se ha oscilado entre un 3 y un 13 por ciento de participación de las mujeres en estos cargos e históricamente la tendencia nunca ha superado el 17 por ciento. “El primer obstáculo que se les cruza es conseguir el aval del partido político y para eso deben realizar una actividad intensa, de lo contrario, no pueden aspirar. Además, se lanzan con recursos muy bajos en comparación con sus pares masculinos. “Cambiarlo es un proceso de largo plazo. Y en eso también incide la actitud: los hombres son mucho más arriesgados y emprenden una actividad así conozcan poco del tema, en cambio, las mujeres no incurren en ámbitos desconocidos, prefieren prepararse y tienen más sentido de la responsabilidad. Normalmente, terminan trabajando en los campos comunitario y social”, sostiene Amador. Las mujeres tienen en común el hecho de que su actividad pública se inicia con la casi exclusiva dedicación al trabajo con las comunidades sobre problemas relacionados con necesidades básicas en salud, educación, vivienda y alimentación.

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