Colombia es Pasión pero la Paz No

Con la despedida de Chávez y Pilar Córdoba parecen haberse desvanecido las esperanzas de que se desempantane la negociación con la guerrilla. Desde hace algunas semanas se veía a Uribe muy incómodo con lo que estaba sucediendo, y no era el único. A muchos colombianos, no necesariamente todos de derecha, les incomoda el estilito del presidente Chávez y no quisieran que tuviera más injerencia en los asuntos colombianos que la que ya tiene, que no es poca. Algunos sectores políticos de la izquierda le tienen mucha simpatía a Chávez y le están dando bastante juego en Colombia.

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noviembre 26 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-26

En medios del Polo, en Bogotá, por ejemplo, se imaginan a Chávez ofreciendo la financiación del metro y entrar a ejercer un liderazgo político muy importante en Colombia de esa manera. Desde la otra orilla, se han alegrado de que Uribe hubiera suspendido la intermediación de Chávez y de Piedad. Creían que si el presidente venezolano hubiera tenido éxito, hubiera ganado un espacio político y una influencia en Colombia que podría resultar indeseable, o insoportable. El Polo ha criticado severamente la interrupción del proceso y esto alimenta la sospecha de que la abrupta suspensión de la intermediación de Chávez le cueste a ese partido en términos políticos. A Uribe, a sus asesores y muy probablemente a los generales no les gustó el protagonismo de las Farc, ni las fotos de Piedad disfrazada de guerrillera, o la pavoneada de Iván Márquez y Granta en Caracas. Ellos no los bajan de bandidos mientras Chávez les estaba dando trato de interlocutores válidos y presionando un despeje. No faltó nada para que Sarkozy hiciera lo mismo. Eso puso al Presidente a mostrar el diente y a desafiar a Tirofijo por los medios a que asomara la cabeza. Le debió saber a mico que Chávez anunciara, citándolo aparentemente fuera de contexto, que él había accedido a reunirse con el jefe guerrillero, porque esto parecía incongruente, pero lo dejó pasar a regañadientes. Pero la llamada al general Montoya ya fue el florero de Llorente del proceso. Después de que Chávez se le metió al rancho, a Uribe le quedaban pocas opciones distintas a ponerle fin al experimento, teniendo en cuenta que las Farc estaban ganando en el terreno político internacional sin hacer nada distinto a chantajear a todo el mundo con el dolor de las víctimas y mamar gallo. Es una lástima que ello haya ocurrido sin resultados, pero Uribe no ha sido el único responsable de ese desenlace. Chávez estaba tratando de mover una agenda que trascendía la misión que se le había solicitado y contradecía la política gubernamental. Las FARC están más interesadas en conseguir oxígeno que en llegar a acuerdos, principalmente porque el ejército sí parece tenerlos atenazados y no les deja muchos grados de libertad. Sarkozy ejerce un liderazgo en un campo en el que no tiene experiencia y no está arriesgando nada. Y Uribe, con esas amistades, tenía nerviosos a los sectores que lo siguen y se estaba jugando su política estrella, la de “seguridad democrática”, que consiste en presionar militarmente a las Farc para limitar su capacidad de hacer daño y para que eventualmente accedan a sentarse a negociar en serio. Con tantos intereses encontrados era difícil que se llegara a algo. Pero eso no quiere decir que hay que desistir. Las víctimas y sus familias también son un factor que hay que tener en cuenta cuando los políticos hacen cuentas, se imaginan escenarios o se apasionan. Lo que se ha dicho de la película “El Amor en los Tiempos del Cólera” puede ser cierto: El casting es pobre, es muy acartonada, algunos actores son malos, abarca mucho. Pero la película es bella, toca fibras muy sensibles y muestra una Colombia maravillosa. Ex ministro de Hacienda

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