‘Colombia se ha preparado para sacarle el jugo a la Ocde’

Ángel Gurría, secretario general del organismo, considera que el camino recorrido por el país agilizará su entrada al privilegiado club. Pobreza, distribución del ingreso, acceso a oportunidades y la corrupción, algunos de los aspectos neurálgicos a mejorar en los próximos años.

‘Colombia se ha preparado para sacarle el jugo a la Ocde’

Claudia Rubio

‘Colombia se ha preparado para sacarle el jugo a la Ocde’

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octubre 27 de 2013 - 10:29 p.m.
2013-10-27

La visita que hizo a Bogotá la semana pasada el secretario general de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (Ocde), el mexicano Ángel Gurría, tuvo un claro objetivo: anunciar el comienzo oficial del proceso de vinculación de Colombia a la organización multilateral, con sede en París.

Si el país recorre una hoja de ruta que le fue presentada al Gobierno y que comprende el trabajo de 23 comités temáticos para mediados de la presente década, sería vinculado como miembro de la entidad a la cual pertenecen 34 naciones de ingreso medio y alto. Sobre este y otros temas, Portafolio habló, en exclusiva, con Gurría.

En Colombia hay gran expectativa por el proceso de adhesión a la Ocde, que algunos ven como un tránsito y otros como un destino. ¿Cómo lo analiza?

Sin duda es el inicio de un tránsito, no en cuanto al proceso, porque este lo comenzó el presidente Santos después de haber sido elegido y antes de posesionarse. Como yo lo veo, este es un país que puede aprovechar muy bien el ser miembro de la Ocde y nosotros también nos vamos a enriquecer con sus experiencias.

¿Qué ha sucedido desde esa primera manifestación?

En estos tres años que han pasado, se ha confirmado que el país va por el camino correcto y que hay un interés en que las políticas públicas sean las adecuadas, porque hay varias opciones. Si existiera solo un camino sería muy fácil. Además, y esto lo digo como mexicano, se reconoce que hay un grado de vulnerabilidad, más allá de las buenas cifras macro.

¿En qué consiste?

En que la pregunta no es qué hacer mañana, sino pasado mañana, en cinco años, en diez, en quince. Cuáles son los elementos que van a detonar un crecimiento más equilibrado, más sostenido, más verde y más incluyente. La cuestión es cómo pasar a ese estadio, no para compararse con los mejores países de la región, sino del mundo.

¿Eso que incluye?

Tener metas más ambiciosas. Y eso abarca todo, no solo la economía. También se refiere a lo social, el empleo, la educación, la salud o la desigualdad. Tampoco se puede olvidar lo medioambiental, porque tener conciencia en este frente es la única forma de proceder.

¿Cómo llega este país al proceso?

Las condiciones que ha creado Colombia desde el 2010 permiten prever un proceso en los próximos dos o tres años, que parten de todo lo que se ha hecho. Tuve la oportunidad de reunirme con el gabinete en pleno y puede ver que con la mayor parte de sus integrantes ya estamos trabajando. Hay informes o estudios en marcha. Todo ese tiempo que ganamos se lo vamos a recortar al momento en que Colombia sea miembro de pleno derecho.

¿Qué es lo más destacable?

Que se han creado las condiciones para que no solo el proceso avance de manera expedita, sino para que el país aproveche al máximo las posibilidades que tiene. Digo de manera poco solemne que la Ocde es como una vaca, pero hay que saberla ordeñar, hay que aprovecharla. Y Colombia se ha venido preparando para eso, para sacarle jugo a la membresía.

¿Qué va a suceder en ese momento?

Esto no es un marbete o una especie de sello. El día en que un país entra formalmente a la Ocde es una especie de anticlímax. La razón es que ya se ha preparado todo el terreno y el momento en que uno manda la carta no importa. El proceso de transformación previo ya ha tenido en ese momento su beneficio.

¿Es decir que el aprovechamiento se ha visto para esa fecha?

Sin duda. Yo diría que es una etapa que tiene un gran poder transformador. Así se puede ver en los documentos que entregamos sobre diversos temas en Colombia. Y lo importante es que esta es una labor que se hace conjuntamente con las autoridades de aquí, a la que esto les sirve para revisar todos sus códigos, reglamentos o leyes.

¿Existe una especie de lista de chequeo en esas recomendaciones que ustedes han hecho?

Hay una hoja de ruta que señala un camino cuyo desarrollo es el trabajo de 23 comités diferentes en múltiples temas: desde agricultura hasta comercio, pasando por impuestos, salud, educación o investigación y desarrollo, entre otros. Es la estrategia para hacer más efectivo el tiempo con miras al proceso de acceso.

¿Qué implica eso, por ejemplo, en educación?

Estamos en cinco o seis temas distintos, como la enseñanza a nivel preescolar, las pruebas Pisa, la capacitación de los maestros o las habilidades y competencias de la población en edad de trabajar. En pocos días debemos entregar un informe sobre la calidad de la educación universitaria.

No faltará quien diga que ciertas decisiones o reformas que se discutan son una imposición de la Ocde. ¿Qué responde?

A nosotros no nos sucede eso mucho, porque lo que ofrecemos es un diálogo sobre políticas públicas. No somos una entidad financiera que a cambio de un dinero exige modificaciones aquí o allá. Lo que ofrecemos es una oportunidad y si un país determinado no la toma, eso es lo único que pierde. Y como eso no se contabiliza, a veces es más fácil no hacer nada, porque no se corren riesgos si se deja que todo transcurra en automático.

¿No va a haber una especie de recetario?

No nos corresponde decirles a los colombianos qué hacer con Colombia. Eso les compete a los colombianos. En lo que consiste nuestra labor es en que frente a un tema en el que este país tenga algunos desafíos, le traemos lo que están haciendo todos los demás, y ante a esas experiencias las autoridades reaccionarán y dirán si tal o cual fórmula funciona o no, o si se puede adaptar a la realidad local.

¿Dónde quedan las decisiones?

En el Gobierno, por supuesto. Y si hay que pasar leyes, eso será resorte del Congreso. Lo que hacemos es facilitar ciertos procesos frente a la sociedad.

El diálogo que ustedes entablan con los países es sincero y franco. ¿Es válida esa afirmación?

Cuando se leen nuestros informes se verán diagnósticos objetivos, no sé si duros o suaves. Un caso típico es que Colombia se encuentra muy rezagada frente al promedio de la Ocde en inversión en ciencia y tecnología, que es diez veces más grande. Advertimos qué sucede cuando un país invierte una doceava parte que los demás: que se vuelve uno un buen candidato para ser empleado de los otros. Esa es una alarma, una luz amarilla, que merece atención.

Entre esas alertas ¿hay algunas específicas en Colombia que le preocupen más que otras?

Sí, en el siguiente sentido. Siempre vemos lo que condicione el comportamiento económico, como las políticas fiscales, el gasto, los impuestos, los márgenes de riesgo, que en este caso están bien.

También observamos que, a pesar de que las cosas han mejorado, hay una gran proporción de pobres, así esta haya disminuido. Igualmente, encontramos que hay una mala distribución del ingreso y que aquello que se conoce como los igualadores –educación, salud, infraestructura– necesitan trabajo. No menos importantes son los asuntos ambientales, algo clave en un país que tiene una de las mayores biodiversidades del mundo.

Finalmente, está lo relacionado con la gobernabilidad o la gobernanza: la lucha contra la corrupción y la tramitología y el desempeño de la administración pública.

¿Qué hay de la paz?

En la Ocde no nos enfocamos en esto, pero tenemos claro que es un tema prioritario aquí y que si se alcanza, Colombia tendría un salto cualitativo. En la entidad se reconoce el alto mérito de intentar llegar allá.

¿Qué consejo le da a quien le pregunta por dónde comenzar?

Los mejores resultados en las políticas públicas se logran con una colección de medidas que se refuercen mutuamente y que permitan que uno más uno sean tres. Y eso es lo que ha sido muy impresionante con los colombianos y con el presidente Santos, en particular.

¿A qué se refiere?

A la calidad de la deliberación. La clarísima decisión y el norte definido de entender que la Ocde es un recurso, porque viene acompañado de un método, de una disciplina en la que hay voluntad de participar.

En el caso de México y Chile, que son los países de la región en la Ocde, ¿se puede hablar de un antes y un después?

Ninguna de esas naciones empezó a trabajar el día en que entró. Todos llevaban mínimo tres años. Algunos más.

Conozco el caso de Chile porque me tocó de secretario general, y el de México porque participé del lado mexicano. Creo que en estos dos casos la calidad de las políticas públicas ha mejorado. No menos importante, es el haber dado marcha atrás en algunos temas que pudieron revertir. De alguna manera, veo una ambición hacia la excelencia.

¿Qué otros países de Latinoamérica vienen?

Lo que decidió el Consejo de la Ocde es que primero va Colombia. En el 2015, comenzaría su tránsito Costa Rica y estamos trabajando con Perú en virtud de que solicitó su ingreso y tiene un programa de país.

Es posible que podamos comenzar con ellos en esa fecha. No es coincidencia que aquí estén los integrantes de la Alianza del Pacífico.

Por cierto, usted es un gran partidario de ese esquema. ¿Por qué?

Tengo 46 años de estar en el servicio público, porque comencé a trabajar en el gobierno y ya existía Alalc. Después ha habido muchos otros esquemas, sin integración de verdad en la región.

Mientras tanto, los europeos avanzan constantemente, no sin sobresaltos. Y aquí, en unos pocos meses, los líderes de los países de la Alianza tomaron decisiones que son una corriente de aire fresco.

¿Qué ventajas le ve?

Lo que se está haciendo coincide con nuestros análisis, que muestran que el que bloquea las importaciones o las encarece se da un balazo en el pie y se provoca a sí mismo mucha dificultad para exportar. Eso, para no hablar de inversiones y otros temas que se están trabajando.

LAS BUENAS PRÁCTICAS FUNCIONAN

Algunos de los socios de la Ocde han tenido dificultades. ¿Qué lecciones saca de esa crisis?

En primer lugar, si bien tenemos cuatro o cinco países que todavía están pasando una etapa difícil, vemos a otros que han empezado a salir adelante. Lo que ha quedado claro son las diferencias en competitividad atadas, por ejemplo, a los costos laborales. Ahora lo que vemos es el resultado del ajuste. La cuenta comercial de España, por ejemplo, ya es superavitaria con el resto de Europa. Por eso, el mensaje es que las buenas prácticas funcionan, resultan y pagan.

¿Qué más destacaría?

Que las cosas fundamentales, como la prudencia fiscal o mantener la deuda a raya, aparte de prepararse para mejorar la fuerza de trabajo, son muy importantes. En ese sentido, América Latina tiene que pensar en lo que viene después de la crisis y el mensaje es que a quienes sepan hacer las reformas les irá mejor.

Ricardo Ávila Pinto

Director de Portafolio

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