Colombia ha reducido la desigualdad de género

El acceso de las mujeres a la fuerza laboral en Colombia dio un salto del 24 por ciento en las últimas 2 décadas, al pasar de 31,6 en 1990, a 55,8 por ciento en 2013, según lo indica el informe ‘El progreso de las mujeres en el mundo 2015-2016’ de la ONU y UN Women 2015.

Colombia ha reducido la desigualdad de género

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Colombia ha reducido la desigualdad de género

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mayo 18 de 2015 - 09:26 p.m.
2015-05-18

Este resultado ubica a Colombia como el país que logró reducir más esa brecha de género en América Latina y el Caribe, inclusive, por encima de México, Perú, Chile, Venezuela y Argentina.

En el contexto del continente, el avance fue mayor que en el promedio del mundo, donde la participación laboral del llamado sexo débil solo se redujo solo en 2 puntos (de 50,5 a 50,3 por ciento), pues en países desarrollados y en Latinoamérica, aumentó respectivamente 4,1 y 13,4 por ciento en las dos décadas.

Claro está, el mejor resultado global se dio en la República de Maldivas, donde la participación laboral femenina creció 36 puntos porcentuales, y se ubicó en 56,2 por ciento.

Para el gerente del portal www.losdatos.com, Luis Naranjo Ojeda, el salto del país en vinculación de la mujer a la fuerza laboral es notorio, pero advierte que la brecha salarial entre hombres y mujeres sigue siendo alta y la penetración femenina en el mercado laboral continúa baja, pese a que la mujer está demostrando altas capacidades para ocupar puestos de trabajo.

Con base en la Muestra Continua de Hogares del Dane, el analista dice que de 21,4 millones de colombianos empleados en el 2015, las mujeres son 8,7 millones de dicho mercado.

El informe concluye que a nivel global, las mujeres cobran, en promedio, 24 por ciento menos que los hombres, pero, en Latinoamérica y el Caribe, el índice es del 19 por ciento.

Además, en esta última región, el 59 por ciento de los empleos de las mujeres son informales, por lo que no gozan del amparo de la legislación laboral ni de la protección social. Solo 17 de cada 100 trabajadoras domésticas son remuneradas.

Además, el sexo femenino realiza entre dos y cinco veces más asuntos de cuidado y trabajo doméstico no remunerado que los hombres. Por tanto, se limitan sus oportunidades educativas, laborales y le queda menos tiempo para el descanso, el ocio o la participación política.

“En Colombia, el papel de la mujer es absolutamente fundamental, no solo como líder de familia, sino también como actor importante en el ámbito económico, convirtiéndose en fuerza productiva y factor de cambio en los distintos escenarios”, señala el presidente de BBVA Colombia, Óscar Cabrera Izquierdo.

De hecho, esta organización tiene cada vez más mujeres en cargos de alta dirección, e incluso la mayoría de los puestos en gerencias en las oficinas de la red comercial son ocupados por ellas. Del total de la nómina, el 55 por ciento lo conforman mujeres, frente al 45 por ciento de los hombres.

BAJA REMUNERACIÓN

Aunque los analistas no detallan la situación particular del trabajo doméstico en Colombia, destacan que sea uno de los 17 países que han ratificado el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que cubre a esta población.

El acuerdo exige que los Estados garanticen los derechos laborales básicos de los trabajadores domésticos, como salario mínimo, horas extras, licencia anual remunerada y condiciones de trabajo seguras.

Cabe recordar que la semana pasada entró en vigencia el convenio de la OIT que establece normas para el tratamiento de los trabajadores del servicio doméstico, presentado por el exministro de Trabajo Rafael Pardo Rueda en el 2014 para que el Congreso lo ratificara.

Antes de esa presentación se expidieron normas para que a las cajas de compensación familiar fueran afiliados los trabajadores del servicio doméstico, como una obligación del patrono. Hasta ese momento había afiliadas alrededor de 8.000 personas y hoy, un año después, ya se supera las 80.000.

En otra de las menciones a Colombia, el estudio señala que es uno de los cuatro países donde se aplican cuotas para la participación femenina en cargos públicos.

“El trabajo no remunerado de cuidado de personas, realizado predominantemente por mujeres, también reproduce fuerza laboral y genera valor económico real”, dicen los autores.

Además, pide reconocer la contribución que hacen las trabajadoras informales, como las vendedoras ambulantes y las recolectoras de residuos sólidos, al mejoramiento de los entornos urbanos.

Al respecto, destaca que en el 2013, tras una orden de la Corte Constitucional, en Bogotá, fueron reconocidas como prestadoras de un servicio público y se les hicieron contratos formales, con tarifas fijas por los materiales que recolectan.

El informe concluye, entre otros aspectos, que una economía diseñada tomando en cuenta las necesidades de las mujeres les proporcionaría igualdad a la hora de influir en la toma de decisiones económicas.

“Si la economía trabajara para todas las mujeres, sus opciones en la vida no estarían limitadas por estereotipos de género, estigmas ni violencia, y podrían disfrutar de una independencia económica que les permitiera mantener un estándar de vida decente, desde el nacimiento hasta la vejez”, afirmó la directora de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe, Luiza Carvalho.

En su opinión, se necesita una agenda que permita mayor igualdad y redistribución para construir economías que funcionen para mujeres y hombres por igual. “Nuestra región está avanzando, pero requerimos acelerar el ritmo hacia la igualdad sustantiva”.

LAS TAREAS PENDIENTES

Una encuesta entre altos ejecutivos de 400 empresas en el mundo, realizada este año por la consultora EY (antes Ernst&Young), tras el informe del Foro Económico Mundial (2014), que indicó que tomaría hasta el 2095 lograr la igualdad de género global en el lugar de trabajo, recomendó que para avanzar en ello se debe mostrar a las mujeres que sus oportunidades coinciden con sus habilidades y ambiciones.

También planteó una flexibilidad informal que ayude no solo a mujeres y hombres a equilibrar su vida personal y profesional, y que los jefes no promocionen en sus organizaciones la discriminación.

EL TIEMPO