Más colombianos planean la educación de sus hijos con ahorro

El valor de las primas de seguros educativos llegará a 180.000 millones de pesos al cierre del 2013.

Rodrigo Uribe, presidente de Global Seguros.

Archivo Portafolio.co

Rodrigo Uribe, presidente de Global Seguros.

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agosto 20 de 2013 - 01:30 a.m.
2013-08-20

Los colombianos no somos muy dados a ahorrar, no planificamos mucho nuestro futuro, y cuando lo hacemos, por lo general, terminamos saliéndonos de lo establecido.

Pero cuando se trata de la educación de los hijos, somos mucho más responsables y comprometidos.

Ese fue uno de los hallazgos del estudio ‘Capacidades Financieras de los Colombianos’, realizado por el Banco de la República y el Banco Mundial, con el apoyo del Fondo Fiduciario de Rusia para la Capacitación y la Educación Financiera, revelado hace unos días.

El estudio, que incluyó la opinión de 1.526 colombianos de distintos niveles económicos y regiones del país, precisa que el 85 por ciento de los consultados “había hecho planes para encargarse de la educación de sus hijos”, por encima de otras necesidades como los imprevistos, la vejez o la jubilación.

Hoy, las alternativas del mercado para asegurar este propósito son variadas. Hay quienes optan por guardar parte de sus ingresos en una cuenta de ahorro, un CDT o un fondo de inversión; pero otros prefieren comprar un inmueble (casa, apartamento, bodega o local) que les genere una renta que luego destinarán a la educación profesional de sus hijos.

Sin embargo, desde hace más de una década, al país llegaron los seguros educativos, que permiten casi que a precios de hoy, asegurar el costo que tendrá la educación universitaria de los hijos en 15 o 20 años.

Lo primero que hay que entender, explica Rodrigo Uribe Bernal, presidente de Global Seguros, es que el seguro educativo es uno solo y no debe confundirse con los de vida que tienen una destinación específica, como el pago de la educación de un beneficiario, pero solo en caso de que se presente un siniestro, es decir, la muerte o incapacidad del tomador de esa póliza.

En los primeros no se requiere esa condición. Otra de las diferencias fundamentales entre uno y otro es el valor de la prima.

En las de vida, la persona puede pagar un costo anual de entre 400.000 y 500.000 pesos para amparar la educación de un hijo que hoy esté cursando quinto de primaria.

En el seguro educativo se habla de un costo de 59,2 millones de pesos para un niño que nace hoy y que entrará a la universidad en el 2032.

Para otro que tenga 11 años, la edad máxima para asegurar, y que vaya a ingresar a la universidad en el 2020, el valor es de 83,7 millones de pesos, recursos que deben ser pagados en una sola cuota para que la compañía los administre.

“No hacemos nada distinto que poner a producir esos recursos, así el papá no tiene que preocuparse por cuánto le costará el semestre de medicina, arquitectura o la carrera que escoja en cualquier universidad, porque es el seguro el que entra a asumir ese valor”, explica Uribe.

En Colombia solo dos compañías -Global Seguros y Mapfre- explotan este mercado que está en etapa de maduración.

Se estima que el valor de las primas de estos seguros alcanzará los 180.000 millones de pesos este año. Global cuentan con 20.000 asegurados, el 75 por ciento del mercado, de los cuales hay 2.100 adelantando estudios en más de 70 universidades del país, mientras que 560 ya se graduaron o hicieron efectiva su póliza. El nivel técnico de las reservas que respaldan el volumen de pólizas colocadas supera los 1,2 billones de pesos.

LA CLAVE, TRABAJAR EN NUEVOS DESARROLLOS

Pensando en las personas de menores ingresos, Global Seguros ha diseñado otros productos, como el que le permite a una familia ir adquiriendo los semestres universitarios de sus hijos hasta que completen los 10 periodos académicos universitarios, aunque se debe aclarar que cada año se realizan ajustes a los costos.

Rodrigo Uribe, presidente de la compañía dice que hoy muchas más familias están adquiriendo estos seguros educativos desde el momento mismo del nacimiento del niño y que la edad promedio alcanza los 3,5 años.

Advirtió que en caso de que el joven no quiera estudiar en la universidad por algún motivo o en el extremo de que este fallezca, los recursos son devueltos con una rentabilidad calculada en el tiempo.

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