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Para combatir la pobreza

Soy nuevo en Colombia. Ustedes saben lo que eso significa, todavía tengo ojos de turista y no soy experto en la historia, cultura, política y el desarrollo económico de Colombia. Pero, durante mis primeros pocos meses aquí he visitado buena parte del país y he sido presentado a muchos líderes empresariales y de la sociedad. Y he aprendido muchísimo sobre Bavaria y la cultura cervecera de Colombia…

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mayo 08 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-08

Lo que todavía me desconcierta es el enorme contraste entre la imagen externa de Colombia y la realidad de la vida aquí. Si uno nunca hubiese visitado el país y no tuviese especial interés en Colombia, quizás lo único que hubiese oído serían historias sobre el pasado violento de Colombia, los grupos guerrilleros y la importancia del país en el tráfico de narcóticos. Y si bien esos hechos no se pueden negar, mi experiencia hasta ahora ha sido profundamente positiva. El aspecto más maravilloso de Colombia es su gente. En ninguna otra parte la bienvenida es tan cálida, personal y genuina. Siempre he pensado que los surafricanos son gente amistosa, pero los colombianos ahora ocupan el primer lugar en mi lista de las personas más acogedoras del mundo. Y la gente aquí sabe cómo divertirse. Me explico, ¿en qué otro lugar los restaurantes se convierten en pistas de baile después de las nueve de la noche los viernes y los sábados? Y no es precisamente para desviar la atención sobre la calidad de la comida que encuentra uno acá. Las frutas son abundantes, los ingredientes son frescos y la cocina es sencillamente maravillosa. También me ha impresionado la calidad de los gerentes en este país. El sistema educativo parece alimentar una abundancia de talento y produce gerentes inteligentes y agudos, actualizados, abiertos a enfrentar retos, dispuestos a buscar la excelencia global, y arduos trabajadores. Quizás Bavaria sea una notoria excepción, porque trabajar con el equipo aquí ha sido una experiencia abrumadoramente positiva, pero he visto otros ejemplos también. Sin embargo, mi principal preocupación es que la pobreza, y su ciclo de refuerzos sociales y sicológicos negativos, está profundamente arraigada aquí. No es necesario moverse muy lejos dentro o fuera de Bogotá para ver subempleo y bajos estándares de vida. Y las estadísticas económicas confirman fácilmente que el alto desempleo y la baja productividad y competitividad internacional son temas fundamentales aquí. Colombia no está sola en su lucha con estos temas. La difícil tarea que tiene el Gobierno para balancear los objetivos fiscales de corto plazo con las metas a más largo plazo de crear una economía más vibrante se agrava aquí por los enormes esfuerzos en materia de seguridad. Colombia es, con toda certeza, un caso especial y no puede esperarse que nuestro Gobierno solucione todos nuestros problemas por sí solo. ¿De manera que, qué se debe hacer? Creo que hay muchos ejemplos alrededor del mundo de economías emergentes que se están desarrollando a pasos -o diría saltos- enormes. China es nombrada a menudo como ejemplo y la India últimamente ha subido en la escala de méritos. Pero yo pienso que los UE-8, los antiguos países soviéticos de Europa del este que ingresaron a la Unión Europea en el 2004 son aún más relevantes. Ellos han logrado obtener ayuda de inversionistas extranjeros -muchísima, de hecho- en su cruzada para mejorar los estándares de vida, a través de agresivas reformas tributarias. En el 2004, la inversión extranjera directa representó un asombroso 38 por ciento del PIB. Y los inversionistas han traído nuevos empleos, habilidades, tecnología y competitividad exportadora. Hoy, sus exportaciones representan otro 30 por ciento del PIB, y son en su mayoría productos de valor agregado, no materias primas. Los UE-8 presentan un marcado contraste frente a sus vecinos de Europa occidental, que pueden haber progresado en balancear sus presupuestos, pero han evitado las reformas y están enfrentando un período prolongado de exiguo desempeño económico. Viendo nuestra enorme carga tributaria en Bavaria (cercana al 50 por ciento de los ingresos netos), la complejidad de nuestros impuestos y el costo de administrarlos, es palpable que Colombia está demasiado cerca en su enfoque al de Europa occidental. Una reforma tributaria es necesaria desde hace mucho tiempo aquí, así como el reconocimiento de que Colombia compite por atraer inversión extranjera, no con Venezuela, Ecuador y Bolivia, sino con China, India y Europa del este. La reducción de los impuestos corporativos al 27 por ciento que se está contemplando sencillamente no sería suficiente -ahí empezaron los UE-8. Ahora están ubicados en el rango del 10 al 20 por ciento y también han reducido la complejidad en los impuestos. Yo creería que el Gobierno debe concentrarse más bien en infraestructura competitiva, estructuras efectivas de mercado y desarrollo de habilidades humanas, para promover un clima de inversión progresiva. Por favor, permitan que los inversionistas extranjeros rompan el ciclo de la pobreza. Presidente de Bavaria " El aspecto más maravilloso de Colombia es su gente. En ninguna otra parte la bienvenida es tan cálida, personal y genuina”.

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