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Para comenzar gobierno

El inicio de un nuevo período de gobierno es ocasión propicia para adelantar una revisión de las políticas aplicadas durante el lapso anterior; esto con el fin de corregir los errores cometidos, ponerle mayor énfasis a los aciertos o darle un viraje al proceso. Evitando a toda costa la nociva práctica de creer que todo lo hecho está mal, es bueno y necesario adelantar la revisión aludida.

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mayo 30 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-30

Partiendo de la base que después de quince años de haberse puesto en marcha la mal llamada apertura, las fuerzas del mercado no consiguieron adaptar al sector rural a las condiciones de competencia, lo cual se convierte en un enorme desafío, pues a largo plazo es inevitable una apertura mayor que exigirá cambios estructurales para enfrentar la competencia externa nacida del tratado bilateral negociado con los Estados Unidos, no hay otro camino que apoyar su reconversión productiva para que los productores puedan tener éxito en las nuevas condiciones del mercado. Porque es un hecho y sobre el particular no se admiten equívocos: la política que se aplique ahora determinará el futuro del sector rural y sus posibilidades para alcanzar un desarrollo equilibrado y con la menor asimetría posible en relación con el sector urbano. La transformación productiva del sector para ponerlo a tono en materia de competitividad tiene plazo fijo; entre 15 y 20 años, dado que en ese lapso las protecciones habrán desaparecido o estarán reducidas a un nivel mínimo -los casos del arroz y del maíz sirven para ilustrar el punto. Pero algo más urgente todavía; los avances que se logren permitirán evitar problemas de hondo calado, como los relacionados con el narcocultivo, con todas sus consecuencias sociales y como fuente de financiación del conflicto armado -de la suerte del agro depende en buena medida la eficacia de la lucha contra el terrorismo- y problemas urbanos, como el de la migración campo-ciudad a un ritmo superior a la capacidad urbana de generación de empleo, con consecuencias también graves en materia de gasto social y fuente permanente de nuevas formas de conflicto social. Estas circunstancias transforman la política rural en pieza clave de la política nacional de desarrollo, con objetivos que trascienden claramente los límites de lo productivo. El meollo del tema va más allá de la oferta de alimentos y materias primas y se convierte en un asunto de bienestar social, no sólo para la población rural, la cual registra los índices más altos de pobreza, sino para el conjunto del país. Como, en general, el sector presenta una baja competitividad frente al mercado externo que se traduce, de igual manera, en una baja eficiencia para atender las necesidades del mercado interno, es condición básica que los dos problemas sean resueltos de manera simultánea y equilibrada, sin sacrificar el aprovisionamiento alimentario para lograr un crecimiento sólo en actividades exportables. El motivo fundamental para esto no es la seguridad alimentaria, que en últimas podría atenderse mediante importaciones, sino proteger las fuentes de empleo del campo, evitando un empobrecimiento mayor y una migración prematura hacia ciudades que no están generando suficiente empleo alternativo. En síntesis, no hay un beneficio social en convertir a productores del campo en consumidores desempleados. Por tanto, la solución es una reconversión amplia del sector rural, promoviendo formas asociativas de producción que permitan aprovechar mejor las oportunidades tecnológicas y superar las restricciones actuales de acceso a tierra y capital. En otros términos, conseguir una reorganización de los productores que les permita competir en las nuevas condiciones de mercado, reducir sus riesgos y permanecer en actividades de producción rural. ¿Y cómo hacer esto? El desarrollo de las regiones es el núcleo básico; la ‘empresarización’ de la actividad agropecuaria y la redistribución de oportunidades para los productores más pequeños que rompa las causas de su tradicional exclusión y marginamiento, son el complemento necesario. Ex ministro de Agricultura "La política que se aplique ahora determinará el futuro del sector rural y sus posibilidades para alcanzar un desarrollo equilibrado”.

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