¿Comida o etanol?

La crisis alimentaria mundial ha puesto nuevamente sobre el tapete el dilema entre comida y biocombustibles. La semana pasada un editorial del diario El Tiempo convocaba a un oportuno debate nacional sobre “los cultivos de consumo humano para producir biocombustibles como el etanol”.

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mayo 07 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-07

Esta aparente contradicción entre la seguridad alimentaria y la bioenergía se visualiza en dos planos claramente interdependientes, internacional y nacional. La dimensión internacional se relaciona con las alzas en los precios de los alimentos y las declaraciones del vocero de las Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación, el suizo Jean Ziegler, quien considera que los biocombustibles son “un crimen contra la humanidad” que amerita una moratoria de cinco años en la producción de biocombustibles. Los biocombustibles, y mucho menos el etanol, pueden ser señalados como los ‘culpables’ o como la única razón del incremento en los precios de los alimentos registrado desde el 2005. Recientes estudios del FMI confirman que el efecto de los biocombustibles (especialmente el etanol producido en Estados Unidos a base de maíz) sobre los alimentos es inferior al 20 por ciento. El área de cultivos dedicada a la producción de biocombustibles a nivel mundial es de 1,9 por ciento del total orientado a la producción de alimentos, con lo cual no se les puede atribuir efectos sobre los precios internacionales que la evidencia descarta. Otros son los factores determinantes reales de la crisis actual que fragmenta la cadena alimentaria global: sostenido aumento de la demanda por alimentos de los países en desarrollo, particularmente de China e India; frágil crecimiento de la oferta agrícola ligado al cambio climático; caída en los inventarios al nivel más bajo de los últimos treinta años; y especulación financiera en las bolsas de físicos de Estados Unidos. Lo demás es una incomprensible distorsión que hace parte de una ‘disputa de mercado’ entre quienes producen bioenergía y los que no lo hacen, tal como revela el coordinador del programa de biocombustibles de la Unctad, Órgano de Naciones Unidas para el Desarrollo Económico. El conflicto entre alimentos y biocombustibles en el plano nacional no se da, menos aún en el caso del etanol derivado de la caña de azúcar, que además de contribuir al medio ambiente, no le ha quitado espacio a la producción de alimentos ni tumbado selva, sino que ha reemplazado mercados de exportación menos rentables. Sin embargo, como dice el canciller brasilero, Celso Amorin, “el etanol es como el colesterol, hay etanol bueno y hay etanol malo”. El etanol de caña, naturalmente bueno, posee el nivel más elevado de eficiencia energética entre todas las materias primas utilizadas a nivel mundial en la producción de etanol, incluso cinco veces superior al etanol de maíz y de remolacha. A futuro, la irrefutable contribución del etanol a la seguridad energética y medioambiental debe contribuir a la seguridad alimentaria, para lo cual su expansión se debería efectuar en tierras dedicadas actualmente a la actividad pecuaria de explotación extensiva.'' El área de cultivos dedicada a la producción de biocombustibles a nivel mundial es de 1,9 por ciento.WILABR

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