Compañía de artículos de oficina que factura US$150 millones anuales en Chile es propiedad de colombiano

Rodrigo Restrepo desde niño se dedicó a vender. Primero ayudó en el almacén de su familia y después vendía chicles, cigarros importados y algunos remedios a bordo de su jeep.

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mayo 26 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-26

Su llegada a Chile fue casi una casualidad. Por un viaje de negocios fue invitado a visitar Buenos Aires para conocer algunas empresas. Le mandaron el pasaje y cuando se dio cuenta de que su avión hacía escala en Chile, decidió bajarse y quedarse en Santiago dos días.

Quedó encantado. Tanto, que la noche antes de volver a Bogotá llamó por teléfono a su señora. Le propuso tomarse un año sabático en Chile y así vivir en un lugar con cuatro estaciones. Ella, medio dormida, le dijo que si encontraba siete cupos para sus hijas en un colegio del Opus Dei, no tenía problema. Consiguió todo lo que le pidió y además arrendó una casa en Vitacura.

Al principio, Rodrigo Restrepo pasaba dos meses en Santiago y uno en Colombia para atender su negocio de distribución de abarrotes.

Cuando estaba casi terminando el año, habló con su señora y decidieron que lo mejor era quedarse en Chile.

Ya llevaba varios años en Chile cuando decidió tener su propio negocio. En 1994 compró la empresa Prisa a un grupo de ejecutivos, socios y asesores del BCI. Inicialmente pagó en un millón de pesos chilenos (2.350 dólares de entonces) y con la empresa ya en sus manos y produciendo, pagó 1 millón durante los siguientes 50 meses. En ese minuto la compañía vendía 50 millones mensuales y tenía apenas 60 empleados.

"Soy un vendedor", asegura Rodrigo Restrepo. Y lo sabe hacer bien: después de 18 años en Chile es dueño de la mayor distribuidora de artículos de oficina que existe en esa nación; mensualmente vende cerca de 12,5 millones de dólares, y en sus bodegas hay de todo: desde clips hasta galletas y desinfectantes.

Desde niño se dedicó a vender. Primero ayudó en el almacén de su familia y después vendía chicles, cigarros importados y algunos remedios a bordo de su jeep. Aunque entró a estudiar a la universidad, nunca terminó. Incluso el rector le recomendó dedicarse a los negocios y no a estudiar. Precisamente ése fue el punto de partida de este emprendedor, que en Colombia es dueño del 80 por ciento de una de las principales distribuidoras de abarrotes: Grupo Tropi.

"En los últimos meses hemos crecido un 20 por ciento mensual respecto al mismo mes de 2008, y en marzo lo hicimos en un 35 por ciento", asegura mientras camina por los pasillos de la compañía en donde hay expuestos 400 cuadros pintados en tela o en madera que ha comprado durante su vida.

Y aunque no tiene planes ambiciosos para este año ni quiere hacer estimaciones de cuánto va a crecer, está en plena construcción de una nueva bodega de 10.000 metros cuadrados, hace pocas semanas compró 20 nuevos camiones y está contratando trabajadores. "Si el negocio me pide que crezca, yo no me puedo negar", asegura.

Con una política de total transparencia, Restrepo siempre tiene la puerta de su oficina abierta, entrevista a todos los que quieran entrar a trabajar a su empresa, saluda a todo aquel que se cruce por su camino e invita a almorzar todos los días a gente distinta.

Cientos de proveedores y clientes han probado su menú -el mismo desde hace ocho años-: tortilla con ensalada de entrada, conejo con papas y arroz de segundo, y fruta con helado de lúcuma de postre.

En los 15 años que lleva en el negocio, Rodrigo Restrepo ha transformado a Prisa en una empresa que tiene 1.400 empleados -200 de ellos colombianos-, más de 40.000 metros cuadrados de bodegas y unos 30.000 clientes.

"Ofrecemos más de 20.000 productos distintos, y si no tengo lo que alguien necesita, lo consigo y lo mando".

Dos veces a punto de cerrar la empresa

Dos veces estuvo a punto de cerrar. La primera porque una empresa de la competencia se llevó, entre otras cosas, a parte de sus trabajadores. El segundo golpe terminó con su gerente general, 40 empleados y el proyecto estrella en el que trabajaba desde hacía meses en manos de otra empresa.

"Quedé destruido. Pero me hicieron un favor, porque como me podaron totalmente, la empresa floreció con más fuerza", cuenta. Se trajo a 30 empleados de su empresa en Colombia, contrató a 50 chilenos y empezó a ofrecer el servicio las 24 horas.
Comenzaron a crecer entre un 20 y un 25 por ciento anual.

Hoy tiene unos 30.000 clientes, entre los que se cuentan el Banco Central, el BCI y Santander, la Presidencia, Codelco, D&S y Cencosud.

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