¿Cómo puede competir México en la economía global?

Esta pregunta, de Adolfo Navarro (Monterrey, México) es respondida por Jack y Suzy Welch*.

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mayo 30 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-30

Usted nos pregunta sobre México, pero si pone en ese lugar virtualmente toda nación en vías de desarrollo, desde Turquía hasta Brasil, nuestra respuesta será la misma. En primer lugar, vamos a señalar lo que seguramente ya sabe: las empresas que intentan hacer pie en mercados extranjeros necesitan una fuerza laboral bien educada, recursos de energía asequibles, y una política comercial que reciba respaldo del Gobierno.

Pero vamos a añadir otro factor que, desde nuestro punto de vista, es de la misma importancia.

Las empresas que compiten con más eficacia en una economía global son aquellas que se benefician de una intensa competencia a nivel local.

Piense de esta manera: ningún saltador de garrocha o patinador enfila hacia las Olimpíadas sin haber tenido previamente experiencia con los mejores y los más brillantes deportistas en su país. Lo mismo ocurre con las compañías que enfilan hacia los "juegos mundiales" de los negocios. En primer lugar, necesitan adiestramiento y acondicionarse, entre ellas.

¿Tiene sentido? Seguro. Pero no ocurre con la frecuencia suficiente. Su propio país es un buen ejemplo. Su economía se 'liberó' en 1994 cuando el Gobierno cesó de permitir que algunas compañías controlaran completos sectores industriales.

Pero han pasado casi 15 años, y varios conglomerados siguen dominando la economía nacional. Y por lo tanto, escasas empresas de capital de riesgo están en condiciones de emerger o de ofrecer lecciones de importancia sobre la velocidad, la innovación y la agilidad.

Hay ciertamente excepciones: Cemex, la productora de cemento, y el Grupo Bimbo, fabricante de alimentos, entre otros, son empresas que tras crecer a nivel local se las arreglan ahora para prosperar en mercados extranjeros. Pero México sigue siendo un país con escasa competencia a nivel local, y eso afecta las empresas mexicanas 'no condicionadas' que intentan ingresar a la esfera global.

En cambio, tanto Japón como Corea del Sur prepararon a sus empresas para ingresar a la economía mundial. En la década del setenta, el Gobierno de Japón alentó a sus zaibatsu a reformarse y a contender a nivel local con mayor agresividad antes de competir en el exterior. Y los resultados se hicieron sentir, especialmente en Estados Unidos. Y qué 'dolor' representó para las industrias electrónicas, automotrices y siderúrgicas.

Una década más tarde, Corea lanzó sus chaebols, con resultados similares, cuando compañías como Daewoo y Samsung ingresaron al mercado global con niveles de eficacia y productividad que rápidamente las convirtieron en formidables competidoras.

Es interesante que China cuente con una economía en buena parte controlada por el Estado. Y sin embargo, sus empresarios han actuado de manera incontenible. Por ejemplo, cuando GE compró una fábrica de lámparas en Shanghai en la década del noventa, Siemens y Philips eran la principal preocupación.

Pero, al cabo de uno o dos años, decenas de nuevas empresas chinas comenzaron a comprar equipos de manufactura de lámparas en Europa oriental. Por lo tanto, no es asombroso que tantas compañías chinas ingresen al mercado global con tanto éxito. Ellas han estado practicando.

Por lo tanto, ¿qué puede hacer México? Si estamos en lo correcto acerca de desarrollar la producción local como requisito indispensable para un éxito global, obviamente el Gobierno necesita alentarla, o al menos, permitir que ocurra.

Es lo que parece suceder en la India en estos días. Su economía comenzó esfuerzos de liberalización en la década del noventa, pero desde el 2000, esos esfuerzos parecen haberse acelerado, y hay un creciente número de compañías que ingresan en sectores antes controlados por algunos conglomerados familiares.

También han ayudado nuevas tecnologías. Con la emergencia de los teléfonos celulares, una compañía joven que tiene un excelente modelo empresarial, Airtel, ha logrado competir de manera feroz con otras bien establecidas, como Tata y Reliance. Y para las tres compañías, las innovaciones generadas por la competencia han agrandado su crecimiento y su rentabilidad, permitiéndoles expandirse en ultramar.

El poder de la competencia local también es relevante en el mundo en desarrollo. En Estados Unidos, empresas establecidas en los sectores de las industrias de los semiconductores y de la biotecnología están constantemente presionadas para hacer más debido al desafío de compañías flamantes. Pero también ocurre en empresas maduras.

Un ejemplo es el canal de noticias comerciales CNBC. Durante algunos años carecía de competencia. Pero luego, Rupert Murdoch anunció que Fox, un duro competidor, estaba lanzando su propio canal de noticias comerciales.

Y de la noche a la mañana, CNBC pareció otro nuevo lugar de trabajo, con presentadores llenos de energía, una programación audaz y un nuevo sitio en la Internet. Y si bien Fox seguirá compitiendo con CNBC, es seguro que ambas organizaciones estarán mejor gracias a la rivalidad.

Es cierto que ninguna persona normal desea la competencia, pues todo se hace más difícil. Pero la competencia tiene una manera indisputable de crear excelencia y brío. En una palabra, primacía. Y nadie desea abandonar su hogar sin contar con eso.

Jack y Suzy Welch son autores del libro 'Winning'. Pueden enviarles preguntas al correo electrónico a Winning@)nytimes.com.

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