El complot

Todo el traumático incidente provocado en torno al programa Agro Ingreso Seguro (AIS) ha venido a demostrar que no se trata de un caso aislado sino de un incidente que forma parte de un complot mayor que tiene como objetivo primordial la destrucción de nuestro sistema democrático.

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enero 07 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-07

¿Qué explicación podemos encontrar para el hecho de que unas -muchas- personas concuerden una acusación basada en falsedades, construidas con plena sangre fría, y ésta sea divulgada simultáneamente por un coro armónico de medios de comunicación, columnistas, comentaristas de la radio y la televisión? ¿Y convierten esa falsedad en un hecho irrebatible y en un escándalo de corrupción de proporciones mayores sin que los agredidos puedan tener derecho equivalente para denunciar la falsedad, explicar el verdadero sentido del programa y mostrar los éxitos con el obtenidos? ¿Cómo debemos entender que los mismos autores de la alharaca, siguiendo la batuta de los complotados, se abstengan de informar sobre la brillantísima y demoledora respuesta del Ministro de Agricultura, en el que los denunciantes quedaron exhibidos como autores de una vergonzosa patraña? ¿Y no sólo eso, sino que tengan la avilantez de afirmar que el Ministro en vez de defenderse se había limitado a atacar al liberalismo y a los denunciantes, cuando eso es absolutamente falso? ¿Por qué lo hacen? ¿A quién obedecen? ¿Qué están buscando? Pasan los días y no disminuye mi indignación ante el atroz montaje transmitido por la W de Caracol, en el que se presenta un testigo anónimo, con voz deformada ¡para defenderlo de las atroces represalias!, al que se le hacen preguntas perversamente redactadas para convertirlas en respuesta y engañar así al desaprensivo radioescucha. “¿Fue usted presionado por el Ministerio para cambiar el concepto técnico?” Y así varias preguntas, en las que ya se dan por evidentes las acusaciones del complot. Y para terminar: ¿Estas graves acusaciones, estaría usted dispuesto a repetirlas ante la autoridad competente?. Tengo ya una edad avanzada y he pasado una buena parte de ella en torno a la prensa y a la política: en toda ella no recuerdo haber encontrado un caso equiparable de mala fe informativa ¿hasta ese nivel de deshonestidad los está llevando la búsqueda el rating?. ¿Hay algo más detrás? ¿Puede así abusarse del desequilibrio informativo cuando al Ministro, después de varias semanas de repetir las falsedades, se le da un precario derecho de respuesta en una sesión del Senado transmitida a las 10 p.m.? Volvamos al tema del complot. El objeto del falso escándalo no es otro que el de debilitar al Estado, en este momento representado por el ministro Fernández y el precandidato Arias, el presidente Uribe, el Partido Conservador y demás componentes de la coalición de Gobierno. Es necesario socavar las bases del establecimiento y el escándalo es arma eficaz. Y se utiliza simultáneamente con otras de igual o mayor envergadura: la conspiración de las Altas Cortes contra la estructura básica del Estado; el ataque sistemático del poder judicial, contra las fuerzas armadas; el coro de “los bolivarianos” de dentro y fuera del país contra el presidente Uribe y lo que lo rodea, pero que en verdad tiene como objetivo el triunfo de esa revolución del fascismo tropical que encabeza nuestro admirado vecino Chávez. Sí, querido lector, el complot está funcionando y en buena parte gracias a la colaboración de esos a los que Lenin catalogaba como “los idiotas útiles” que deben ser utilizados como uno de los elementos de la revolución. No llegó a calificarlos de idiotas, pero prestan a veces con entusiasmo, la colaboración que el complot les asigna. ''Pasan los días y no disminuye mi indigna- ción ante el atroz mon- taje transmitido por la ‘W’ de Caracol, en el que se presenta un testigo anónimo, con voz deformada ¡ para defenderlo de las atroces represalias!.’’WILABR

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