El comportamiento exportador

El comportamiento exportador

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mayo 07 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-07

La evolución de las exportaciones en el largo plazo permite apreciar que cuentan con una base muy pequeña en 1835 para multiplicarse por 3 hacia 1870 y de ahí aumentar otro 60 por ciento hasta 1885, momento en el que se estancan relativamente para que en 1904 estén por debajo de ese nivel.

El oro le presta una base mínima al comercio del país, representando entre una cuarta y una quinta parte del valor exportado hacia fines del siglo XIX. El tabaco obtiene un auge a partir de 1845 y alcanza una participación del 38 por ciento en 1866, para prácticamente desaparecer en la década siguiente; después, mantiene un nivel reducido del 10 por ciento que se debe a las exportaciones de las regiones de Carmen de Bolívar y de Palmira.

La exportación de cueros es un volumen pequeño de cerca del 10 por ciento del total, pero de nuevo le presta alguna estabilidad al comercio del país.

La quina se extraía de las selvas depredándolas y tuvo también un paso fugaz por la economía: alcanzó a ser un 30 por ciento de las exportaciones en 1882 y una década después se había esfumado.

El café, por el contrario alcanza el 20 por ciento del valor exportado en 1880, cultivado en la región de Cúcuta y una década más tarde marcaba el 35 por ciento, donde participaban Santander, Cundinamarca y Tolima, para alcanzar la mitad en 1910 y el 70 por ciento en 1925, una vez que Antioquia y los colonos de sus fronteras hacia el sur occidente se comprometieron a fondo con el cultivo.

El valor de la exportación se fortalece más con el cultivo del banano que alcanza a ser entre 10 y 8 por ciento de su total entre 1905 y 1925.

La gráfica de las exportaciones físicas de café permite apreciar que la enorme expansión del cultivo ocurrió, en su mayor parte, durante el siglo XX: entre 1873 y 1900 pasó de 125.000 sacos de 60 kilos a 500.000, 4 veces el pequeño valor inicial, pero entre 1900 y 1925 alcanzó 3.200.000 de sacos, multiplicándose casi 7 veces.

La diferencia en la velocidad de la expansión se explica por las relaciones de servidumbre de la región central que dificultaban contratar nuevos arrendatarios contra las más igualitarias y libres de la zona de colonización antioqueña que compartían trabajo familiar y trabajo asalariado.

Los campesinos y trabajadores del café del Occidente lograron alcanzar altas productividades en tierras inclinadas de no muy buena calidad, ocupadas por granjas en las que se combinaba el café con el sombrío del plátano y de árboles frutales, enredadas con el fríjol y combinadas con cultivos de pan coger, complementados con la cría de marranos y gallinas.

Las políticas arancelarias reveladas por la contribución de la tarifa en el valor de las importaciones muestran cierta moderación hasta 1870, pues se mantienen por debajo del 30 por ciento; aún bajo gobiernos liberales ascienden, porque está primero la viabilidad fiscal que el apego al credo librecambista.

A pesar de que La Regeneración hizo reformas al arancel y se proclamó proteccionista, logrando con ello el apoyo de los artesanos, lo que se da en la práctica es una erosión del arancel por la creciente inflación.

La verdadera alza del arancel corresponde a la administración Reyes en el siglo XX, cuando alcanza el 50 por ciento del valor de las importaciones.

Pero no se trataba de proteccionismo, sino de la única fuente fiscal con que contaba el Gobierno, que no podía recurrir al consenso de los ricos para que pagaran impuestos directos ni contaba con la anuencia de la sociedad para entregarle parte de sus excedentes o sea que le faltaba legitimidad y fuerza para imponer la tributación sobre un país cuyas instituciones democráticas eran bastante precarias.

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