Concediéndoles todo a los concesionarios

La concesiones se han convertido en una de las fuentes más grande de desangre de los recursos públicos.

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enero 31 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-31

No es noticia nueva, pero es necesario volver sobre el tema: la concesiones se han convertido en una de las fuentes más grande de de- sangre de los recursos públicos. Ante el anuncio de la declaración de caducidad a uno de los contratistas del Distrito, por el 'presunto' mal uso del anticipo en una obra, no debemos olvidar que ese contratante ha sido favorecido de forma graciosa y generosa, durante siete años por el actual Gobierno Nacional.

Desde el 2002, ese grupo de compañías han recibido no sólo contratos de obras públicas y auditorías; concesiones que fueron otorgadas por algunos de los múltiples directivos del Instituto Nacional de Concesiones, que en todas las ocasiones se han visto en medio de escándalos por indelicadezas, malos manejos, tráfico de influencias o robos flagrantes.

Pero también, este Gobierno que prometió luchar contra la corrupción, ante las dificultades financieras de estos concesionarios, les otorgó préstamos con recursos públicos, para que pudieran cumplir sus compromisos. Además del enredo con el Distrito, es conocido que dicha empresa tiene complicaciones en otros frentes, y eso que la generosidad del Ministerio de Transporte para con ellos ha sido casi infinita.

El Espectador, en su edición del viernes 29, resume cómo, para una sola de las concesiones el Gobierno les ha concedido, a los dueños de estas empresas un total de 19 modificaciones al contrato inicial. Sí, leyeron bien, desde julio del 2004, momento en el cual se realizó la primera, hasta diciembre del año anterior, cuando se aceptó la última, han sucedido 19, es decir, un ajuste cada cuatro meses.

Los plazos para el cumplimiento de los compromisos han sido ampliados, el monto de los recursos generosamente incrementados y otras reformas se han realizado para ajustes técnicos. Sin haber leído la totalidad de los documentos, es fácil prever que las condiciones iniciales de la concesión, luego de todos los ajustes, son muy distintas a las iniciales, con las cuales, supongo, otros oferentes se presentaron al concurso inicial y perdieron.

No me quiero imaginar las demandas por falta de garantías en la adjudicación de esta concesión que están preparando, con justa razón, los 'perdedores'. Estamos ante una de dos alternativas, o los responsables del Ministerio de Transporte son unos absolutos inútiles, tanto que no han logrado estructurar bien un contrato de concesión, y eso que han tenido siete años de continuidad, o en el marco de las concesiones se están robando mucha plata

Cualquiera de las dos alternativas merece una revisión a fondo, pues no podemos seguir impasibles ante las pérdidas continuas de recursos. Modificar un contrato de concesión en tantas ocasiones abre la puerta a la corrupción o simplemente es el reconocimiento de los múltiples errores de planificación y gestión en el Ministerio y sus entidades adscritas.

Es tiempo de repensar de forma global el modo como el país planifica, contrata, monitorea y evalúa las concesiones. En lo personal me parecen un buen instrumento, pero la manera como se han venido poniendo en marcha las está convirtiendo en una 'moderna' fuente de corrupción, despilfarro y clientelismo. El país no puede seguir, con la excusa de darles confianza a los inversionistas, concediéndole todo a los concesionarios.

ccaballero@cifrasyconceptos.com

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