Las condiciones políticas del crecimiento económico moderno

Las condiciones políticas del crecimiento económico moderno

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mayo 07 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-07

Es notorio que el pobre comportamiento económico de Colombia en el siglo XIX está asociado con la anarquía política y con las guerras civiles. Por contraste, en el siglo siguiente Colombia dio un vuelco notable en sus instituciones que le permitieron obtener un crecimiento económico sostenido.

Pero aún antes de eso, como se ha visto, se fueron construyendo tortuosamente instituciones políticas y económicas modernas, se removieron muchas de las barreras que habían sido legadas por la dominación colonial, algo que se les debió, en lo fundamental, a los reformistas liberales.

Los radicales liberales, sin embargo, infringieron dos condiciones necesarias para el desarrollo económico de largo plazo: el orden político y un mercado interno, libre de barreras. Fueron entonces las visiones conservadoras las que reimpusieron seguridad y orden a la confederación, aboliéndola para dar lugar a una república unitaria.

El mejor desempeño del siglo XX, a su vez, está marcado por condiciones políticas relativamente estables que le dieron aire al crecimiento económico moderno, entendido como aquel que ocurre en forma continúa en el largo plazo.

La Constitución conservadora se impuso después de la Guerra Civil de 1885 y fue pugnaz contra la oposición política a la que le impidió el acceso al congreso y cuyos líderes fueron a prisión, al destierro y fusilados en algunos casos. La regla electoral bajo la cual actuaron los partidos políticos durante La Regeneración fue la mayoritaria o sea "ganador toma todo", lo cual dentro de un régimen muy centralizado incitaba al perdedor hacia la sedición. (Mazzuca, Robinson, 2007).

Aún regiones con hegemonía liberal, como Santander, eran regidas por gobernadores y alcaldes conservadores, mientras que entre 1886 y 1899 sólo fueron elegidos dos representantes liberales al Congreso. Bajo esas reglas de juego se generaba, por un lado, insurgencia y, por el otro, represión, siendo claro también que el conflicto afectaría muy negativamente el crecimiento económico.
Colombia iniciaba el siglo XX arruinada, con hiperinflación, aislada del mundo y con la cruenta guerra civil que entregó un país sin su más rica provincia de Panamá.

El Istmo era el puente comercial entre el oeste y el este de los Estados Unidos y recibía miles de empresarios y trabajadores de todo el mundo que profesaban los más diversos credos. Panamá era un estado eminentemente liberal y se había resentido, porque el esquema del canal interoceánico financiado por los franceses había fracasado; la construcción del canal se dificultaba además por la endémica inestabilidad política.

Cuando los dirigentes panameños confirmaron con desmayo que los conservadores habían ganado de nuevo otra Guerra Civil, tomaron la decisión de separarse de un gobierno confesional y anticosmopolita y contaron con el apoyo norteamericano para construir su canal.

Meisel ha comparado el desarrollo de Panamá con el de los departamentos colombianos de la Costa Atlántica y su conclusión es que con la decisión el ingreso per cápita de Panamá se elevó muy por encima del de su símil regional de Colombia. Según una columna periodística de Adolfo Misil:

En 1903, la provincia de Panamá no era muy diferente del resto del Caribe colombiano en cuanto a sus niveles de desarrollo económico y, además, era similar en sus estructuras sociales y en su cultura. Sin embargo, 105 años después, de acuerdo con las cifras del Banco Mundial, el ingreso nacional per cápita de Panamá en el 2007 superó al de la Costa Caribe colombiana en 154 por ciento.

Es casi imposible que Panamá tuviera hoy el nivel de desarrollo que tiene si fuera uno más de los departamentos colombianos. Lo más probable es que, al igual que los actuales siete departamentos del Caribe continental colombiano, su ingreso per cápita estuviera por debajo del promedio nacional, y en una cifra sustancial.

Algo debe haber pasado, el que todos los presidentes que ha tenido desde 1903 son panameños, el que en su capital se concentran las principales oficinas públicas y que los beneficios que recibieron del canal no se fueron para otro lado. Todo esto, a pesar de que con mucha razón en 1977 el senador norteamericano Samuel Hayakawa haya reconocido sobre Panamá: "...we stole it fair and square". (Meisel, 2008)
El contrafactual de Meisel puede cuestionarse, en el sentido que el Canal era un activo enorme para su población y que si Colombia hubiera logrado construirlo hubiera convertido a Panamá en una provincia muy rica del país, como ya lo era después de 1853, cuando funcionó el ferrocarril entre ciudad de Panamá y Colón, aunque ciertamente hubiera capturado sólo una parte del excedente generado por el Canal para el gasto público regional.

La Guerra de los Mil Días había aniquilado el 4 por ciento de la población masculina del país, 90.000 hombres, y había paralizado al país por casi 4 años; en ciertas regiones, había destruido mucha de la riqueza agrícola, de semovientes e infra-estructuras que en verdad eran escasas.

Al terminar la guerra, sin embargo, se generó un enorme cambio estructural que transformó un país conflictivo de haciendas y campesinos en otro urbano e industrial. Unas instituciones políticas y legales centralizadas adquirieron nueva vida, se tornaron más tolerantes, y apoyaron el desarrollo capitalista que finalmente despegó para Colombia, después de un siglo prácticamente perdido.

Hubo compromisos de Estado de respetar la oposición política, otorgándole una parte del poder, de no utilizar impuestos confiscatorios y de no abusar de la emisión inflacionaria, que sumadas sentaron las condiciones de paz y confianza necesarias para desatar la acumulación privada de capital en el país.

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