El consumo interno y externo no ayudan al crecimiento de China

En noviembre del año pasado, el gobierno de China anunció la implementación de un estímulo fiscal por 586.000 millones de dólares (4 billones de yuanes) para contrarrestar el efecto de la caída de la demanda mundial sobre el crecimiento de la economía de ese país y de este modo evitar aumentos en la tasa de desempleo. La mayoría del gasto estaba dirigido a inversión en infraestructura, seguido por recortes tributarios para incentivar la actividad empresarial.

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mayo 28 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-28

Este paquete empezó a ejecutarse a finales del cuarto trimestre del 2008 y, los indicadores de actividad adelantada de marzo y abril muestran señales de que el estímulo fiscal puede estar teniendo un impacto positivo sobre la economía. Desde agosto del 2008, la producción industrial en China presenta una fuerte contracción. En marzo y abril el índice se ubicó en 52,4 y 53,5 unidades, niveles cercanos al promedio histórico desde enero del 2005 de 53,19. Este efecto también se hace evidente en el nivel de las importaciones. Abril fue el tercer mes consecutivo en el que éstas presentan un aumento mensual, al registrar un 9,86 por ciento mensual. En marzo habían subido 19,45 por ciento en marzo y 16,97 por ciento en febrero, tras haber caído 28,87 por ciento en enero. Sin embargo, debido a los determinantes del crecimiento económico en China, surge la pregunta de si el impacto del estímulo fiscal sobre el crecimiento económico es sostenible en el mediano plazo. Durante los últimos cinco años, el PIB, así como el de otros países de Asia continental, se ha sustentado en el comercio exterior. La producción industrial ha estado dirigida, en su mayoría, a satisfacer la demanda interna de otras economías, lo que ha generado altos superávits comerciales. Entre tanto, el consumo de los hogares, a pesar del tamaño de la población, ha sido característicamente bajo debido a los altos grados de ahorro. Algunos analistas internacionales coinciden en que este estímulo fiscal no generará un crecimiento económico sostenible en el mediano plazo debido a dos factores. Primero, la alta dependencia de China con el comercio a Estados Unidos y el panorama negativo en torno a la recuperación del consumo interno de este país a niveles observados antes de la crisis. Segundo, el plan no está diseñado para estimular el consumo interno directamente sino para incentivar la producción industrial dirigida al comercio internacional. Sobre la primera consideración, hay que tener en cuenta que las exportaciones de China, en lo corrido del año, han caído en promedio 20,74 por ciento. Estados Unidos es su principal socio comercial (tiene una participación de 18 por ciento de las exportaciones totales) y el consumo privado en ese país cayó 1,23 por ciento anual en el primer trimestre este año, debido a la reducción en el ingreso disponible de los hogares por aumentos en el desempleo y la pérdida en el valor de activos fijos y financieros. Adicionalmente, a pesar de los esfuerzo hechos por el Gobierno estadounidense y la Reserva Federal para restaurar la estabilidad del sistema financiero, la cartera de consumo no muestra señales de reactivación; en abril cayó 0,1 por ciento. Ahora, las cifras de exportaciones de China muestran que los demás países asiáticos, como región, son su principal socio comercial, con una participación de 49 por ciento en el total de las exportaciones. Dado que existe un alto nivel de integración comercial entre China y los demás países de Asia continental se puede pensar que en la medida en que China aumente la demanda de materias primas y bienes intermedios para la producción de otros bienes finales, estos países también aumentarán el consumo de bienes producidos en China. Sin embargo, los principales socios comerciales de China en Asia, como Hong Kong, Japón, Corea del Sur, Vietnam y Thailandia, importan bienes de consumo intermedio para la producción de otros bienes finales que son exportados en su mayoría a Estados Unidos y Europa. Respecto a la segunda consideración, los analistas argumentan que la seguridad social en China no ofrece mecanismos de cobertura en salud y vejez suficientes, motivo por el cual el nivel de ahorro es tan alto. Los trabajadores sacrifican consumo para cubrir gastos futuros en salud y para tener recursos suficientes cuando estén cesantes. No hay duda que uno de los principales retos a los que se enfrenta el gobierno chino dentro del marco de la crisis es generar mecanismos de protección social que incentiven el consumo interno. Sin embargo, las reformas en seguridad social toman varios años en consolidar cambios en el bienestar de las personas. Mientras tanto, la generación de proyectos de infraestructura y los incentivos para la actividad empresarial son bienvenidos, pues generan empleo en el corto plazo. Este empleo, si bien no va a incentivar cambios en la composición del consumo y ahorro de los hogares en China, sí impide que el nivel actual de consumo interno se deteriore. EDISAR

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