Contadora: un paraíso en decadencia

EFE. Actores de cine, potentados y políticos se dieron cita en esta minúscula ínsula atestada de mansiones, símbolo del lujo tropical durante las décadas de 1970 y 1980, que tras aquel esplendor ahora impresiona tanto por su belleza como por su decrepitud.

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abril 10 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-10

El majestuoso Hotel Contadora, que fue el gran símbolo de la isla, se yergue fantasmal, completamente desvalijado por vándalos y saqueadores. Al frente yace, corroído por el óxido, el catamarán ‘Las 7 Perlas’, que antaño transportaba a los turistas y que quedó varado tras una avería. Tampoco hay rastro de famosos o políticos. El único atisbo de aquella Contadora del folleto se avizora sólo cuando a bordo de un cochecito de golf pasa una señora con un perro en brazos recién salido de la peluquería. “Los turistas no vienen a ver casas” de magnates, se lamenta Matile Cuadrado, quien considera que el atractivo de la isla es su enorme belleza natural. Cuadrado, colombiana de 58 años, llegó a Contadora como empleada doméstica de unos hacendados cubanos y logró reunir suficiente dinero como para comprar una tiendecita y una pequeña fonda que ha tenido que dar en alquiler porque ya no le es rentable. Contadora era, en las postrimerías del siglo pasado, el mayor polo turístico de Panamá. Atraía a cientos de miles de visitantes cada año ávidos de sol, playa, tranquilidad y lujo. Su auge y su decadencia ilustran las fisuras de un modelo de explotación que no tenía contemplado reinventarse. Ahora los inversores se fijan en la vecina isla de Saboga para tratar de levantar un nuevo emporio hotelero para el turismo masivo, pero mientras tanto los habitantes de Contadora que llegaron a trabajar para los magnates se preguntan qué va a suceder con la isla. DESFILE DE FAMOSOS En su época de esplendor se podía ver a estrellas como Elizabeth Taylor, John Wayne o Mario Moreno ‘Cantinflas’ bañándose en las bellas playas de la isla, entre las que se cuenta la de las Suecas, la única nudista del litoral pacífico panameño y cuyo nombre proviene de la memorable exhibición de atributos que en su día realizaron unas bellas damas escandinavas. Paralelamente a la llegada de famosos, comenzó un desfile de políticos de primer nivel. Lewis Galindo (el ‘descubridor’ de la isla, ver nota anexa) se convirtió en 1977 en embajador en Washington de la mano del general Ómar Torrijos, llegado al poder en 1969 tras un golpe de Estado, y ambos utilizaron Contadora como cuartel general para la diplomacia. En 1977, la casa de Lewis Galindo conocida como ‘El Búnker’ acogió las negociaciones entre Torrijos y el presidente estadounidense Jimmy Carter para recuperar progresivamente la soberanía de la zona aledaña al Canal de Panamá, que los norteamericanos ejercieron desde 1903, con la construcción del Canal. Muchos presidentes de países vecinos como Alfonso López Michelsen, de Colombia; Carlos Andrés Pérez, de Venezuela; Daniel Oduber, de Costa Rica, u Oswaldo López Orellano, de Honduras, recalaron en la isla como huéspedes de Torrijos y Lewis Galindo. La familia Kennedy también frecuentaba este enclave, devenido una jaula de oro para poderosos y potentados, en el que en 1983 se creó el Grupo de Contadora, una plataforma de presidentes Latinoamericanos que lograron el premio Príncipe de Asturias por impulsar la pacificación de Centroamérica. La mayoría de las personas que llegaban a la isla se hospedaban en el Hotel Contadora, de estilo colonial francés y construido con maderas nobles sobre la playa, que cerró el año pasado. De isla de piratas a refugio de famosos La historia de la Contadora actual comienza con un accidente fortuito, cuando un día de finales de la década de 1960, el acaudalado panameño Gabriel Lewis Galindo se vio forzado a anclar su yate averiado frente a la isla, durante una travesía de pesca por el archipiélago de las Perlas. “El yate ‘Casimiro’ se dañó, y sus ocupantes bajaron a tierra. Les gustó e hicieron sus transacciones con el Gobierno central”, explica el alcalde del municipio de Balboa, que engloba al archipiélago de las Perlas, Jesús Manuel Olivarren, a bordo del bote con el que surca las aguas de su distrito, compuesto por 255 islas. Lewis Galindo quedó prendado de sus playas y sus límpidas aguas que van desde el añil intenso a la transparencia absoluta, pasando por verdes vítreos que revelan un fondo de arenas blancas y finas, moteado de arrecifes coralinos. Todo, a tan sólo 40 millas marinas de la capital, a 15 minutos de vuelo en avión. No lo pensó dos veces. Compró las 110 hectáreas de isla al Gobierno panameño en 1968, construyó una suntuosa mansión para su familia y se propuso la idea de desarrollarla turísticamente. El éxito del proyecto fue arrollador. Al poco tiempo, la pequeña isla, que había pasado desapercibida en los anales de la historia salvo para piratas y bucaneros que hacían escala allí para contar sus robo -de ahí su nombre-, estaba atestada de enormes mansiones de hacendados y famosos, y partida en dos por una pista de aterrizaje perfecta para sus jets. ANDRUI