¿Para qué la continuidad?

La posesión del Presidente del Uruguay es un soplo renovador para la región suramericana. Parecería demasiado maniqueo, pero lo cierto es que se siente agradable saber que en varias de las democracias suramericanas están ejerciendo el poder mandatarios que no representan grupos de poder económico. La verdad es que los gobiernos de empresarios pecan por una contradicción con antagonismo, es difícil que se despojen de su condición y que no confundan los intereses económicos que representan, con los del país en su conjunto.

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marzo 04 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-04

Se tiene en el imaginario colectivo la tendencia a pensar que lo privado es bueno y lo público malo. No es cierto, los monopolios públicos, por ejemplo, no son más ineficientes que los privados, ambos conducen a abusos de la posición dominante del mercado si no existen comisiones reguladoras fuertes e independientes y claras normas de competencia. La muestra es grande sobre las dificultades de esta confusión: el gobierno de Berlusconi en Italia, Bush y sus aliados de las compañías multinacionales petroleras en Estados Unidos y, en Latinoamérica en el pasado, Salinas de Gortari en México, Menem en Argentina y Goni en Bolivia. En Colombia, los ejemplos más dicientes son los representantes de la Empresas Prestadoras de Servicios (EPS) y los terratenientes, contribuyendo a la formulación de políticas en las que los ratones deciden cómo se repartirán el queso. En el otro extremo se encuentran los iluminados y los populistas, que reparten el dinero del Estado a manos llenas como si fuera de ellos, sin ninguna planificación, con el ánimo de mantener popularidades y, en muchos casos, promoviendo prácticas corruptas y enriquecimientos indebidos de sus círculos de poder y personales. Ellos tratan a los pobres como miserables y crean nexos con sus limosnas, como si el empleo digno no fuera la verdadera razón del desarrollo. Las instituciones multilaterales han sido las principales responsables de ese populismo: privaticen todo y ante las dificultades otorguen subsidios a la pobreza y la indigencia. En nuestro país aumentan estos indicadores, y por lo tanto el desempleo y la informalidad, haciendo insostenibles los sistemas de salud y de pensiones en el mediano y largo plazo. Es la ausencia total de una política de desarrollo y no simplemente de crecimiento a corto plazo. En esa situación se encuentran los gobiernos de Venezuela, Colombia, Nicaragua y otros países de Centroamérica, por no mencionar otras regiones y continentes como el África subsahariana, donde no existe sino miseria y unos pocos ricos. En nuestro país, la discusión debería estar centrada en la defensa de lo público, en propuestas para garantizar la sostenibilidad de los sistemas de seguridad social, en la formulación de una política de total empleo, en el control a la corrupción, en la soberanía alimentaria, en la recuperación de los equilibrios entre el campo y la ciudad, en alternativas de desarrollo industrial y de servicios, y en el destino de los ingresos que se obtendrán por la inversión extranjera en recursos no renovables . Una verdadera seguridad en el uso de los escasos recursos del Estado es la verdadera seguridad en democracia. Lo demás son simplemente discursos vacíos de continuidad. La verdad, el país está descuadernado y así ¿para qué la continuidad y los guiños perversos? dgumanam@unal.edu.co *Profesor universitario "Los gobiernos de empresarios pecan por una contradicción con antagonismo, es difícil que se despojen de su condición y que no confundan los intereses económicos que representan, con los del país en su conjunto".ADRVEG

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