Controles al capital y los economistas

El que los controles a los flujos de capital vuelvan a ser admitidos por el FMI –dentro de la batería de instrumentos para ser utilizados por los países en su esfuerzo de mantener su estabilidad económica– puede verse como una consecuencia más de la pasada crisis financiera.

Finanzas
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marzo 24 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-24

En efecto, junto con el generalizado desprestigio de la profesión económica, la crisis ha traído consigo una resurrección de la economía keynesiana. En forma obvia, cuando todos los países de E.U. a China han implementado incrementos en el gasto público con el fin de compensar el impacto recesivo de la crisis; y en forma no menos importante con respecto a los controles a los flujos de capital. Consideremos estas dos consecuencias de la crisis. 1 El desprestigio de la profesión económica: el juicio tradicional de los físicos, de que los economistas son muy buenos para predecir el pasado, se ha extendido a la opinión pública. La pregunta de la Reina Isabel (en visita al London School of Economics en noviembre del 2008) a aquellos reunidos en este templo de la ciencia económica ¿cómo es que no habían visto venir la crisis? es obvia, pero desconoce la compleja realidad que se esconde detrás del término los economistas. La respuesta es que los economistas neoliberales que tienen el poder político se vienen negando por décadas a reconocer el sentido de análisis de otros economistas, keynesianos y neokeynesianos, que muestran las fallas, en general, del mercado como mecanismo suficiente de coordinación económica , y en particular, de los mercados financieros en cumplir las funciones que sus modelos les asignan. Más aún, por siglo y medio economistas han producido análisis mostrando: a) el carácter cíclico de la actividad económica y la ausencia de un mecanismo que coordine oferta y demanda agregadas en forma tal de evitar esas oscilaciones (en ausencia de un manejo keynesiano de la demanda como el universalmente adoptado actualmente); b) a las fases expansivas de estos ciclos contribuyen en forma muy importante las innovaciones, las cuales no sólo son tecnológicas, sino también organizacionales y financieras (como los derivados, algunos de cuya explosión contribuyó a la burbuja reciente); c) las expectativas empresariales, particularmente las de los banqueros, profundizan esas fases expansivas más allá de sus fundamentos en euforias sucedidas por fases en las que su previa imprudencia es reemplazada por el pánico; d) en esta forma el sistema financiero no sólo profundiza los ciclos reales, sino que los genera convirtiéndose así en causa de colapso económico por la vía del colapso crediticio; e) esta proclividad a las manías y los colapsos a causa de la información asimétrica se ha agudizado con las innovaciones financieras que agravan este problema al transmitir el riesgo de sectores informados a sectores desinformados dentro de ese sistema. Que los mercados financieros fallan protuberantemente es demostrado por estos análisis teóricos y costosamente por la nutrida sucesión de crisis que se ha desatado desde los procesos de desregulación financiera (y de la cuenta de capital) de los años 80. La pregunta realmente significativa es ¿cómo es posible que a pesar de la abundancia de teoría y experiencia que señalan a la conveniencia de regular en forma más estricta la actividad financiera, resulte todavía imposible lograrlo? Y la respuesta a ésta tiene un elemento endógeno a la profesión económica, la forma como modelos que glorifican y fetichizan el funcionamiento de los mercados como óptimo y eficiente son privilegiados en la formación del economista. Así como uno exógeno, el cual tiene que ver con poder político y económico, pues la dificultad para implementar cualquier forma de acción colectiva, que obviamente beneficia a la sociedad, es una medida del poder económico, y consiguientemente político, de quienes se oponen a ella (como decía Stiglitz comentando cómo la industria financiera tiene cinco lobistas por cada congresista: la plata manda: money talks). 2 La ardua resurrección de la economía keynesiana. A pesar de que al mismo tiempo que la reaganomics se extendía por el mundo, la respuesta neokeynesiana a la economía neoneoclásica ganaba influencia dentro de la academia (gracias, entre otros, a los recientes Nobel Stiglitz y Krugman), el poder de esta economía se afincó en los organismos multilaterales en la formulación que tomó en el Consenso de Washington de arrolladora influencia en Latinoamérica. Uno de los principios que adquirieron status de sacrosantos fue la liberación de la cuenta de capital, al punto que para 1996 Tobin reconoció que su sugerencia de 1974 (ante el derrumbe de Bretton Woods) de introducir un impuesto a las transacciones internacionales de capital para disminuir su volatilidad había tenido en la profesión el recibimiento de una roca hundiéndose en el agua y en 1998 Dornbusch hablara de Capital Controls: An Idea Whose Time is Past. El comentario del jefe del FMI a los controles implementados en Brasil en noviembre del año pasado en el sentido de que estos no funcionan, el cual fue seguido por un artículo de su staff en febrero en el sentido de que si es un instrumento válido para contrarrestar los costos de un influjo masivo, manifiesta la resistencia de la profesión a ver lo obvio, tal como ha sido expresado en trabajos como: I) el de Reinhart, con Kaminsky sobre el carácter de gemelas de las crisis financieras y cambiarias; con Rogoff mostrando el nexo entre liberación de la cuenta de capital y crisis financieras; y con Magud concluyendo que los controles traen consigo beneficios en términos de independencia en el control monetario, reducción de las presiones revaluacioncitas y sesgo de la estructura de los flujos. Y II) el de Stiglitz (con Ocampo y Spiegel) uniéndose a las numerosas críticas keynesianas a la fundamentación de la prescripción de la liberación completa de la cuenta de capital y destacando los beneficios de los controles a los flujos de capital en términos de facilitar la estabilidad y posibilidades de crecimiento (al reducir la inestabilidad). Estos cambio de opinión de los economistas (así como similares relacionados referentes al manejo de la tasa de cambio) de acuerdo a modas de carácter tan avasallador serían lo de menos si sus fundamentalismos y excomuniones se quedaran entre ellos y no trascendieran costosamente a toda la sociedad. En efecto, la dificultad (conocida por los economistas como trilogía imposible) para conciliar los dos elementos mencionados por Reinhart, independencia en el control monetario y reducción de las presiones revaluacionistas, con la integración al mercado internacional de capitales se traduce en forma muy concreta en los costos que la moda de privilegiar esta última tiene tanto para exportadores como para la lucha contra la pobreza. O sea, la consiguiente incapacidad para mantener niveles remunerativos de la tasa de cambio para los primeros ha resultado dolorosamente familiar a sectores tan importantes en términos de empleo como los confeccionistas, como lo destaqué en columna de septiembre del 2007, en la cual incluía a la revaluación entre los factores que impedirían que el crecimiento colombiano fuera a ser del nivel esperado por distinguidos colegas y destacaba la contribución a ella de una política inspirada en una visión ideologizada del papel del los fondos de capital en el desarrollo. Pero además, tal como Stiglitz, Reinhart y colegas lo señalan, sesgar la estructura de estos desde el corto hacia el largo plazo maximiza los beneficios de ellos en términos de crecimiento y minimiza sus costos en términos de inestabilidad. Con razón decía Keynes en 1942 trabajando en la conformación del FMI, que los controles a los flujos de capital deberían ser un elemento permanente del orden económico internacional. " Junto con el generalizado des- prestigio de la profesión económi- ca, la pasada crisis ha traído consigo una resurrección de la economía keynesiana. " El juicio tradicional de los físicos, de que los economistas son muy buenos para predecir el pasado, se ha extendido a la opinión pública. RICARDO CHICA. Director Centro de Estudios Asiaticos.ANDRUI