Cosecha de hormigas 'Culonas' en Santander hasta los empleados públicos piden permiso para ir a recogerlas

La recolección y venta de las hormigas vivas o cocinadas constituye una vital fuente de proteína e ingresos para campesinos pobres de esta parte del país.

POR:
mayo 24 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-24

Carlos Bayona lanza al viento centenares de hormigas culonas que acaba de atrapar y que le han dejado la piel curtida por el sol y con varios picotazos en sus manos y brazos.

El clima cálido y la cercanía a las brasas dejan sudor en Bayona, mientras el viento separa el muy prominente abdomen que le da el nombre vulgar a la hormiga atta y que luego de pasarlo por una salmuera, brandy, o whisky, se convierte, entre abril y junio, en el más exótico y valioso alimento de esta zona del país.

"Es un manjar", dice Bayona mientras saborea una y otra hormiga que acaba de ahumar y cocinar, y que acompaña con un trago de guarapo, en la muy soleada tarde de Socorro, considerado uno de los mayores productores de hormiga de la región.

El aire se impregna de un olor avinagrado, que poco a poco atrae a decenas de curiosos, deseosos por probar el rico alimento cargado de proteína y que se sirve con arroz blanco y ensalada

Cada año durante la temporada de lluvias y enfundados en botas y sombreros, miles de campesinos y habitantes de Santander recogen las hormigas culonas antes y después de su vuelo nupcial hacia el sol, y que salen de los nidos con bocas a ras de la tierra

Los santandereanos hacen honor a una tradición centenaria heredada de los indios Guanes que habitaron esta parte del bosque seco tropical y que sobrevivió a la colonización.

Todos a cazar 

Empleados municipales piden incluso permiso en sus trabajos para ir a recoger las hormigas en la mañana soleada, después de una noche con una fuerte lluvia, lo que desata el frenesí entre los habitantes de los pueblos.

En San Gil se pueden ver a expertos cazadores de hormigas con básculas vendiéndolas vivas. Las cocidas son colocadas en recipientes de plástico transparente y vidrio en vitrinas de almacenes, a precios que van desde los 15 hasta los 40 dólares por libra.

La tradición de comer insectos en esa región del país ha ido más allá y ya incluye exportaciones para los santandereanos que viven en Norteamérica y Europa. Además, la cultura gastronómica local ha adaptado la hormiga en la preparación de salsas y como acompañamiento de platos tradicionales.

"Este insecto es una maravilla de la naturaleza", dice el hotelero y restaurador Jorge Raúl Díaz, sentado a una de las mesas de su restaurante 'Color de Hormiga' en Barichara, mientras comparte un almuerzo de medallones de carne bañada en salsa de hormiga culona y trocitos del insecto ahumado.

Díaz, de 38 años, ha experimentado con distintas preparaciones de la hormiga para darle realce a la tradición santandereana y acercarla a colombianos de otras zonas del país que a veces miran con asco a quienes las consumen. millones, en promedio, es la población de los hormigueros en Santander.

JAVIER MOZZO PEÑA
SOCORRO (Reuters) 

Siga bajando para encontrar más contenido