Creced y multiplicaos

La soberbia humana se alimenta de creer que la naturaleza está al servicio del hombre; que la vida tiene categorías y la nuestra, por ser racional, es la máxima; que hay un alma inmortal con apellidos desde el instante de la fecundación; que nadie puede disponer de la vida pero al género humano le endosaron disponer de la de las demás especies. Con más o menos poesía, toda religión se afianza en que estamos hechos “a imagen y semejanza” de Dios, eso sí, a condición de que admitamos que los más semejantes son obispos.

POR:
mayo 29 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-29

La verdad empírica y la ciencia comprueban que la racionalidad está presente en muchos conjuntos de seres vivos, así no se les haya oído hablar ni excomulgar. La inteligencia como prueba de racionalidad opera en máquinas que almacenan datos y gobiernan mil procesos complejos. Hay inteligencia en el comportamiento del universo mineral y en las fuentes de energía. Hay especies más fuertes y con mayor capacidad de adaptación, y las hay también mucho más bellas que el Homo sapiens. Pero además: no sabemos si existen seres más inteligentes que nosotros, ni existe acuerdo sobre cuándo se es un ser humano cabal y viable. De eso discuten teólogos, filósofos, genetistas, médicos, biólogos y juristas desde siempre. Cada quien puede escoger su teoría. Cuidamos por lo común de nosotros y de nuestros hijos por instinto, a veces excesivo. En fin, cuanto hacemos por sobrevivir a costa del mundo externo se nos vuelve un búmerang, al punto de que el colapso ecológico será inevitable y más temprano mientras más insistamos en aquellos arraigados mitos. Si la vida humana fuera intangible por mandato divino, ninguna religión admitiría la guerra o la pena de muerte, pero resulta que hasta los “padres de la Iglesia” las aceptan y otros padres y obispos las han ejecutado con increíble diligencia, a nombre de Dios. Si hay pena de muerte ‘justa’ y guerra ‘justa’, puede haber aborto justo. Y no habría razón de que el bautismo redentor sólo se otorgue a los infantes y no a los fetos, si ese fuera el caso. Sin necesidad de apelar a ningún argumento metafísico, muchos respetamos la vida y los derechos ajenos con tanta o más devoción que los que tienen credos. Pero nos importan más los derechos racionales que los credos. Bienvenido pues el aborto practicado por razones de justicia o por genuina compasión humana. Y propongámonos en saga una agenda correlacionada, inaplazable: la educación sexual, la planificación familiar entre las clases más desvalidas, como imperiosa necesidad y deber social a favor de la justicia y la simple dignidad. La procreación en los estratos bajos sigue desbordada y resulta falaz seguir creyendo que ese es un mandato divino y un derecho-condena de los pobres. Tampoco lo es de los ricos. Simple y llanamente proviene de la ignorancia, la irresponsabilidad y los malos sermones. No hay políticas públicas que valgan ni desarrollo posible si no ponemos coto a ese desenfreno. Por contraste, la ciencia prolonga irónicamente la vida más allá de lo debido, al otro extremo del espectro. Millonarios y poderosos van a poder perpetuarse hasta edades nunca soñadas. No deseo vivir esa catástrofe, pero gozaría viendo por una hendija a algunos sátrapas, banqueros y ex divas ultracentenarios, azotando geriatras para que les provean de repuestos biológicos y hormonas, o pagando fortunas por una seducción horripilante. Será un paisaje vengador verlos rodeados del fastidio universal y del asco propio. Consultor privado "La procreación en los estratos bajos sigue desbordada y resulta falaz seguir creyendo que ese es un mandato divino”.

Siga bajando para encontrar más contenido