Crecimiento industrial ajustado por días hábiles

La semana pasada, el Dane divulgó la cifra del crecimiento de la industria para el mes de marzo comparado con igual periodo del año anterior, la cual alcanzó 0,4 por ciento. Aunque modesto, dicho crecimiento fue bienvenido por medios y analistas como augurio de reactivación, ya que desde julio pasado no se reportaba una cifra positiva.

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mayo 27 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-27

Infortunadamente, el crecimiento industrial depende del número de días hábiles que haya en el mes. Si hay más días hábiles, como sucedió en marzo de este año, la cifra tiende a ser mayor; no porque haya habido más producción, sino porque hubo más días de trabajo. El Dane recopila, procesa y reporta el resultado de la encuesta mensual manufacturera, pero es responsabilidad de los medios y analistas interpretarlos correctamente. Si bien es cierto que no hay consenso sobre cómo exactamente corregir las cifras industriales, un simple ajuste por días hábiles, que tome en cuenta los cambios bruscos debidos a Semana Santa y al movimiento de otras fiestas en el año, provee una mejor aproximación al verdadero crecimiento y genera series con menor volatilidad. Por ejemplo, marzo de este año tuvo 8,7 por ciento más días hábiles que marzo de 2008 (25 días contra 23) porque Semana Santa cayó en abril. De manera que, ajustando por días hábiles, el crecimiento fue negativo y no 0,4 por ciento, positivo. Para un cálculo aproximado (porque el exacto se hace al estilo matemáticas financieras) simplemente se resta 8,7 por ciento de 0,4 por ciento y se obtiene el crecimiento de la industria en marzo: -8,3 por ciento, negativo. Nada que celebrar. Con respecto a abril de este año, hubo menos días hábiles que en el mismo del año pasado, 24 contra 26, lo cual equivale a -7,7 por ciento. Siguiendo la regla, a la cifra que reporte el Dane habrá que sumarle 7,7 por ciento (porque menos por menos da más). Por ejemplo, si el Dane reporta -15 por ciento de crecimiento para abril, entonces la cifra ajustada estará cerca de -7.3 por ciento. Ningún mes del calendario tiene un número constante de días hábiles. Por ejemplo, con datos desde 1984 (cuando ya estaba vigente la Ley Emiliani que traslado algunos festivos a los lunes), marzo y abril han variado entre 23 y 26 días, junio entre 22 y 25, julio entre 24 y 27, mayo, agosto y diciembre entre 24 y 26, enero y febrero entre 24 y 25, septiembre y octubre entre 25 y 26, y noviembre entre 23 y 24. En términos porcentuales, los cambios de un mes contra el mismo mes del año anterior pueden alcanzar extremos de -11,5 a 13 por ciento, variaciones enormes considerando que estamos hablando de producción real y no nominal. Igualmente, se encuentra que ningún trimestre tiene un número constante de días hábiles y que estos pueden variar hasta en 7 por ciento en comparación con el mismo trimestre del año anterior. Incluso los años tampoco tienen un número constante de días hábiles, llegando a variar hasta en uno por ciento. La fecha de la Semana Santa introduce las mayores variaciones, no sólo de mes a mes, sino también de trimestre a trimestre, porque suele alternar entre marzo (primer trimestre) y abril (segundo trimestre), aunque ocasionalmente cae en el mismo mes dos años seguidos, como en el 2006 y el 2007 que fue en abril. La fecha de la Resurrección del Señor, que marca el final de la Semana Santa y ocurre entre el 22 de marzo y el 25 de abril, corresponde al siguiente domingo después del primer plenilunio que se presente en o a partir del equinoccio primaveral. Esa luna llena puede presentarse entre la fecha del equinoccio, que para efectos prácticos fue fijada el 21 de marzo, y casi un mes después (lo que tarda el ciclo lunar), luego de lo cual hay que esperar al domingo siguiente. Otra opción de ajuste es por el número de horas hombre trabajadas en el mes, cifra que aparece en la encuesta del Dane. Por ejemplo, para marzo pasado, el número de horas trabajadas aumentó 6,2 por ciento, de manera que el ajuste se haría restando 6,2 de 0,4 para obtener -5,8 por ciento. En cualquier caso, es un resultado negativo. Sin embargo, la variable horas trabajadas es discutible, pues depende tanto del número de días hábiles como de la intención del empresario de incrementar la producción, y perderíamos este último efecto (que es el que queremos medir) al restarla de la producción. Las divergencias de interpretación no son sólo un asunto estadístico, sino que pueden conducir a políticas económicas inapropiadas; por ejemplo, a creer que la economía estaba blindada, como pudo suceder en julio del año pasado cuando la encuesta mensual manufacturera registró un aumento en la producción de 0,9 por ciento mientras la ajustada por días hábiles arrojó una caída de menos 11,6 por ciento. En contraste con la encuesta, la serie ajustada se mantiene en territorio negativo desde abril del año pasado. ÁLVARO MONTENEGRO. Profesor Titular, Universidad Javeriana WILABR

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