Quién lo creyera

Después de enfrentar graves crisis, la última y más profunda durante la década de los años noventa y buena parte de la actual -todo por la sobre-producción-, la caficultura vuelve a ser noticia en el país, ya no por el mal que tanto la aquejó, sino justamente por lo contrario. Ahora Colombia enfrenta el reto de incrementar su producción en, por lo menos, cuatro millones de sacos -sin aumentar el área sembrada-, para atender en forma debida las exigencias del mercado y no quedarse a la zaga de otros productores del mundo.

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noviembre 29 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-29

Porque, según los análisis de los especialistas, si el país mantiene los volúmenes de exportación actuales, el solo crecimiento de las ventas le haría bajar su participación del 9,0 al 7,6 por ciento hacia mediados de la próxima década (2015). A diferencia de lo que ocurría cuando se criticaba la propuesta del respetado patricio cafetero, Leonidas Londoño, nervio vital de la industria durante buena parte de la centuria pasada, consistente en producir 18 a 20 millones de sacos, única forma de mantener la posición de privilegio que le correspondía al país como primer productor de café suave del mundo, hoy la situación se torna propicia para el aumento y, además urgente, porque los cambios ocurridos en el mercado -antes era el obstáculo más importante- son de tal naturaleza que no se le puede dar largas al asunto, pues podemos colocarnos ad portas de la extinción de la actividad insignia de nuestra agricultura. Duro fue el impacto que produjo pasar del segundo al tercer lugar como productor de café del orbe, por el avasallador avance de Vietman; pero, en cierta forma tolerable, porque el exceso de producción seguía martillando sobre la estructura del complejo mundo del ‘bebestible’, como lo llamaba el ‘Cofrade’. Ahora la situación es a otro precio; para no perder participación en los años venideros y recobrar los puntos perdidos en los últimos, el país enfrenta el reto de aumentar las disponibilidades del grano; eso sí, sin incrementar el área sembrada. Este desafío quiere decir que está obligado a actuar sobre los factores de productividad y de mejoramiento de la calidad. Dentro de un marco de referencia que es preciso destacar, la caficultura, para adaptar los sistemas a las exigencias de un mercado globalizado, ha producido una revolución en el manejo del mercadeo. Antes se competía con productos genéricos, en apariencia diferenciados a través de éste y la estrategia consistía en incrementar los volúmenes para avanzar en la curva de aprendizaje y llegar a costos unitarios que no estuvieran al alcance de los competidores de menor tamaño. A su turno, esos menores costos unitarios permitían crecimientos adicionales y se completaba un círculo vicioso. Quien primero lograra la mayor participación del mercado, se quedaba con él. Así se estableció la norma de oro que señalaba la participación de mercado como la variable comercial de mayor significación. Se definió que existía una estrecha correlación entre la rentabilidad de una organización y su participación en el mercado. Ello llevó a validar la idea de ‘comprar participación de mercado’. Con la presencia de los mercados más globalizados, estas teorías fueron revisadas, siendo precisamente esa, la circunstancia que se está experimentado ahora. Gracias a los cafés de calidad y a los cafés especiales, valorados por los consumidores y por las cadenas vendedoras, el consumo a escala universal registra índices de crecimiento notables y atractivos. Los jóvenes en Estados Unidos, antes reacios a consumirlo, lo están tomando. Las estadísticas son claras y bien demostrativas de lo que está aconteciendo: el consumo diario de café de personas entre 18 y 39 años, tuvo un crecimiento notable entre el 2004 y el 2006. Quién lo creyera: lo que ayer fue obstáculo hoy es oportunidad. Ex ministro de Agricultura El consumo diario de café de personas entre 18 y 39 años, tuvo un crecimiento notable entre 2004 y 2006”.

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