La crisis del campo: sí hay mal que dure...

Los problemas del sector son los mismos de hace tres décadas, pero agravados ahora por la sequía.

Colombia importa cerca de 3 millones de toneladas al año de maíz, uno de los productos tradicionales de la agricultura nacional.

Archivo particular

Colombia importa cerca de 3 millones de toneladas al año de maíz, uno de los productos tradicionales de la agricultura nacional.

Finanzas
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agosto 29 de 2014 - 12:24 a.m.
2014-08-29

El sector agropecuario no será portador de buenas noticias en el 2014. Es más, ni los productores, ni los consumidores escaparán del impacto de la sequía generada por el fenómeno de ‘El Niño’, cuyos efectos están de avanzada en varias regiones del país.

La oferta de frutas, verduras, hortalizas, tubérculos, granos, leche y pescado, entre otros productos, comenzará a ceder en los próximos ocho meses, impactando el bolsillo de los compradores y, al mismo tiempo, el de agricultores y los ganaderos, quienes, a pesar de contar con mejores cotizaciones en el mercado, no tendrán producción suficiente para atender la demanda.

Este panorama permite advertir que, esta vez, ni los subsidios salvarían a los productores, pues estos se asignan a la cosecha y no al número de hectáreas sembradas.

Lo curioso de esto es que, al cierre del 2014, el sector agropecuario volverá a mostrar cifras positivas, impulsado por el café. Pero la realidad es otra: la crisis del campo se agudiza y la agricultura colombiana sigue cosechando diagnósticos en medio de una sequía de soluciones.

Recientemente, Planeación Nacional presentó un informe en el que señaló los 10 cuellos de botella del sector. En realidad, son los mismos que se registraban hace tres décadas: 1. Reducción y envejecimiento de la población rural. 2. Baja remuneración laboral y limitada capacidad para generar ingresos. 3. Brecha acentuada de pobreza y bienestar entre la población urbana y rural. 4. Territorio desordenado en términos de la propiedad y uso del suelo. 5. Bajos rendimientos por unidad de producción. 6. Elevados costos de producción. 7. Escasez de bienes y servicios para el desarrollo del sector. 8. Limitaciones en la comercialización y el acceso a mercados. 9. Falta de financiación agropecuaria. 10. Alta exposición al riesgo.

Hay consenso en que esos son los principales problemas de agro. Basta con revisar los discursos de posesión de los presidentes de la República entre 1990 y la fecha, al igual que las opiniones de gremios, analistas, académicos y hasta de los gobiernos de turno. Y no es que en el Ministerio de Agricultura hayan sido nombrados funcionarios sin capacidad para ejercer el cargo.

Por ahí han pasado personajes como José Antonio Ocampo, María del Rosario Sintes, Cecilia López, Carlos Murgas, Juan Camilo Retrepo, Carlos Gustavo Cano, Francisco Estupiñán y Rubén Darío Lizarralde.

Más ensayo que obras Con el interés de saldar la creciente deuda con el campo, los Gobiernos han ensayado de todo: desmonte de la protección arancelaria y apertura a la competencia internacional, liquidación de entidades como Idema, Emcoper, Inderena, Himat, DRI, Inpa, Incora y la Caja Agraria y la creación de otras como Corpoica, Incoder y el Banco Agrario. A ello se suman programas especiales como los de cultivos asociativos, agricultura por contrato, Agro Ingreso Seguro, créditos blandos y subsidios directos a la producción.

Sin embargo, los expertos insisten en que no se han atacado los problemas reales del sector: acceso a la tierra, clarificación de la propiedad, comercialización, infraestructura de riego, vías y almacenamiento, seguros de cosechas y transferencia de tecnología.

Pero en la crisis también tienen responsabilidad los gremios, los cuales han perdido representatividad y legitimidad, como lo señaló en su momento el entonces ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, mientras intentaba desactivar un paro campesino que duró más de un mes y que solo se pudo conjurar aprobando subsidios millonarios para cultivadores de café, papa y cebolla.

¿QUÉ HACER?

La pregunta que muchos se hacen es obvia: si los cuellos de botella del sector están identificados, ¿por qué no se hace nada para solucionarlos?

“El problema es que no hay voluntad política", dice Rafael Mejía, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia.

COORDENADAS DE SANTOS

Ante la pasividad del sector público, los cuellos de botella del agro se vuelven eternos, mien- tras el Gobierno presenta cifras de crecimiento del crédito, área sembrada y producción, dejando a un lado la realidad: la mayo- ría de los cultivos no son rentables ni están en capacidad de competir.

Por ahora, el nuevo mi- nistro de Agricultura, Au- relio Iragorri, tiene las coordenadas: “Nuestros campesinos necesitan servicios públicos, escue- las, acueductos, distritos de riego y buenas vías. Por eso vamos a dedicar al agro el presupuesto más alto de la historia”, dijo en su reciente discur- so de posesión el presidente Santos.

edmtov@portafolio.co