La crisis en E.U.

La crisis en E.U.

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julio 23 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-23

La crisis en la que nos estamos adentrando es la mayor desde la Gran Depresión de los 30 del siglo pasado. Se trata de una crisis perfecta, en el sentido en que todos los elementos negativos confluyeron y se acumularon para hacer estallar la economía norteamericana en sus cimientos.

Las políticas monetarias expansivas con que se evadieron las crisis financieras de 1998, 2001 y 2006 contribuyeron al más espectacular crecimiento del crédito en la historia norteamericana. Al mismo tiempo, el relajamiento de la regulación financiera propició la toma de riesgos excesivos por todos los agentes, haciendo impagable buena parte de la deuda contraída y dejando sin valor billones de dólares representados en títulos derivados de las hipotecas y otros papeles que no contaban con las garantías suficientes.

Es posible que las políticas monetarias y fiscales que están siendo desplegadas por las autoridades de las economías desarrolladas impidan que se profundice o se prolongue tanto como la de 1929, que prácticamente se disipó sólo con los gastos de guerra de los países europeos y de E.U. después de 1939.

Para superar los profundos desequilibrios en que se sumió la economía norteamericana durante las dos últimas décadas, y que condujeron a esta crisis perfecta, será necesario restaurar su ahorro nacional, pasar de una posición negativa en su cuenta corriente con el resto del mundo a una por lo menos neutral y ajustar su déficit fiscal, que se volverá enorme con la política contra la crisis, pero solo una vez superada esta.

Los ejercicios contracíclicos en que están embarcados la Reserva Federal y el Gobierno deben cesar una vez superada la crisis, porque abusar de nuevo del dinero fácil y de déficit fiscales excesivos puede engendrar nuevas burbujas y desequilibrios mundiales.

También deberá la Reserva Federal introducir regulaciones que impidan la toma de riesgos excesivos por parte del sistema financiero tanto en sus préstamos como en los nuevos instrumentos derivativos que pueda desarrollar y que deben ser medidos por agencias que no estén comprometidas con los intereses que califica.

Ciertos mercados de derivativos, sin embargo, deben ser prohibidos en cuanto no se puede medir el riesgo que están tomando los agentes que participan en él. Los bancos deben volver a su oficio de prestar y el Gobierno debe impedir que especulen con los dineros de sus clientes en operaciones de alto riesgo.

Por último, la política monetaria debe buscar la estabilidad de no sólo de los precios al consumidor, sino también de los precios de los activos, pues las burbujas bursátiles, inmobiliarias, de bienes básicos y de bonos terminan siendo las larvas que terminan devastando la economía de E.U. y la del mundo.

Si E.U. recupera su equilibrio externo pasada la crisis, para lo cual también requiere de una devaluación sustancial, el crecimiento de China, de India y de América Latina va a ser menor que en el pasado. Lo mismo se deduce del menor apalancamiento financiero para el consumo de los estadunidenses y para su inversión, ya que su propio crecimiento económico será consecuentemente menor.

Ello sugiere para la periferia políticas más centradas en el desarrollo del mercado interno, aunque no deben perderse las oportunidades que pueda ofrecer la economía internacional y que promovieron un alto crecimiento en el pasado.

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