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Crisis de las ideas

Le Monde Diplomatique se lamentaba recientemente cómo en las revueltas contra el “Contrato de Primer Empleo” que han tenido lugar en Francia el mes pasado, el entusiasmo y la vivacidad de la calle contrastaron, una vez más, con el desesperante silencio de los intelectuales. La sociedad se ha encontrado huérfana de una interpretación pertinente y movilizadora, a riesgo de ignorar sus propios síntomas y precisar los cambios que requiere.

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mayo 29 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-29

Lo mismo podría decirse con relación a la campaña presidencial que acaba de terminar en Colombia. Ha sido una campaña carente de ideas y debates. La negativa del presidente Uribe a aparecer en el mismo escenario con los demás candidatos le restó brillo e interés al proceso. Su propuesta de continuidad, basada en la seguridad democrática, por cuatro años más, no pudo ser adecuadamente combatida por sus contradictores, quienes a su vez no pudieron hacer llegar a los electores sus propuestas de cambio, las cuales se limitaron a acciones coyunturales sin una visión de país en el largo plazo. La campaña giró en torno a las simpatías personales de los aspirantes, más que a la originalidad o la contundencia de sus propuestas. Por encima de todo faltó la presencia de los intelectuales Como lo sostiene Le Monde: “Un intelectual es un hombre o una mujer que aprovecha su fama, adquirida en los campos del arte o de la cultura, para movilizar a la opinión pública en favor de ideas que considera justas. En los Estados modernos, además, su función ha consistido, durante los dos últimos siglos, en dar sentido a los movimientos sociales e iluminar el camino que conduce a más libertad y menos alienación”. “Ha sido pues la confirmación de esta carencia la que nos ha conducido a concebir un dosier sobre la ‘guerra de las ideas’. Hemos intentado responder a las preguntas que muchos se plantean: ¿Hay todavía referentes intelectuales? ¿Cómo influye en su autoridad la explosión mediática? ¿Por qué al odio, típicamente fascista, al intelectual (cf. Goebbels), o a la aversión que por él siente la derecha estadounidense (Halimi, pág. 19) se yuxtapone una suerte de autodestrucción por exceso de exhibición (piénsese en Bernard-Henri Lévy)? Sin olvidar un interrogante central sobre la manera en que hoy en día, en las publicaciones impresas y en la universidad, los intereses privados contratan a su servicio a pensadores prestigiosos para que libren a su favor la batalla de las ideas”. En estas circunstancias el análisis de las elecciones del domingo 28 no se puede reducir a que ellas van a producir una profunda recomposición de la política colombiana, en cuanto significan la terminación del bipartidismo y el surgimiento de dos grandes coaliciones de centro derecha y centro izquierda. Se requiere un análisis más de fondo y con una perspectiva de tiempo a más largo plazo para definir los cambios que exige el proceso de globalización y de reordenamiento mundial y regional, en medio de los desajustes sociales internos, con el fin de develar su profunda significación y proyectarlos en acciones futuras. Ojalá que esta crisis de las ideas, y la falta de pensadores, no nos condenen a un mayor atraso político, cultural, económico y social. Consultor Internacional "Ojalá que esta crisis de las ideas, y la falta de pensadores, no nos condenen a un mayor atraso político, cultural, económico y social”.

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