Crisis sin fin en Líbano

La falta de presidente y los síntomas de división lo tienen sumido en caos y violencia.

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mayo 14 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-14

LÍBANO HA ENTRADO en una de las fases más violentas desde la terminación de la guerra civil en 1990. Según cifras extraoficiales, los muertos ascienden a 72, y los heridos a más de 200.

Aunque el choque entre facciones se viene registrando desde hace 15 meses por desacuerdos sobre la formación del nuevo gobierno, la gota que rebosó la copa llegó cuando el primer ministro Fouad Siniora ordenó que el jefe de seguridad del aeropuerto de Beirut -el general  Wafik Shqaier- fuera despedido, y se desmantelara una cadena de telecomunicaciones. Ambos eran considerados una amenaza para el gobierno por sus vínculos con Hezbolá, uno de los grupos más radicales del país.

Durante años, el aeropuerto ha sido usado por Hezbolá para conseguir armas, dinero y personal provenientes de Irán. Así mismo, la empresa telefónica era usada por el grupo para comunicarse aprovechando que era más difícil de rastrear que los teléfonos celulares. Hezbolá,  o partido de Dios, sostiene que estas dos cosas son vitales para proteger a Líbano. 

Para Hezbolá, el Gobierno está compuesto por oficiales poco populares, títeres de Estados Unidos e Israel, incapaces de controlar incluso la capital del país. Por eso su primer ataque la semana pasada fue en Beirut, donde más de 30 personas murieron en los combates entre bandos de simpatizantes de Hezbolá y del Gobierno. Luego la violencia se traslado a Trípoli, donde se reportaron sonidos de  ametralladoras y lanzagranadas con lo cual miles de personas comenzaron a huir de sus hogares.

Aunque la situación está ahora contenida con el desplazamiento de los militares a las zonas más afectadas y pronunciamientos de las Naciones Unidas, Estados Unidos y la Liga de las Naciones Árabes, la tensión se mantiene.

Hezbolá ha dicho que mantendrá una campaña de desobediencia civil hasta que sus demandas sean atendidas. Particularmente, desea que se le reconozca oficialmente el uso de armas contra Israel y adquirir poder de veto cuando se inicie el nuevo gobierno. Aunque las partes pactaron que el reemplazo de Emile Lahoud será el jefe del Ejército, el general Michel Suleiman, no han podido acordar cómo será la composición y estructura del nuevo gobierno. Líbano está sin presidente desde el 24 de noviembre del año pasado.

Pero lo más grave es que en este territorio el Hezbolá y el Gobierno son solo dos entre más de 18 facciones armadas que existen. Allí hay grupos cristianos radicales, palestinos radicales, Al Qaeda, milicias drusas (del Gobierno), y aún bandas marxistas armadas. No se pueden descartar conflictos entre ellos. Si eso sucede, el Hezbolá podría presentarse como el salvador del país, proclamándose como el único grupo capaz de poner orden y estabilizar a la nación.

Siria, Egipto, Arabia Saudita y Jordania temen que si Beirut cae, pueda interpretarse como un golpe importante de Irán debido a la extensión de su poder, desde que comenzó la guerra contra Irak.

Por el momento Estados Unidos, en voz de su presidente George Bush, ha ofrecido ayuda al Ejército de Líbano y ministros de Relaciones Exteriores de 18 países de la Liga Árabe dijeron que enviarán de inmediato al país un comité para reactivar una iniciativa para resolver pacíficamente la crisis. Siria  e  Irán,  -quienes apoyan al Hezbolá- afirmaron que no intervendrán en lo que consideran un asunto interno, al igual que  Israel. Un panorama, en fin, que deja poco espacio para el optimismo.

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