Crisis y oportunidades

Crisis y oportunidades

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septiembre 17 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-17

Si alguien hubiera dicho hace apenas tres meses que a mediados de septiembre el Gobierno de los Estados Unidos sería el dueño de facto de los dos principales bancos hipotecarios y de la compañía de seguros más grande de ese país, habría sido tildado de lunático. Pero eso es exactamente lo que ha ocurrido en las últimas semanas, en la medida en que los tentáculos de la crisis que comenzó hace algo más de un año, en el mercado de la finca raíz, se siguen extendiendo. Decidido a evitar un derrumbe del sistema financiero, Washington ha comprometido ya 285.000 millones de dólares de fondos públicos en el rescate de Fannie Mae, Freddie Mac y AIG, además de otras sumas importantes en compra de cartera y entrega de otro tipo de garantías. Esa cuantía equivale a casi una vez y media el valor de todo lo que producen los colombianos durante un año y sobrepasa, de lejos, rescates legendarios como los 1.200 millones de dólares que le fueron entregados a Chrysler en 1979, para evitar la quiebra del fabricante de vehículos.

Sin embargo, tales medidas no han evitado la desbandada. Como lo demostraron ayer los mercados de valores, el público sigue sin creer que la situación ha tocado fondo y prefiere poner su dinero en activos más seguros, como el oro o los bonos del tesoro estadounidense. Eso explica tanto la descolgada en Wall Street como en la Bolsa de Valores de Colombia, al igual que el sorpresivo repunte del dólar en todo el planeta. En todos los casos, se trata de escoger las opciones de menor riesgo, así sea necesario sacrificar rentabilidad. Por supuesto el nerviosismo es aprovechado por los especuladores a los que les gusta pescar en río revuelto. Ello explica que la volatilidad sea la constante, ante los rumores malintencionados o la falta de claridad sobre las verdaderas cifras de diferentes entidades.

No obstante, así todos los países paguen los platos rotos, los retos en cada caso son diferentes. En Estados Unidos y Europa el desafío de las autoridades es persistir para convencer al público y a los mismos bancos que están en buena situación, que es posible seguir haciendo negocios en forma normal. Tal como lo dijo un conocedor, el problema del mundo desarrollado es de confianza, no de falta de liquidez. En último término, esa es la razón detrás de la millonaria inyección de recursos en las operaciones mencionadas, que han sido muy grandes y probablemente no sean las únicas. Al demostrar que el Estado está dispuesto a comprometer los fondos que sean necesarios para evitar un pánico general se ha contenido la que podría ser una crisis mucho mayor.

Por su parte, en las economías emergentes hay que saber aguantar la tormenta y prepararse para tiempos un poco más difíciles en el futuro. De tal manera, el consejo es calma y ojo avizor, una recomendación difícil de seguir para algunos. Por ejemplo, es entendible el nerviosismo de quien haya visto cómo las acciones que se negocian en Colombia han bajado 7,6 por ciento en lo corrido de esta semana o que el dólar ha aumentado 12,1 por ciento en lo que va del mes. Pero lo cierto es que tales movimientos contrastan con lo que dice la realidad. En el caso de las empresas nacionales, la gran mayoría tiene balances sólidos como resultado de las buenas épocas recientes. Y en el de la economía, a pesar de que el crecimiento es ahora más lento, sigue muy cercano al promedio histórico del país y puede ser ligeramente superior al de América Latina en el 2008.

De hecho, hay quienes sostienen que detrás de los ceños fruncidos y de las urgencias en Nueva York o Londres hay buenas oportunidades para los negocios. Así, es de suponer que el sector financiero nacional ha empezado a evaluar la posibilidad de adquirir los activos de aquellas entidades extranjeras que tienen que vender sus negocios en el país con el fin de cubrir sus necesidades en otra parte. Incluso, puede haber posibilidades de expansión internacional interesantes, ante el repliegue de grupos que ayer parecían imbatibles pero que, por cuenta de malas decisiones en otras latitudes, ya no lo son.

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