La crisis desde el trópico

En medio de tanta cosa, nos sorprende el alboroto de los europeos, como si esas protestas no tuvieran nada que ver con nosotros. Deberíamos ver la crisis de la deuda de Europa con otros ojos.

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diciembre 02 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-12-02

Quienes crecimos viendo las paredes de nuestras ciudades llenas de grafitis contra el Fondo Monetario Internacional, jamás imaginamos que veríamos protestas similares en países avanzados. Los gobiernos botaratas y las deudas desbordadas parecían ser problemas exclusivos de pueblos poco serios, como los latinoamericanos.

Pero la vida te da sorpresas: ahora le tocó a la ilustre Europa. En estos días hemos visto a los irlandeses marchando contra el ajuste que requiere su país para poder acceder al salvamento del Fondo Monetario y la Unión Europea, a los sindicatos portugueses uniendo fuerzas para protestar contra el ajuste de su gobierno, y a los estudiantes ingleses bailando sobre los carros de la policía para rechazar los aumentos de las matrículas.

Desde el trópico vemos esas escenas con la misma mezcla de indolencia y novelería con que solemos ver lo que pasa en ese mundo ajeno que nos muestra cotidianamente la televisión: qué raro marchan las tropas de Corea del Norte, qué buenos los chismes de WikiLeaks, cuánto va a costar la boda del príncipe Guillermo... Y en medio de tanta cosa, apenas nos sorprende el alboroto de los europeos, como si esas protestas no tuvieran nada que ver con nosotros.

Pues deberíamos ver la crisis de la deuda de Europa con otros ojos, porque lo que pasa allende los mares puede erosionar en nuestro bienestar. En esta economía globalizada, la vida de cualquier colombiano se ve impactada por la creciente inflación en China, por la explosión monetaria de Estados Unidos y, por supuesto, por la crisis de Grecia e Irlanda, que ahora amenaza con extenderse a Portugal y España.

Los riesgos para Colombia saltan a la vista: por un lado, las medidas de austeridad están frenando el crecimiento de Europa, y por ende afectan nuestras exportaciones a la región; por otro lado, algunos de los bancos europeos presentes en nuestro país son acreedores de los gobiernos que están pasando aceite, y sentirían el golpe de un potencial cese de pagos; como si eso fuera poco, la profundización de la crisis europea podría impactar al sistema financiero internacional y restringir la liquidez para países como el nuestro.

Ayer el Banco Central Europeo anunció que seguirá inyectando liquidez y comprando los bonos de los gobiernos en problemas, pero el peligro está vivito y coleando. El descuadre fiscal de España supera el 11 por ciento del PIB, el de Portugal se acerca al 10 por ciento del PIB y el de Irlanda rondará un inverosímil 30 por ciento del PIB por las necesidades de su sistema financiero.

Esas cifras son escandalosas si se comparan con las metas de déficit fiscal que prevé el Tratado de Maastricht, sobre el que se construyó la Unión Europea, que advierte que el desajuste de los gobiernos de los países miembros no podía superar el 3 por ciento del PIB.

¿Cómo se resuelve este problema? Para conjurar la crisis los países europeos deben hacer dos cosas: seguir profundizando el ajuste de sus finanzas públicas y avanzar en la unificación de políticas fiscales.

Lo primero exigirá mucho aguante de la gente y lo segundo no será posible sin la destreza de sus dirigentes. Por eso debemos preocuparnos cada vez que veamos las imágenes de una manifestación o las de un funcionario balbuceando frente a los micrófonos en medio de las fiestas decembrinas.

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