Cuatro millones de alemanes se beneficiarán del 'mínimo'

La medida beneficiará a los asalariados que verán aumentar sus nóminas a partir de enero, según el ministerio alemán de Empleo. La canciller conservadora Angela Merkel no quería esta medida, preocupada por sus supuestos efectos nefastos sobre el empleo.

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diciembre 29 de 2014 - 02:22 p.m.
2015-12-29

“Voy a poder comprar un poco más”: el salario mínimo llega a Alemania y Jessica Arendt, vendedora, ganará ahora un euro más por hora. Pero para Mathias Möbius, panadero, esto significa subir los precios en sus tiendas.

La canciller conservadora Angela Merkel no quería esta medida, preocupada por sus supuestos efectos nefastos sobre el empleo y por la ruptura con una larga tradición social de no injerencia del poder público en las relaciones salariales.

En nombre de la justicia social, y ante el aumento del número de trabajadores con salarios bajos, sus aliados socialdemócratas le han impuesto esta decisión. Finalmente, al término de un proceso laborioso, el salario mínimo llega el primero de enero. La panadería de Berlín que emplea a Jessica, de 23 años, deberá pagarle 8,50 euros por hora. Al igual que ella, 3,7 millones de asalariados verán aumentar sus nóminas a partir de enero, según el ministerio alemán de Empleo.

La medida afecta a más de 300 trabajadores en las 45 panaderías que tiene Möbius en Sajonia. El dueño considera que la medida es buena y dice apreciar que un oficio muy difícil encuentre “el reconocimiento financiero” que merece. “A lo mejor esto beneficiará a la imagen de nuestro sector”, dice.

SUBIDA DE PRECIOS

Pero, para su empresa familiar, esto también significa un aumento del 10% en sus costos que deberá compensar. “Esto casi solo se podrá conseguir con subidas de precio”, afirma Möbius. Y si todo se encarece, desde el trayecto en taxi hasta el corte de pelo, al final la señora Arendt y los demás beneficiarios del salario mínimo quizá no podrán permitirse tantas cosas como pensaban, advierten los economistas.

En todos los sectores, el 26% de los empleadores afectados por el salario mínimo prevén aumentar sus tarifas, el 23% piensa reducir las primas a sus empleados y el 22% cree que suprimirá empleos, según un sondeo del instituto económico Ifo, realizado en noviembre con 6.300 compañías.

Otros se plantean reducir las horas de trabajo y las inversiones. Se espera que el este de Alemania, donde los asalariados nunca lograron alcanzar el nivel de vida del oeste tras la Reunificación, sea la región más afectada por este tipo de reacciones.

¿EMPLEOS EN PELIGRO?

En el resto del país, los círculos económicos también se apresuraron a agitar el fantasma de las supresiones de empleo. “El salario mínimo pone en peligro a decenas de miles de empleos en Baviera, aumenta el costo laboral y pesa tanto sobre las empresas como sobre los contribuyentes al crear más burocracia”, lamenta Bertram Brossardt, de la federación bávara de la industria.

Por su parte, la federación de comercio estima que unos 200.000 empleos podrían desaparecer en Alemania por culpa de la medida. “No creo que se produzcan supresiones masivas de empleos”, declaró, por su parte, la semana pasada el presidente de la Agencia de Empleo, Frank-Jürgen Weise.

En Sajonia, el empresario Möbius no se plantea cerrar ninguna de sus panaderías ni suprimir ningún puesto de trabajo, pero dice que no puede “descartar que eso vaya a ocurrir en el futuro”.

“El personal no cualificado tendrá probablemente aún más dificultades para encontrar trabajo”, vaticina, coincidiendo así con numerosos economistas. Estos se pierden en todo tipo de conjeturas sobre los posibles efectos del nuevo salario mínimo, pero reconocen que sus implicaciones macroeconómicas reales no podrán medirse hasta dentro de varios años.

Mientras, para Yen, de 20 años, que cobra ahora 7 euros por hora, el futuro es Australia. “Voy a seguir ahorrando para ir a pasar un año allá”, se entusiasma este empleado de un puesto de comida en un centro comercial de Berlín.

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