Un cuento chino

Al igual que mucha gente, quedé bastante sorprendido con la noticia según la cual han encontrado varios lugares en los que se hacinaban más de cien ciudadanos chinos. ¿Qué hace en Colombia un grupo numeroso de personas que ni siquiera se podían comunicar con las autoridades que los encontraron? Ciertamente no eran turista, ni asesores técnicos, ni mucho menos empresarios o inversionistas.

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abril 30 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-04-30

Con una altísima probabilidad no eran más que otro caso de una de las manifestaciones más perversas de la globalización: el comercio de seres humanos. Cuando se piensa en la esclavitud no puede uno menos que horrorizarse con las imágenes de barcos negreros que, saliendo de las costas africanas, hacían las fortunas de portugueses, holandeses e ingleses al vender su mercancía en el ‘Nuevo Mundo’. Pues bien, insensibles a todo tipo de noticias, en este Siglo XXI pocas veces tomamos conciencia que el comercio de seres humanos tiene hoy dimensiones aún más espeluznantes que las de esas épocas, y el caso de los chinos en Colombia no es sino una pequeña muestra de lo que viene ocurriendo. En un muy interesante libro (Illicit, 2005. Ed Doubleday) Moisés Naim, editor de la revista Foreign Affairs, hace una revisión amplia de lo que ha sido el crecimiento de los negocios ilícitos en este mundo globalizado y muestra cómo el comercio de personas no es solo algo que ha venido generalizándose, sino que tiene unas dimensiones que lo ubican como el segundo mercado ilegal después de las drogas, en términos de su rentabilidad. Pero, además, se estima que es el de más rápido crecimiento. Naim cuenta cómo se tardaron 400 años en transportar 12 millones de esclavos africanos a América y tan solo los últimos diez años para traficar con 30 millones de personas entre mujeres y niños provenientes del sudeste asiático. De acuerdo con las Naciones Unidas, según indica Naim, solo el negocio de transportar ciudadanos chinos a diferentes destinos (Estados Unidos, Canadá, Europa Occidental etc.) genera negocios por valor que oscilan entre uno y tres billones de dólares por año Personas que buscan sus familias, esclavas sexuales, niños destinados a ser adoptados, personas que ven en la migración la esperanza a la solución de sus males. En fin, toda clase de dramas humanos constituyen la materia prima básica de este macabro negocio que, al igual que ocurre con las drogas, las armas, o las falsificaciones, pone de presente la habilidad empresarial de estos negociantes de miserias. Habilidad que los lleva, entre otros, a identificar las rutas más eficientes para tener éxito en su traficar. Por eso, al igual que ocurre con las drogas, se encuentran estos extraños itinerarios. Ir de China a los Estados Unidos o a Europa haciendo tránsito por Colombia no suena muy lógico pero, con seguridad, esta aparente paradoja después de eliminarles las visas, debe tener toda la racionalidad económica del caso en mentes criminales de quienes no tienen afán distinto del lucro. Naim señala cómo se estima que en un día cualquiera cerca de 30.000 chinos se encuentran ‘en tránsito’ en condiciones similares solo en Bolivia, dice, en cualquier momento pueden encontrarse del orden de 4.000 chinos de paso hacia sus destinos finales. Es lamentable que Colombia entre en esta perversa faceta de la globalización. Ex presidente de Asocaña "Pocas veces tomamos conciencia que el comercio de seres humanos tiene hoy dimensiones aún más espeluznantes”.

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