Cuentos de biocombustibles

La reciente edición de National Geographic se pregunta, ¿Qué tan eficientes son los procesos para obtener etanol de cultivos de maíz y de caña de azúcar? Dice la publicación que la mayor parte del etanol producido en los Estados Unidos proviene de maíz amarillo, cuyo balance energético es precario debido a que por cada unidad de energía que se utiliza en producir combustible, se obtienen 1,3 unidades de etanol. En cuanto a la emisión de gases de efecto invernadero, la contribución del etanol de maíz es 22 por ciento menor con respecto a las emisiones producidas por la gasolina motor, aunque su rendimiento es 30 por ciento inferior al de la gasolina.

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noviembre 15 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-15

El otro actor de la película es etanol de caña, cuyo esquema de producción permite que por cada unidad de insumo se produzcan 8 unidades de etanol, con una reducción del 56 por ciento en emisiones con respecto a la gasolina motor. Además, el etanol de caña tiene un octanaje de 113, lo que permite un mejor comportamiento de los motores y la productividad es más del 50 por ciento por hectárea con respecto al etanol de maíz. Los Estados Unidos han diseñado toda serie de incentivos para motivar el uso de etanol de maíz como una manera de reducir la dependencia energética del petróleo y de los incómodos proveedores, quienes tienen la sartén por el mango en el mercado petrolero actual. Algunos de ellos están localizados a más de 30 días en buque tanque en la siempre convulsionada zona del Medio Oriente, otros en África, el continente no viable, y algunos en Latinoamérica con malas relaciones con el imperio del norte. Por las cifras anteriores, el etanol de maíz no puede ser la solución energética adecuada en un mercado tan grande como el de los Estados Unidos. Por eso el Gran Imperio ha comenzado a mirar al sur del continente, hacia Brasil, la potencia en el negocio del etanol de caña. Sin embargo, a nivel global, la ecuación de balance de tierras entre alimentos y biocombustibles no cierra y tanto el Banco Mundial como la Oecd están enviando señales de preocupación sobre el tema al indicar que, aún si la oferta de tierras fuera suficiente para ambos propósitos, alimentos y energía, la transformación de tierras para la producción de biocombustibles aumentará los precios de los alimentos entre 20 y 50 por ciento en los próximos 10 años. Además, se tiene la preocupación de que los costos ambientales de los biocombustibles por efecto de uso de pesticidas, impactó sobre los suelos y la utilización de tierras de conservación, contrarreste los beneficios de dichos programas. En Colombia, de las 114 millones de hectáreas (mha) de suelos, aproximadamente 40 se utilizan en ganadería, casi 50 mha se clasifican como de conservación y el resto para uso agrícola. Algunos analistas señalan que el uso de tierra para ganadería debe bajar obedeciendo a parámetros de eficiencia sectoriales, lo que permitiría recuperar unos 18 mha para utilizarlos en la producción de alimentos y energía. Sin embargo, información de PORTAFOLIO indica que los créditos para compra de bovinos se han multiplicado por 6 en el período 2001 a 2006, lo cual indica que la ganadería se estaría convirtiendo en el jalonador de reconversión agrícola por las perspectivas internacionales de la carne y la leche y el área dedicada a esta actividad al menos se mantendría en las cifras de hoy. Luego, ¿si la ganadería sigue creciendo, de dónde va a salir la tierra para los biocombustibles sin comprometer áreas de conservación y cuál es el balance de tierras entre combustibles y alimentos? y además, ¿son realmente los biocombustibles la solución al problema energético o son solo una pequeña parte de ella? Consultor privado ¿Son realmente los biocombustibles la solución al problema energético o son solo una pequeña parte de ella?”.

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